Es de esta práctica escritural que surge la materia prima de sus versos, los cuales pule como un verdadero orfebre, pues sus escritos son verdaderas filigranas, como varias veces le he dicho cuando me los lee. Eso precisamente es lo que encontramos en el libro que recién ha publicado el Colectivo Babilonia…

 

Por Martín Rodas

A León Darío Gil Ramírez y a mí nos dicen los campesinos de la vereda neirana Pueblo Rico (Caldas) “Los Caminantes”, pues hemos recorrido sus caminos innumerables veces, en el ejercicio de la contemplación y el diálogo. De esos viajes han surgido multitud de ideas y proyectos, algunos materializados y muchos otros guardados en la maleta de la memoria. Y es que mi amigo León Darío, nacido en Caramanta (Antioquia) y criado en Manizales, se nutre también de los senderos que se hacen al andar para oficiar de literato, o más bien escribidor, como él a veces aclara.

Es de esta práctica escritural que surge la materia prima de sus versos, los cuales pule como un verdadero orfebre, pues sus escritos son verdaderas filigranas, como varias veces le he dicho cuando me los lee. Eso precisamente es lo que encontramos en el libro que recién ha publicado el Colectivo Babilonia (editor: Jairo Hernán Uribe Márquez): “Antología de papel (1986-2016)” cuya autoría es de León Darío.

El libro ha sido dividido en seis capítulos: Orígenes/Mujererío/Seres y cosas/Los amores/Contemplaciones/La vida. Esta clasificación no es lineal en absoluto, pues la lectura de los poemas se puede realizar al azar, ya que el único hilo conductor que los hermana es la vida, la cotidianidad y el asombro.

Haré una muy arbitraria selección de algunos de los versos de este libro que considero como clásicos de la literatura “leóndariana”, pues ya hacen parte de publicaciones tan importantes como las revistas Arquitrave, que edita Harold Alvarado Tenorio y El Malpensante, además de antologías nacionales, regionales y locales. “Cucarachas” es uno de los poemas que más me gusta, porque en él se atreve a darle estatus poético a uno de los bichos más despreciado por la sociedad: “Su respeto preclaro por el hombre: le huyen/Su pertinaz manera de buscarlo/Su indeclinable fe por su misión y su suerte/Su reino innombrable de hendijas y oquedades.”

León Darío también se deja llevar por los vericuetos de la existencia, por sus caminos innombrables, por los laberintos inciertos… que lo conducen a explorar el mismo transcurrir silencioso e inadvertido de una parte de nuestro cuerpo que generalmente invisibilizamos y que él dignifica en “Uñas”, porque desde su sensibilidad estas son “Anuncios incansables del remoto origen, remoto e ignorado/Declaración visible de los huesos, reminiscencia de las garras/entre el alma encarnadas y entre el aire.”

De sus andanzas y desandanzas por el mundo, por las calles, por los caminos y por la carrera 23 de Manizales, nos han quedado joyas como las palabras que dedicó a nuestro amigo  “veintitresero” Carlos Villegas “Segundo Quijano”, en el poema “Villegas”, de quien traza magistralmente en pocas palabras el ser y el alma de este gran artista olvidado y despreciado por el statu quo: “Le florecieron  en el cuello trapos de colores/como rosas fraudulentas,/como banderas,/como encendidos zarpazos de Dios;/con el que jugaba a no creerle/y Dios a quitarle por jirones la razón.”

Para cerrar mi arbitraria selección poética del libro Antología de Papel, transcribo unos versos de “Encargos”, poema que también es un homenaje a la madre de León Darío, quien falleció hace pocos días y que fue la inspiradora de estas hermosas palabras iluminadas, sencillas y sin pretensiones: “Todavía quedan, no traiga papas/Dos atados de panela de buen color/Una libra de fríjoles, fíjese que no estén picados/Una caja pequeña de Maizena de vainilla/Un kilo de azúcar de la nueva/Avena Quáker en hojuelas/Café del de siempre”.

Referencia bibliográfica: Gil Ramírez, L. D. (2016). Antología de papel (1986-2016). Manizales: Colectivo Babilonia.