Otra muestra de lo que sucede, es la que se presenta actualmente en Brasil, en donde el recién electo ministro de agricultura en sus declaraciones de posesión del cargo ha manifestado que no le preocupa la deforestación de la selva amazónica y que para él esta debe ser utilizada al servicio del desarrollo y el crecimiento del país.

 

MARTÍN RODAS IZQPor Martín Rodas*

Ya es una realidad, la lucha por la posesión del agua hace parte de la agenda global de la humanidad. Los ríos se han militarizado para evitar que grupos ilegales roben el preciado líquido que utilizan para actividades agropecuarias o de minería. Este hecho es apocalíptico y aterrador, pues considero que después del agua vendrá el problema por la posesión del oxígeno.

En este panorama desolador, la criminalización de quienes se quieren adueñar de este recurso natural es muy visible, ya que los medios de comunicación no escatiman noticias y fotografías que los muestran de manera descarnada y sensacionalista. Pero frente a esta situación de los que están usufructuando de manera indebida el agua, la cual también deploro, está la de aquéllos que desde la institucionalidad realizan maniobras legales aunque no justas (al amparo de la verdad procesal que oculta la verdad real). Me refiero por ejemplo a la venta de Isagén por parte del gobierno nacional a una empresa canadiense, lo cual no dista mucho de lo que hacen los ilegales, porque el agua es un bien público y como tal nos pertenece a todos. Cuando se privatiza de esta manera, se está ejerciendo un acto contra la población, la cual se ve sometida a las reglas del capitalismo que considera el vital líquido como una mercancía.

En este sentido, las acciones tanto legales como ilegales contra la naturaleza tienen en el fondo la misma intención: Usufructuar para el bienestar de unos pocos un bien que es de todos.

Otra muestra de lo que sucede, es la que se presenta actualmente en Brasil, en donde el recién electo ministro de agricultura en sus declaraciones de posesión del cargo ha manifestado que no le preocupa la deforestación de la selva amazónica y que para él esta debe ser utilizada al servicio del desarrollo y el crecimiento del país. Pues resulta que este señor es uno de los terratenientes más poderosos del gigante suramericano y su actitud solo refleja la intención neoliberal de enriquecimiento sin miramientos éticos ni morales, cueste lo que cueste.

En Colombia vemos cómo se están secando los ríos por las maniobras mineras, agrícolas y de políticas estatales que promueven la privatización de nuestros recursos. Nos estamos quedando todos sin agua merced a la ambición de unos pocos. A este paso y paradójicamente, en medio de un paraíso hídrico como es nuestro país, moriremos de sed.

*        Poeta, anacronista, dibujante y pintor; editor de “ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)”.