Jaime Jaramillo Escobar (Pueblorrico, 25 de mayo de 1932) es un poeta colombiano, también conocido como X-504. Cofundador con Gonzalo Arango y otros escritores del nadaísmo, movimiento de índole contestataria que cambió la percepción de la literatura y el arte colombianos a mediados de los años 60. Su propia obra se caracteriza por la ironía, el sarcasmo, los juegos paródicos del lenguaje popular, la irreverencia y el tono sentencioso con el que satiriza la sociedad y sus instituciones. Entre sus libros se destacan: Los poemas de la ofensa (1968), Sombrero de ahogado (1983), Poemas de tierra caliente (1985)

 

x-504

 

El atardecer

Para Jorge Valencia Jaramillo

El día va muy bien, cuando de pronto,
empieza a atardecer.
Es una hora indefinida que parece
una mañana al revés.
El horizonte retrocede
oculto por la luz que va menguando,
y entonces lentamente
la noche va llegando.
Tu corazón te avisa que se acerca
la hora presentida
en que desaparece poco a poco
la última luz del día.
El reloj se equivoca al dar las seis,
que antes fueron las seis de la mañana,
pobre reloj de doce horas
sin campanario y sin campana.
Las luces que se encienden
para oponer al día noche mágica
no tienen el misterio de las oscuras noches
felices y nostálgicas.
Noches falsificadas que han perdido
el miedo original de lo insondable,
y en ellas se renueva de algún modo
el pavor y el temblor de haber nacido
en este extraño mundo, pese a todo,
pleno de gracia y de sentido.
En esa luz opaca
que en la tarde declina
tus recuerdos acechan en la sombra
que es nueva cada día,
hasta que al fin rendida
en la muerte termina.
El día va muy bien, cuando de pronto
tu corazón te avisa que se acerca,
oculto por la luz que va menguando,
vago presentimiento,
y entonces
lentamente
la noche
va llegando.

 

LA CENA DE LOS MUERTOS

Al acostaros,
no dejéis la leche ni el pan sobre la mesa:
atraen a los muertos.
Rainer María Rilke

Los tiernos muertos vienen a beber en mi vaso,
y silenciosamente rondan en mi aposento,
alargando sus tímidas trompas hacia los panes
que apenas sí se atreven a rozar con los dedos.

Penetran por el hueco de la llave uno a uno,
evitando en la sombra tropezar con las lámparas,
y van mañosamente a ponerse a la mesa
donde les he dejado: leche, pan y una carta.

El pan se desharina en sus dedos temblones
y la flecuda lengua lame el fondo del vaso,
con presurosa angustia disputando las sobras
que el frío soplo del viento sobre el mantel esparce.

Entrada la mañana, al volver a la estancia,
corriendo las cortinas para abrir las ventanas,
cuando la sombra vuela hacia el día como un pájaro,
sobre la mesa encuentro intocada la carta.

 

x 505 poemas ofensa cara

 

EL CUERPO

Qué farsa! J. P. Sartre
He aquí, de esto se habla.
El cuerpo nos goza y lo sufrimos.
Lujo de la Naturaleza, pagamos por él nuestra alma.
Esclavo de los dioses, el hombre es un ser aterrado,
y sólo en el usufructo de su cuerpo deposita su aspiranza.
Su cabeza añadida luce su conversación como un pavo real,
y sentado en un tapete de luna su lengua salta delante de sí como una serpiente encantada.
Orgullo del alma, el cuerpo es regocijo y alimento,
y baila ante los dioses como el árbol frente a la tormenta.
“Rosa”, decimos, y la rosa es un mito del alma, porque la carne del cuerpo no se reconoce sino a sí misma.
El cuerpo, Devorador, todo hecho para devorar,
el alma de este cuerpo no puede ser sino también devoradora.
Somos un surtidor, con nuestros brazos que se agitan y nuestra boca llena de agua.
Tenemos lo que tiene la nube, he aquí esta adivinanza, por eso la tierra nos absorbe.
Rebelión de la materia, el cuerpo se avolcana, se incendia, impone hermosura, y no queremos ser sólo cuerpo.
Pero yo aconsejo: hazte amigo del sepulturero.

 

RUEGO A NZAMÉ
Dame una palabra antigua para ir a Angbala,
con mi atado de ideas sobre la cabeza.
Quiero echarlas a ahogar al agua.
Una palabra que me sirva para volverme negro,
quedarme el día entero debajo de una palma,
y olvidarme de todo a la orilla del agua.
Dame una palabra antigua para volver a Angbala,
la más vieja de todas, la palabra más sabia.
Una que sea tan honda como el pez en el agua.
Quiero volver a Angbala!