Con ellos, los nuevos vecinos. Los elocuentes y los silenciosos, quiero celebrar hoy los seis años de permanencia de este diálogo y renovar de paso la intención de seguir dando la lata desde este rincón del mundo tan bello, tan terrible y tan impagable a la vez.
GUSTAVO COLORADO IZQPor: Gustavo Colorado

“Ojalá sean buenos vecinos”, decía mi mamá Amelia cuando una nueva familia llegaba a vivir al lado de nuestra casa.

En realidad, mi vieja pedía poca cosa: que no fueran ruidosos, ni chismosos, ni entrometidos, ni pendencieros. Y, sobre todo, que aceptaran sus espontáneas muestras de solidaridad: un chocolate caliente y una conversación al final de la tarde. Una infusión de hierbas aromáticas para el niño o el abuelo enfermo. Esos detalles sobre los que se edifica la convivencia.

Siempre mantenemos una relación contradictoria con el vecino: abominamos sus intromisiones, pero cuando parten de viaje o se marchan para siempre, añoramos los pequeños signos de sus rutinas diarias: los aromas de la cocina, las músicas que aman, los ruidos sordos en la alta noche, las discusiones tribales, los rumores en el baño y los infrecuentes jadeos del sexo domesticado.

El advenimiento de Internet trajo, entre otras cosas, una revaluación del concepto de vecino, tan empobrecido por el egoísmo feroz propio del capitalismo tardío: no queremos saber ni el nombre del que vive en la casa contigua. Por eso caminamos con la mirada fija en el piso del pasillo o en los adoquines de la calle: cuanto menos sepamos del prójimo- del próximo- mucho mejor.

Pero en la red digital la mirada del vecino ha vuelto a cobrar vigencia, por lo menos en un sentido: todos somos mirones de todos y nos sentimos con patente de corso para incursionar en las intimidades de los otros y para opinar sobre asuntos que ignoramos en su totalidad.

Sin embargo, como sucede en el barrio, al universo virtual acuden vecinos de todas las categorías. Está el vecino discreto y servicial, siempre atento a echar una mano en el infortunio y cunde el vecino atrabiliario capaz de irrumpir en el momento justo en que se necesita más silencio. Existe el vecino interesado en el bienestar de todos y el imperialista dispuesto a entrar a saco en el solar ajeno con tal de satisfacer sus intereses.

Desde que decidí poner en marcha este blog, hace ya seis años, he cultivado una centena de vecinos lo que, para un tipo ensimismado, resulta un buen saldo. La mayoría de ellos han sido una compañía silenciosa pero interesada. Algunos son tan discretos que prefieren el comentario, la réplica o el cuestionamiento a través del correo electrónico. Otros, simplemente siguen ahí, lo que habla muy bien de su paciencia.

Entre todos ellos tengo un sexteto que se ha echado sobre los hombros la tarea de animar la reflexión. Está don Lalo, un buenazo argentino –aunque, no sé por qué, aliento la sospecha de que es uruguayo– quien se encarga de recordarme en su blog de BBC Mundo que en estos tiempos de trivialidad y vértigo, el deporte, con su carga de glorias y desastres , acaso sea la más certera metáfora de la vida.

Desde Bolivia me llegan, puntuales, los dardos que José Crespo lanza en su Perro Rojo contra el régimen de Evo Morales y sus secuaces. De vez en cuando, ameniza la conversación con exquisiteces gastronómicas propias del altiplano.

En la Ciudad de México, El Eskimal recorre en una y otra dirección las calles de esa urbe abrumadora. Un mes sí y otro no, retorna para celebrar el oficio de vivir –y de caminar– con un par de frases que reafirman su condición de solitario sin remedio.

Aquí en la aldea, Camilo de los Milagros   riega con siempre revitalizadas dosis de   inteligencia e ironía las semillas que trato de plantar cada   semana, los jueves, preferiblemente.

Y aquí nada más, a la vuelta de mi casa, mi hermano Matador no dice nada, pero se encarga de echar a volar mi desazón a los cuatro vientos, a través de su creciente audiencia de vecinos en el universo digital. A su vez, Abelardo Gómez hace lo propio en Traslacoladelarata.

Con ellos, los nuevos vecinos. Los elocuentes y los silenciosos, quiero celebrar hoy los seis años de permanencia de este diálogo y renovar de paso la intención de seguir dando la lata desde este rincón del mundo tan bello, tan terrible y tan impagable a la vez.

PDT: les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada:
https://www.youtube.com/watch?v=grQU6Yj1v_c