Colombia no es una sociedad que aprecie, respete y protege la mujer, por el contrario, sus altos índices de maltrato y homicidio se representan en casos lamentables como el de la niña Yuliana Samboní…
El pasado miércoles las mujeres conmemoramos el día internacional de la mujer; algunas “celebran” las rosas, los poemas, las dedicatorias, las comidas y todas aquellas ideas amables de muchos hombres para recordar nuestra “importancia” en esta sociedad.
Muchas otras, como yo, poco encontramos en celebrar y conmemoramos porque hay que recordar lo mucho que nos falta por conseguir en igualdad de condiciones para los géneros, porque hay que recordar nuestra suerte en esta sociedad, porque hay que recordar con cifras, hechos ciertos e indiscutibles la abierta discriminación y a veces hasta el exterminio.
Aquí unas cifras aterradoras que pueden servir de insumos para la discusión. El diario El País publicó algunos informes, entre ellos uno de la CEPAL. Según este informe, Colombia encabeza en toda América Latina el mayor número de homicidios por razones de género, esto es, por encima de México, Guatemala y República Dominicana.
Según cifras de Medicina Legal, en Colombia asesinan cuatro mujeres por día. Y en los crímenes intrafamiliares reportados, el mayor número de asesinatos es contra las mujeres.
En el tema laboral no hay mucha diferencia. La CEPAL demuestra que en Colombia son más educadas las mujeres que los hombres; sin embargo, en cuanto al porcentaje de desempleo, casi se dobla entre las mujeres, éstas tenemos 11.6%, mientras que los hombres llegan a 6.6%.
Y la participación en el mercado laboral. Mientras la masculina está en un 79.7%, la de las mujeres está en un 55.8%, en un país cuyo 52% de su población total es femenina y más educada.
Todo lo anterior demuestra varias cosas. La primera de ellas: Colombia es un país altamente enfermo y peligroso para las mujeres y, la segunda, que los imaginarios masculinos siguen siendo machistas, que la idea del sexo débil, la superioridad masculina, la naturalización de la discriminación y de la violencia contra las mujeres, persisten y refuerzan los estereotipos.
Colombia no es una sociedad que aprecie, respete y protege la mujer, por el contrario, sus altos índices de maltrato y homicidio, que se representan en casos lamentables como los de la niña Yuliana Samboní o la mujer que fue marcada en sus glúteos como si fuera ganado o la mujer empalada en el Valle o la anciana igualmente empalada en un ‘asilo’ de ancianos de Barranquillla, demuestran la gravedad de los hechos que se ciernen alrededor de las mujeres.
Es hora de comenzar a transformar esos imaginarios que justifican y naturalizan la violencia contra las mujeres, los niño/as y anciano/as. Esa naturalización, que en la mayoría de casos re-victimiza a la víctima, cuando se justifica una violación o una agresión porque la mujer se viste incitando a los hombres o porque no actúa como se lo exige su compañero o la sociedad.
Para alcanzar un país verdaderamente civilizado, democrático, incluyente, debe comenzarse por reconocer los derechos de todas y todos en igualdad de condiciones, a entender que la violencia no es natural, no es normal en una sociedad, y que mucho menos sirve para resolver los conflictos.
Como dijo Rosa Luxemburgo: “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.
@adrigonco


