A causa de un conflicto que supera los 50 años, Colombia ha sido el segundo país con más desplazados internos después de Siria y el principal emisor de población refugiada del continente americano; pero a esto se le suma que en la actualidad este territorio vive una etapa que lo convierte en un país receptor y/o de tránsito de sus propios ciudadanos, que retornan tras el proceso de paz con las FARC, y de inmigrantes venezolanos, haitianos, cubanos y hasta extra-continentales.

 

Por Wooldy Edson Louidor *

Colombia refleja la complejidad del fenómeno migratorio en la región de América Latina y el mundo.

En primer lugar, tiene la triple condición de país de origen, tránsito y destino. Flujos migratorios regularmente salen de, ingresan a y transitan por el territorio colombiano. El país se ubica en un lugar geográfico estratégico en el continente americano, ya que conecta Sudamérica con Centroamérica.

Las tres realidades presentan retos diferenciales, pero el fenómeno migratorio en conjunto requiere de respuestas institucionales multilaterales, coherentes, integrales y orientadas a garantizar los derechos humanos, de acuerdo con los estándares de protección de los derechos humanos en el derecho internacional . ¿La Cancillería colombiana está a la altura o tiene la visión, la capacidad y los recursos suficientes para brindar o, al menos, coordinar estas respuestas institucionales?

Por otro lado, en el contexto del pos-acuerdo Colombia tendrá la tarea de atender la migración de retorno de más de un millón de refugiados y, en general, de migrantes forzados que huyeron del país a consecuencia del conflicto armado y recientemente de la violencia de las bandas criminales heredadas del paramilitarismo. ¿El país está preparado para acoger a estos miembros de la diáspora de la guerra colombiana?

Vale subrayar que la culminación del proceso de paz, entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), está lejos de poner fin al desplazamiento forzado interno en el país. Según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), entre enero y mayo del 2017 se registraron 42 desplazamientos masivos que afectaron a 7.371 personas, a raíz de enfrentamientos entre grupos armados por el control de antiguas zonas de las FARC o por violación a derechos humanos.

Como bien lo decía el investigador Ulrich Oslender, el desplazamiento forzado interno ha sido banalizado; por ejemplo, los diferentes gobiernos colombianos lo han reducido a una cuestión de estadísticas, de presupuestos y de procedimientos de registro que el desplazado tiene que cumplir.

La pregunta que queda aún sin respuesta es la siguiente: ¿qué pasará en el pos-acuerdo con los derechos de los desplazados forzados internos a la verdad, la justicia y la reparación con garantía de no repetición?

Sumado a los mencionados retos de distintas categorías de migrantes colombianos, desde hace un par de años miles de ciudadanos venezolanos llegan a diario a Colombia huyendo de la crisis política y económica del vecino país. Esta situación está provocando una crisis humanitaria en distintos lugares de Colombia, en particular en la frontera colombo-venezolana y en grandes urbes como Bogotá. ¿Nos mostraremos hospitalarios u hostiles con los ciudadanos de un país vecino adonde los colombianos huyeron para salvar sus vidas de una guerra absurda y cruel dada contra los más pobres y excluidos?

Olas de migrantes haitianos, cubanos e incluso extra-continentales (africanos y asiáticos) utilizan cada vez más el territorio colombiano como lugar de tránsito hacia Estados Unidos por diferentes motivos. ¿Qué hacer cuando países centroamericanos, como Nicaragua, Panamá y Costa Rica, tienden a cerrar sus fronteras o mantenerlas cerradas, sin preocuparse por los otros países donde se quedan varados dichos migrantes?, ¿Colombia puede seguir adoptando la deportación como única solución frente a esta migración de tránsito? 


(*) Profesor e investigador del Instituto de Estudios Sociales y Culturales PENSAR-Pontificia Universidad Javeriana. Líder de la línea de investigación en estudios migratorios en el mismo Instituto. Migrante haitiano con experiencia de trabajo con migrantes haitianos y refugiados colombianos en América Latina y el Caribe. Magíster en Filosofía Latinoamericana de la Universidad Santo Tomás (Bogotá, Colombia). Pregrado en Filosofía y Ciencias Sociales del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente- ITESO (Guadalajara, México). Autor de varios libros y artículos sobre la migración; su libro más reciente es: Introducción a los estudios migratorios. Migraciones y derechos humanos en la era de la globalización (Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2017). Premio Jean-Claude Bajeux en 2014 del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).