¿CREER O NO CREER? ESA ES LA CUESTIÓN

Nuestra racionalidad, nuestro ser, nuestra razón de vida (en diferentes medidas) es buscar conocimiento para aceptarlo o refutarlo y con base en ello crecer como persona.

 

Por / Juan Felipe López Tafur

El año 2020 ha sido como una montaña rusa; entre noticias como una pandemia, una posible guerra mundial, incendios forestales enormes, sólo podía faltar una que viniera del espacio exterior y así sucedió, llegando desde el planeta Venus.

El pasado lunes 14 se septiembre una tendencia de escala “planetaria” sacudió los medidores de hashtags en Twitter, Facebook e Instagram, dicha tendencia logró llegar hasta los periódicos más importantes del mundo como El País de España o The New York Times de Estados Unidos, entre otros.

La tendencia, que posteriormente se transformaría en noticia, aparecería de la siguiente forma en los periódicos más neutrales y con rigor más científico: ¿Posible vida en Venus? Y para periódicos un poco más sensacionalistas la noticia tomaría un rumbo un poco más apresurado, de esta manera: “Científicos hallan indicios de vida en las nubes del vecino más cercano a la Tierra, el planeta Venus”. Esa, nada más ni nada menos, fue la tendencia con la que se inició la semana del 14 de septiembre del año 2020.

La noticia del posible hallazgo de vestigios de vida en las nubes de venus tuvo un tinte un poco más químico y científico que mágico y ficcional. Según el periódico El País, lo que se halló en las nubes de Venus fue fosfina, un derivado del fósforo. Este compuesto se puede obtener de dos formas: una es cuando se unen un átomo de fosforo y tres de hidrógeno en un espacio extremadamente caliente, recordemos que Venus –al estar más cerca del Sol– alcanza temperaturas de más de 490 grados centígrados, o bien, la otra, desde la vida, ya que esta se encuentra en la Tierra, en algunos lagos o intestinos de animales y humanos. Por lo que la idea, fantástica o científica de que la vida extraterrestre existe, ya puede empezar a tener bases sólidas; ahora lo único que falta hacer es empezar a creer… o no,

Ahora bien, decir abiertamente que las nubes tóxicas y relampagueantes de Venus pueden albergar vida extraterrestre, específicamente vida de una especie de medusas del tamaño de pelotas de ping pong que se alimentan de gases, como lo afirmó Carl Sagan en 1967 en su artículo Life in the Clouds of Venus (Vida en las nubes de venus) para la revista Nature puede ser algo apresurado. Aun así, hay personas que están orgullosamente en diferentes lados de la balanza llamada “creencia”. Habrá quienes considerarán la noticia como “la prueba” fehaciente e indudable de vida alienígena, pero otros lo tomarán por el lado más científico y darwiniano, siendo un poco más reacios ante las pruebas de vida tan vagas que se presentan.

Lo importante acá, más allá de la rigurosidad y veracidad de los estudios presentados por la NASA, es tomar partido y defender una posición, pero sin cerrarse ante las posibilidades que se tienen de estar equivocado. Hay que tomar una postura al respecto, a favor o en contra de la vida extraterrestre o, en términos más ficcionales, en el Equipo Mulder o en el Equipo Scully.

Para los que llevan viendo series de ciencia ficción desde los años noventa recordarán esta mítica serie llamada Los expedientes secretos X (alerta spoiler), donde los protagonistas Fox Mulder y Danna Scully, agentes del FBI, lucharán a lo largo de 11 temporadas para sacar a la luz un complot realizado por el gobierno estadounidense que busca encubrir la existencia verídica de vida extraterrestre. Mulder, un fanático y vivaz creyente de la vida extraterrestre, encarna el anhelo de creer en vida alienígena y Scully, una científica y doctora en medicina reacia a creer en la existencia alienígena, representa la negación. Dos caras de una moneda que están en relación constante como el yin y el yang, cada una representa un ideal, pero no desmiente al otro.

Nuevamente, respecto a la creencia de la vida en otros planetas, tener un pensamiento u otro es completamente válido en cuestiones que se escapan a nuestro entendimiento. Estar de acuerdo con la visión mágica de Mulder o la perspectiva científica de Scully está completamente bien; pero lo que no está bien es no tener una opinión al respecto y no buscar el tener una. Ser parte del equipo “sin equipo” y no tener ambición por pertenecer a uno es lo más inhumano que puede pasar, ya que va en contra de todo instinto social y evolutivo que posee el ser humano.

Nuestra racionalidad, nuestro ser, nuestra razón de vida (en diferentes medidas) es buscar conocimiento para aceptarlo o refutarlo y con base en ello crecer como persona, porque nosotros los seres humanos no nacemos con una biblioteca de verdades absolutas integrada en nuestro cerebro. Lo más humano que podemos hacer es buscar la verdad, seguir sus pistas, rastrearla al puro estilo de Scooby Doo y hacerla nuestra, fusionarla con nuestros saberes y percepciones para, así, decidir si creer o no.

El debate y también la invitación está en una adaptación del famoso soliloquio shakesperiano de Hamlet: ¿Ser o no ser? Pero esta vez, modificándolo acorde a las pruebas obtenidas por los científicos de la NASA y los divulgadores científicos de Internet: ¿Creer o no creer? Ya que es ahí donde está la cuestión, la dificultad y la dualidad interrogativa que nos hace seres más humanos; es en esa pregunta donde nace la necesidad de buscar la verdad para apropiarla o refutarla, para compartirla o denegarla, para entrar al equipo Mulder de la creencia por devoción o entrar en el equipo de Scully de la negación por la imposibilidad de explicación científica, para creer en ella o no.

Al final, todo se remite a lo siguiente: la verdad está allá afuera, entonces, ¿debemos creer o no creer?

Twitter: @FeTafur

Facebook: Felipe López Tafur