Alimentos, paranoia y alzas

Sin echarle toda la culpa a las entidades gubernamentales y al inclemente clima, también hay que preguntarnos donde está nuestra parte, bien sea de la culpa de un posible incremento del precio de los alimentos, como en un consumo responsable al interior de los hogares

Por: Leandro Toro Valencia

Desde hace un mes o mes y medio un tema ha empezado a generar gran controversia a nivel mundial. No se trata de ninguna guerra, ni conflicto político, ni un escándalo de algún rey o la enfermedad de algún mandatario. Es un tema más neurálgico de lo que parece, es un tema que nos incumbe a todos, un tema que puede poner en riesgo nuestra calidad de vida. Se trata del tema de las alzas en los precios de los alimentos, no sólo a nivel local, sino en el panorama internacional.

Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) los precios de los alimentos han subido un 1.4 por ciento respecto a su nivel de agosto, los alimentos más afectado con esta alza son las carnes, cereales y los lácteos. El hecho sin duda crea preocupación sobre los bolsillos de los hogares más desposeídos del mundo que ven cómo alimentos que son necesarios para su supervivencia y para el crecimiento de los más pequeños se les van de la mesa porque su capacidad de adquisición no da para subsanar algunas alzas latentes en algunos países.

A nivel nacional hay una especie de expectativa, que más bien podríamos nombrar una paranoia, creada por los anuncios del ministro de agricultura Juan Camilo Restrepo a una cadena radial donde advierte que debemos de proveernos de alimentos y agua para mitigar los efectos del fenómeno del niño que se extenderán durante los últimos meses del año. Adicional a ello, advierte el ministro, se pueden prever algunos incrementos en los alimentos debido a que no hay carreteras para sacarlos de sus centros de producción hacia los centros de acopio y ventas. En pocas palabras, vemos como muchos factores como la ineficiencia en el ministerio de transporte, la inclemencia del clima, la poca voluntad del gobierno por priorizar temas neurálgicos como la alimentación y hacer todo lo posible por brindar buenos precios a una población, en su mayoría, conformada por gente de bajos y escasos recursos; generan una bola de nieve que pone en riesgo la alimentación de los colombianos.

Sin echarle toda la culpa a las entidades gubernamentales y al inclemente clima, también hay que preguntarnos donde está nuestra parte, bien sea de la culpa de un posible incremento del precio de los alimentos, como en un consumo responsable al interior de los hogares, o sobre el impacto que nuestras acciones tienen sobre el clima y hacen que hoy tengamos estas condiciones inclementes que producen escasez y problemas de abastecimiento. Acciones tan simples como las de comprar a pequeños comerciantes, ahorro desde la cocina evitando desechar grandes cantidades de comida o utilizar menos agua en la preparación de alimentos pueden ser de gran ayuda en momentos donde nuestra integridad física puede estar comprometida por una eventual alza en los precios de los alimentos vitales para nuestra buena calidad de vida.