En esto, su madre decide irse al baño y me pide amablemente que cuide a Cata. Una vez solos, le pregunté cómo lograba leer tan rápido. “Porque sólo leo los números”, respondió.

 

Por: Camilo Villegas

En el avión, justo a mi lado, iba una madre con su hija, de unos 8 o 9 años. La chiquilla sacó de su morral un ejemplar de “Crónica de una muerte anunciada” y empezó a pasar sus páginas.

Era evidente que no leía, porque pasaba las hojas demasiado rápido; a pesar de ello, sus gestos eran de concentración y atención, con frecuencia se notaba en su boca la suave tensión del que lee.

Yo, en cambio, intentaba concentrarme sin éxito en una novela de suspenso que había comprado en la librería del aeropuerto. Al rato, la pequeña había acabado con Gabriel García Márquez y sacó “Romeo y Julieta” del gran William Shakespeare. Conozco ese libro como la ciudad de Pereira y me pareció que la mirada de Catalina, se alegraba cuando tenía que alegrarse y se emocionaba cuando tenía que emocionarse, era todo un misterio.

En esto, su madre decide irse al baño y me pide amablemente que cuide a Cata. Una vez solos, le pregunté cómo lograba leer tan rápido. “Porque sólo leo los números”, respondió. “¿Qué números?”, le pregunté.” Estos, los que vienen en la parte inferior de las páginas”. No quise seguir averiguando porque su rostro se veía confundido y me daba miedo.

Abrí de nuevo mi novela y al observar la numeración de sus páginas, en las que nunca reparo, me pareció que entre los números y el contenido había una relación secreta que sólo un tonto o un superdotado podían resolver.

Fui pasando las páginas muy lentamente, leyendo: “1, 2, 3, 4…”; al llegar a la 26, no sé por qué, la novela me enganchó y quedé enredado en su trama, aunque aún no sé de qué se trataba; los números parecían haberse impregnado en el corazón del libro y eran la sustancia del texto, de modo que su solo recitado se transformaba en la lectura de una novela muy corta.

La terminé en el momento en que Cata acababa con “Romeo y Julieta” y las intercambiamos. Terminé en el vuelo todas las novelas que pensaba leer en casa de mi hermana.