Es mi cuerpo. Se erotiza. Huye de la mirada. Se reencuentra con la seda, los herrajes y los encajes. Soy deseo, carne trémula que despierta inquieta al amanecer buscando entre las penumbras una imagen que huye de mi cuerpo.

Los tatuajes marcan el territorio del deseo. Fronteras incrustadas de tinta detienen esta corporalidad que es mía, también es ajena, soy yo en otro cuerpo con el que jugueteo. Esa tinta que me lacera marca el límite de lo jamás tocado, hallazgo crepuscular que rompe el límite entre el yo y lo otro.

Juego con lo masculino, con lo femenino… exploro. Rompo reglas, estereotipos ancestrales que nada tienen que ver con lo que sueño. Soy yo, soy otro; pero lo que exploro es mi cuerpo.

Fotografías y modelo / Manolo Flórez

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