MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINABestiario tropical el de este continente, donde un presidente cuida tres huevos y el otro, cual Júpiter, se transforma a su antojo en pájaro o caballo, según le parezca y le convenga.

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Es  costumbre de dictadores, o gobernantes supremos, reconocer las virtudes de la fauna local o universal  y nombrarlos en altos cargos del Estado. No me refiero al Congreso de mi país, ni al de ningún otro. Cuando hablo o me refiero a la fauna, hablo de animales mucho mejor capacitados y que merecen más respeto.

El primer caso conocido en occidente lo protagoniza el famoso y nunca bien ponderado emperador romano Calígula, al nombrar cónsul a su caballo Incitatus, mofándose de ese modo de la dirigencia romana y dando rienda suelta a su locura y delirium tremens imperial. Parece que este caso de nombramientos equinos en altos ministerios inspiró a cierto presidente colombiano para el nombramiento de su ministro de transporte; tesis que está aún por comprobarse, pero entre pasillos de la política relincha con mucha fuerza.

Un segundo caso, que amerita mención por su importancia, es aquella paloma blanca, que sabemos bien que representa el espíritu de un dios cristiano, ejemplo clarísimo y plausible de como una transfiguración puede acoger la forma animal que mejor le parezca; pues esta paloma se le apareció, según el mito judeocristiano, a un grupo de doce hombres y algunas mujeres, personas a las cuales les otorgó dones y talentos de los que antes carecían.

Los aztecas tuvieron un rey dios serpiente; rey porque existió con ese nombre, dios porque su religión le otorgó deidad. Quetzalcóatl es la serpiente emplumada y el dios más poderoso del cielo politeísta Azteca; dios animal, animal hombre, cuya doble virtud lo exalta.

En la novela de Alfredo Iriarte, El jinete de Bucentauro, el personaje principal comandante Sardanápalo Armenteros y Topete, es revestido con poderes sobrenaturales después de que prelados, ministros y toda la nación de Majagual sobrevivieran al huracán que azotó la región y que, según versiones oficiales, el comandante conjuró con rezos sobre su caballo, al que por supuesto nombró almirante general de las fuerzas armadas majagualenses, siguiendo la tradición de su lejano y ancestral primo equino romano.

La literatura ha sido testigo infalible de como los pueblos santifican a su caudillo de turno. Santa Evita, de Eloy Martínez, pone en evidencia los milagros de Eva Duarte de Perón después de muerta, pero sobre todo, de cómo la dictadura quiso exterminar algo más poderoso aun que el cadillo, y es su símbolo, pues este es mucho más peligroso muerto que vivo, dado que se convierte en mártir y, en casos como el de Eva, en Santos populares que mueven masas.

Todo esto para rememorar las declaraciones de Nicolás Maduro, presidente encargado y candidato presidencial en Venezuela, sucesor de Chávez y máximo líder de la revolución boliburguesa, al afirmar que el ya fallecido Chávez se le apareció en forma de pajarito y lo bendijo.

Esto de momento no parece ser importante, es solo una declaración motivada por la emoción, el recuerdo, la demagogia, Maduro sabe que su pueblo votante, sus bases, ignorantes, excluidas, resentidas, le comerán cuento, y verán en este acto algo similar a la paloma trinitaria que ungió un día, hace dos mil años, a un grupo de hombres que siguieron a un carpintero de Galilea, el cual resucitó al tercer día de su muerte.

¿Qué significa entonces, la invocación de una aparición en forma de pajarito chiquitico, en el contexto de la campaña presidencial venezolana?

No es más que la ausencia de un proyecto político serio y significa también la incapacidad de Nicolás Maduro para ser el artífice de la solución a los grandes problemas que hoy padece Venezuela, problemas que dejó Chávez. ¿Qué puede proponer Maduro sino lo mismo? Lo que los venezolanos han padecido estos años de escasez,  carestía, violencia y corrupción, y no lo digo mediado por la prensa colombiana, lo puedo decir con la autoridad que me da tener conocidos en Venezuela, ciudadanos de a pie que viven bajo el socialismo del Siglo XXI. Mi gran amiga, de la cual no diré el nombre, me dijo algo así como cuando un pajarito le dice a uno algo en el oído, algo  que me quedó trinando en la cabeza: “Chávez tuvo la oportunidad de hacer de Venezuela el mejor país, el más próspero y feliz del mundo”.

Ayer, como si de un capítulo de Los viajes de Gulliver se tratara,  un comentarista de carreras de caballos reveló que el comandante presidente Hugo Chávez se le apareció en sueños en forma de caballo, de uno en especial, llamado  Revolución, comandado por un jinete venezolano y ganador de varios Derby en los Estados Unidos, ustedes  ya pueden suponer qué significa esto…

Bestiario tropical el de este continente, donde un presidente cuida tres huevos y el otro, cual Júpiter, se transforma a su antojo en pájaro o caballo, según le parezca y le convenga.

Claro, ¿qué podemos esperar de una sociedad que le reza a una paloma?