Adriana Varela… ¡Y nada más!

Luego de la gran canción (Afiches) aumentó su confianza y nos felicitó por el mundial que estaba haciendo la selección Colombia. No obstante, también reconoció -en un ataque de argentinidad-, la gran labor de José Néstor Pekerman. La risa se apoderó del teatro, y poco a poco, todos la amábamos más. 

CAMILO PELAEZPor: Camilo Peláez

El telón se conservaba en su estado natural. Dos círculos diáfanos iluminaban la silueta de dos figuras: una al extremo de la otra. Sonaron los compases de un tango arruespe* mientras las sombras dadas por la luz se iban acercando. ¡Se entrelazaron! Y poco a poco, sonido a sonido, iban dando una cátedra de cuatro minutos sobre cómo bailar tango. Los aplausos no se hicieron esperar, silenciando palmo a palmo los pasos que vieron bailar con anterioridad.

Entre susurros y halagos volvieron a su posición inicial: uno al extremo del otro. Los rayos de luz resaltando sus posturas y al mismo tiempo los compases de un milongón dando la apertura del gran baile que venía a continuación. Rápidamente los bailarines se buscaron, ¡y con qué aplomo se encontraron! Sus piernas se cruzaban las unas con las otras. No había margen de error; y los cuerpos derechos indicaron el fin del milongón.

El telón se abrió. Un piano, una guitarra, y en el centro un negro bandoneón. Salía Adriana Varela a saludar a Pereira. Aplausos por aquí, aplausos por allá. El punteo de la guitarra marcó el inicio de Mano a Mano, y con su espectacular voz comenzó: “Rechifla’o en mi tristeza, hoy te evoco y veo que has sido…” -Todo el teatro la seguía-: “en mi pobre vida paria, sólo una buena mujer”. Y fue en ese momento en que ella se sintió como en casa.

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Siguió con Las cuarenta, y a cada estrofa que cantaba se ganaba el amor del público, pero al terminar la canción, no se hizo esperar el grito de una señora que le pedía el tango “Muchacho”. Todos se emocionaron, y al unísono, casi de una forma ininteligible se escuchaban los gritos que pedían “Muñeca brava”, “Pedacito de cielo”, “Con la frente marchita…” Y ella, en un golpe de genialidad comenzó a cantar: “Cruel en el cartel, la propaganda manda cruel…” Y entre los espectadores se hizo un silencio a modo de reverencia mientras ella continuaba: “(…) en el cartel, y en el afiche de un fetiche de papel; se vende la ilusión, se rifa el corazón“.

Luego de la gran canción (Afiches) aumentó su confianza y nos felicitó por el mundial que estaba haciendo la selección Colombia. No obstante, también reconoció -en un ataque de argentinidad-, la gran labor de José Néstor Pekerman. La risa se apoderó del teatro, y poco a poco, todos la amábamos más. 

En el regreso -ya que se había ido a cambiar-, cuando el público pensaba que no podía emocionarse más, dijo esto: “Me gusta cantar las canciones de los músicos que yo crecí escuchando“. Algunas personas se miraron, y las lágrimas rodaron: “Te vi… juntabas margaritas del mantel”. Y acompañando la voz de Adriana: “Ya sé que te traté bastante mal, no sé si eras un ángel o un rubí, o simplemente te vi”. A ella se le veía en el rostro una gran alegría, y a nosotros una gran felicidad por escucharla cantar.

Cantó otra canción de Fito, y al ver el público lleno de tanta emoción, alzó la mirada y agradeció a Joaquín Sabina mientras el piano marcaba con la frente marchita. En ese momento el teatro estalló. Todos la acompañamos -a destiempo y desafinados-, pero con el agradecimiento debido. Ella nos animaba, y seguíamos entonando; ya el final se aproximaba. Terminó la canción, y agradeció nuestro recibimiento. Ya sin aplausos, pero con un silencio respetuoso evocó la canción más conocida del tango, y a modo de deuda nos dijo: “Yo adivino el parpadeo de las aves que a lo lejos van marcando mi retorno“. Unos sollozos se escucharon en gran parte del teatro, y volvíamos a nuestro desafinado acompañamiento: “Volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien”.

Con un gran silencio escuchábamos lo que ella nos decía. Ya se iba, y quedábamos sin Adriana Varela; sólo nos quedaba la esperanza que volver se materialice prontamente. Un concierto que tuvo de todo. Lágrimas, aplausos en exceso, halagos, y una figura tanguera que ya puede entrar en el campo de las leyendas: Adriana Varela… ¡Y nada más!.

*Arruespe: Defectuoso, raro.