Ahora, en la víspera de su décimo festival, programado a imagen y semejanza del primero, es decir, una gran dosis de locura, innovación y terquedad, se volcó la ciudad a reconocer su estilo, su gestión y sobre todo sus aciertos.

 

Por Martín Rodas*

Ya es bastante conocida en el sector cultural de Manizales y Colombia, la Fundación Cultural La nave de papel. Iniciativa surgida en las calles y noches manizaleñas que, bajo la guía del poeta y gestor cultural Carlos Mario Uribe Álvarez, ha sorteado no pocas tormentas, saliendo triunfante de ellas y rompiendo con terquedad la indiferencia institucional. No es este el momento para referirme a esas facetas casi milagrosas, sino más bien para hacer un mapa de navegación de este admirable emprendimiento cultural.

Corrían las calendas de un enero frío de 2009, cuando inicié con Carlos Mario unas caminatas nocturnas por nuestra legendaria Carrera 23, digo legendaria no sin orgullo, pues es allí donde se han desarrollado la mayoría de los eventos culturales populares en Manizales. Entibiando la sangre e iluminando las ideas con vino tinto, me dijo un día el poeta que “no entendía por qué en nuestra ciudad no se celebraba el ‘Día mundial de la Poesía’, creado por la Unesco desde 1999, como una fiesta de la palabra que en todo el mundo se celebra con alegría, música, vinos y siempre poesía”. Seguimos aquella noche visitando otros mundos en nuestra enardecida deriva.

Me sorprendió unos días después cuando me solicitó algunos consejos acerca de lo que él pensaba de cómo se debía celebrar tal día de la poesía, y puso a mi consideración un programa donde la ciudad se iluminaba de poesía durante una semana completa, con invitados de todo el país, recitales, lanzamiento de libros, conciertos, exposiciones, performances, rituales, etc. Por un momento creí se había vuelto loco y lo confundí un instante con los delirios de mi querido amigo Cipriano El Escribano. Pero no, todo estaba aterrizado en una propuesta de gestión amplia y mixta, entre la empresa privada y el Estado, además de una gran cantidad de personas que creyeron al instante en esta extraordinaria iniciativa.

Y es así como se fueron desgranando uno a uno los años que de aquella fecha nos separan, y cada marzo la cita ha sido con la poesía, llegando a reunir en Manizales una pléyade de hombres y mujeres en varios idiomas, dejando para la ciudad un legado de nuevos libros, nuevas voces, voces de mujer y polisemias poéticas como ha nombrado las galas literarias en cada encuentro.

Sin olvidar, en cada uno de ellos, realizar un homenaje a poetas como Óscar Jurado, Wadis Echeverri, Angye Gaona, Edgardo Escobar, Dorian Hoyos, Juan Ramírez Dawkins, William Ospina, además de combinar banderas en clave de poesía, como las de México, Perú, España, Francia, Argentina, entre otros.

Ahora, en la víspera de su décimo festival, programado a imagen y semejanza del primero, es decir, una gran dosis de locura, innovación y terquedad, se volcó la ciudad a reconocer su estilo, su gestión y sobre todo sus aciertos. Y es así como le vimos andar de nuevo la 23, con poetas de todo el mundo y con uno entrañable en Colombia como es William Ospina, quien cree en La nave de papel, como lo hacen ahora la Secretaría de Cultura de Caldas, en manos de Lindon Alberto Chavarriaga, donde se ha hecho merecedor al “Estímulo a un proceso continuado en favor de las letras”, con un aval económico emblemático. Pero también el Concejo de Manizales se une a esta cosecha al otorgarles, tanto a La nave de papel como a su capitán, una bella, dignísima y merecida “Nota de Estilo”, propuesta por el presidente de esta corporación, Hernán Alberto Bedoya, dando así respaldo a una gestión que la comunidad cultural de Manizales hace suya, pues es sabido por todos de la actitud participativa y abierta de las iniciativas de este navío lúdico.

Finalizo con una invitación extensa y abierta a todas las entidades públicas y privadas a apoyar, ojalá con desmesura delirante, el Décimo Festival de Poesía en marzo de 2019, que celebrará en la ciudad dos lustros de batalla y gestión, pues, como se lo he dicho al poeta, este festival no es suyo, sino de la ciudad. Los dejo con un fragmento pertinente del Manifiesto Poético que el poeta cada año lee para abrir esta celebración muy reconocida en el orbe cultural del país y del mundo:

Impediremos que la poesía pierda su primer significado sagrado de encuentro, comunicación y comunión, entre todos nosotros, hombres y mujeres de toda edad, color de piel o filiación ideológica o religiosa, y que la palabra viva la escribamos en las hojas de este árbol que ahora sembramos y podamos llamar por su nombre al silencio, al grito, al valor, a la pasión, a la desesperanza, a la rabia, a la verdad, a la duda, a la piel, a la muerte, pero sobre todo, a la vida, a la libertad y al amor.

Brindemos entonces con el poeta y con Manizales cultural… “¡Qué viva la poesía… Viva!”

*  Poeta, anacronista, dibujante y pintor; editor de “ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)”.