La milonga surge como respuesta a la migración que sufre el campesino de las ciudades rioplatenses hacia los puertos, a mediados del siglo XIX.

Otra faceta del maestro de las letras.

CAMILO PELAEZPor: Camilo Peláez.   

Jorge Luis Borges. Adorado por una gran comunidad de lectores y criticado por pocos. Un hito en la literatura. Su vida es, quizá, la de una personaje que jamás se atrevió a ficcionar en sus libros. Un hombre que a gusto personal, es más milonguero que literato.

De él escuchamos en el ámbito literario que era un gran lector; es más, se jactaba más de esta virtud, que de la otra, la que todo el mundo adora: la de escritor. Y voy a creer que sí, que era un gran lector. Y no lo creeré por sus horas de lectura entregadas a Stevenson, Dickens, Shopenhauer; o a Papini, con el cual fue muy ingrato y olvidó que leyó.

Mi creencia va más con su lectura de mundo. Y no del mundo que él plasmaba en sus ficciones, sino de ésa realidad tan afanosa e impaciente. Ésa que a diario vivía en el caótico y encantado Buenos Aires.

Borges ya gozaba de fama y respeto a nivel internacional por sus obras literarias. Pero era bastante polémico frente a un tema que es inevitable de tocar en Argentina: el tango. Fueron muchas las críticas que Borges hacía frente a este género musical. Así mismo, fue muy criticado por lo dicho.

Argentina es un país bastante compulsivo. Y ya decía Piazzolla: “En Argentina podemos cambiar de presidente, de técnico deportivo para la selección; pero jamás podemos cambiar el tango”. Si bien Borges no pretendía cambiar el tango, sus ideas no estaban muy de acuerdo con las de todo el mundo. Para él el tango se había vuelto llorón. Se había olvidado de su origen. Se había olvidado de ser tango…

¿Y cuál es el origen del tango? ¿Qué es? El origen de éste está en la milonga. La milonga surge como respuesta a la migración que sufre el campesino de las ciudades rioplatenses hacia los puertos, a mediados del siglo XIX. En ésta hay una nostalgia y un dolor por abandonar algo que es muy de ellos: la pampa. Y es por esto que se dice que la milonga es del campo. No pertenece a la ciudad.

 No obstante, las personas que trabajaban en el puerto se reunían en los bares para desahogar sus penas. Y conforme la Ginebra iba rodando, también la guitarra. Pero la mezcla del licor, y la pena de estar lejos de su querida pampa, acrecentaba los humores y se formaban las broncas.

Así, con el pasar de los años se fue gestando algo muy diferente. Algo que, con el ritmo vertiginoso de vida que una ciudad acarrea, le llamaríamos tango. Y con él, dos personajes: el malevo y el compadrito. Personas que, de la misma manera que llegaban al bar, bebían  Ginebra; se malentonaban con la gente, y blandían el puñal -que naturalmente reposaba bajo la manga del gabán-.

Para la época que el tango se daba -como movimiento social y género musical-, Borges contaba con aproximadamente diez años de edad. Por lo tanto, lo cobijó la tradición milonguera y el nacimiento del tango. Ésto lo llevaría él en su vida y en su lectura de música.

Detestaba La cumparsita, un tango -que si no es el más conocido de todos, entra en esa lista-, justificaba que a un hombre de la edad suya, no le podía gustar Gardel; y harto de que pensaran que él sólo criticaba, se reúne con dos grandes del tango: Ástor Piazzolla y Edmundo Rivero.

De esta reunión quedaría un Lp titulado “Borges-Piazzolla”. Pero Piazzolla no tocaría el bandoneón. Ástor dirigía los instrumentos y creaba la música en compás de milonga que haría compañía a las composiciones de Borges. No obstante, son milongas poco comunes. En éstas se unen dos elementos que haría que la gente entendiera la visión musical que Jorge tenía. En ellas estaba el compás y la pena milonguera, pero también la bronca y los puñales que se blandían de los malevos y compadres. Y junto a estos elementos, está el concepto de muerte y olvido que era tan Borgeano.

Son -a fin de cuentas-, milongas literarias. Composiciones que nacieron con la época y con Borges. Llenas de las aventuras de Disckenson y del pesimismo de Shopenhauer. Pero rodeadas de las trenzas y almacenes, de las barriadas bonaerenses y de algo importante: el ingenio y el alma porteña de un Jorge Luis Borges Acevedo, que destacaría más por sus ficciones, que por su contacto con la milonga y el tango.