Ahora bien, no pretendo vigilar, aconsejar ni juzgar lo que cada uno debe hacer con el “bonitico” en su tiempo libre –el término es del maestro Klim–, porque la función del periodismo no es condenar ni moralizar.
Las hetairas, como bien saben los historiadores tipo Tucídides Molina C., eran las prostitutas situadas dentro de la clase social alta en la antigua Grecia. La mayoría se destacaba por su belleza, pero además tenía una formación intelectual y artística loable, se educaban en disciplinas como oratoria y filosofía, exhibían unos modales refinados de los que no gozaban todas sus coterráneas. No obstante poseer estos atributos sugerentes, los castos seguidores del doctor Ordoñez dirían que eran meras cortesanas, rameras caras, pecadoras necesitadas de conversión… Cabe agregar esta descripción más precisa de aquellas damas:
Son mujeres elegantes –sostiene la historiadora Marta Fabregat–, sonríen de forma encantadora, jamás ríen estrepitosamente y tratan a los hombres con habilidad, jamás se ofrecen a quien no las solicita. En los banquetes cuidan de no emborracharse y de atracarse de comida indecentemente. No hablan más de lo preciso, jamás se burlan de nadie y solamente miran a aquel que paga. Procuran agradar a su amante y conquistarlo.
Como quien dice, cumplían un protocolo que resultaría impracticable para los pre-candidatos a la presidencia de la República, que tienen que seducir a tantos electores quisquillosos.
No todas las mujeres –también deberíamos agregar muchos efebos– que hoy siguen ejerciendo este servicio privatizado desde los días dorados de Atenas, están atrapadas por redes de explotación sexual. Seguramente no son pocas las que actúan desde el libre albedrío, por ende, no están de acuerdo con la bienintencionada congresista que ha propuesto reeducar mediante severas sanciones pecuniarias a los clientes.
Esto es precisamente lo que se detecta en un proyecto de ley que radicó la Representante a la Cámara, la liberal Clara Rojas, en el Congreso de la República (no es senadora, como la llama la joven promesa del periodismo opinador, Miguel A. Rubio). Con multas progresivas de hasta 786 mil pesos a quienes paguen por servicios sexuales, la norma pretende “disuadir” a los que buscan aliviar, parcialmente, la necesidad de compañía y placer. Por supuesto que la congresista acompaña la motivación del proyecto con argumentos y cifras, que no logran ocultar en su totalidad la gazmoñería y el ánimo de legislar para imponer la moral privada de un individuo a un grupo heterogéneo de la sociedad, que tiene diversas concepciones de esta práctica. Para la muestra esta cita:
“Este proyecto de ley está encaminado a abolir la prostitución en el contexto de una sanción a quien paga por este ‘servicio’, es decir, castigar a quienes obtienen relaciones sexuales a cambio de un pago”, señaló la Representante a la Cámara (Tomado de Agencia Liberal).
Ahora bien, no pretendo vigilar, aconsejar ni juzgar lo que cada uno debe hacer con el “bonitico” en su tiempo libre –el término es del maestro Klim–, porque la función del periodismo no es condenar ni moralizar. Por lo menos el tipo de periodismo que se hace en Tras la cola de la rata.
Tampoco hay que desconocer que existen redes mafiosas que reclutan jóvenes o menores en condición vulnerable para esta actividad y que estas deben desmantelarse. Sin embargo, no se puede ignorar que ya existen organizaciones de mujeres dedicadas a este oficio que luchan por el reconocimiento y la legalización. Estos son los propósitos que inspiraron a Elena Eva Reynaga en Argentina y a Fidelia Suárez en Colombia, la segunda de ellas fundadora de Sintrasexco.
El tema de la prostitución, sus oficiantes las rameras y sus clientes, es una actividad más privada que pública, si sucede entre dos adultos y sin violentar a ninguna de las partes. Múltiples campos retoman desde hace siglos estos personajes: la literatura, el cine, la música, por supuesto el discurso de las iglesias, la economía local, regional y mundial.
Entonces, propongo un homenaje con un playlist desde la balada a las más vituperadas, incomprendidas y salvadoras de muchos matrimonios: las Magdalenas.
- Esa mujer del cantautor español Paco Revuelta
- Una mujer de la vida, interpretación del español
- La rubia del cabaret del cantautor y cineasta argentino Leonardo Favio (basada en una historia real).
- Pajarillo, autor e intérprete el mexicano Napoleón.
- La Lola del grupo español Café Quijano.
- Una canción para la Magdalena del cantautor andaluz Joaquín Sabina.



