La generalidad supone más maquinaria que propuesta, mucho menos contenido, pocas ideas y liderazgos endosados; no es un asunto de dinero en algunas, y sí es la ausencia de marketing en otras, pues un candidato, como un carro, un servicio o una buena comida, se vende por cómo se presenta;  inolvidables son las campañas de  Luis Carlos Galán  o Mockus, en las cuales el despliegue creativo y la asertividad de sus eslóganes, casi le ganan a la clase política y permanecen en la memoria electoral del país.

Por: Miguel Ángel Rubio

La proliferación de toda clase de personajes aspirando al Concejo, Asamblea departamental y a la Alcaldía en Pereira ha llegado al punto de la saturación de información en redes sociales y medios de comunicación;  dan la sensación de que la corrupción en las instituciones del Estado y en la sociedad colombiana, en general, los hace pescar en río revuelto para ver qué les toca.

Otra sería la reacción ciudadana si ante tal exceso y desborde en corrupción fuéramos más responsables, éticos, reflexivos y selectivos sobre  las personas que elegiremos, y los partidos a los cuales les daremos el voto de confianza. Sin embargo, la conclusión a la que se puede llegar es que tanto derroche y tanta corrupción abren el apetito de cuanto personaje está por ahí sin hacer nada (con excepciones, claro está) y se lanzan, como diría Baudelaire, “Como sobre un cadáver un coro de Gusanos” con el fin de explorar cuánto les toca en el botín del erario, o si logran alguna curul en las corporaciones de elección popular.

Esta proliferación de candidaturas y de listas, esta explosión de partidos y movimientos significativos de ciudadanos que recogen firmas avalando todo tipo de aspiraciones,  confeccionadas en muchos casos a última hora y metiendo a gente sin trabajo político serio, con hojas de vida de dudosa reputación, o acudiendo al amiguismo o nepotismo propio de nuestra clase política, ha generado una pobreza creativa en eslóganes, diseños y publicidad que de entrada ya predisponen al elector crítico sobre la calidad de quienes llegarán a gobernarnos en el próximo cuatrienio.

Comencemos por el candidato del oficialismo y partido que detenta el poder en el municipio y que en coalición comparte poder en el departamento.  El eslogan de Carlos Maya, además de manifestar total ausencia creativa “Maya es más, más cambio, más Gallo”, pone en duda la imparcialidad del actual gobernante.  Por otro lado, Más cambio es un eslogan vacío, que deja ver que la obra de su antecesor no fue terminada. A Maya, y a su equipo creativo, valga recordarle aquella frase de Cicerón que dice “no basta con ser la mujer del César, hay que parecerlo”, pues es evidente su ligazón institucional y para la ciudadanía no pasa de ser el candidato de Juan Pablo Gallo. Uno pensaría dos cosas: o no se han percatado del error que como publicidad política estas vallas contienen o no les importa porque de seguro el asunto ya está arreglado y Maya ya se siente Alcalde.

Sin embargo, en las contrapartes no hay mucho sobre lo que regodearse buscando riqueza creativa. La campaña del exrepresentante y expersonero  Mauricio Salazar con su #sigamoscambiando dice mucho y no dice nada, y genera más suspicacias que confianza. Recordemos que su esposa, María Irma Noreña,  adhiere a Gallo en el 2015  y que el origen de Salazar es Conservador. En aquel tiempo la coalición Liberal Conservadora, fraguada por Gaviria y los Merheg, a calco de la de Yepes y  Renán Barco en Caldas, tenía como uno de su bancada al hoy candidato, quien supuestamente es independiente.

Los eslóganes de Salazar y de Maya hablan por igual de cambio, el que no llegó del todo. En fin, que al caminar por la avenida sur de Pereira, donde proliferan las vallas, sin respetar el límite impuesto por la ley y contaminando visualmente la ciudad, el elector se confunde al leer “más cambio, más Gallo”  en una valla, y en la siguiente,  a pocos metros, “#sigamos cambiando”. ¿O el Alcalde está jugando a dos bandos políticos y su apuesta es mantener sus ideas con dos candidatos que pertenecen a la misma clase política tradicional, o los asesores publicitarios son los mismos, o Salazar ya se siente ganador también, o va adherir a Maya, como lo hiciere su esposa en el pasado? ¿Qué explica que además de pobreza creativa sean iguales las campañas con más opción de ganar la contienda electoral que se avecina?

De la campaña de Carolina Bustamante, “Ahora sí, Pereira para los pereiranos”, podría decirse que el eslogan es distinto, pero es populista y demagoga, teniendo claro el origen de la candidata, los apoyos de algunos políticos tradicionales  y de que también fue funcionaria de la actual Alcaldía.

La campaña de la candidata del Centro Democrático, cuyo eslogan es “Pereira propósito de todos”, es bueno como eslogan de campaña, pero no le alcanza en fuerza creativa para salir del desconocimiento que aún tiene en gran parte de la ciudadanía y el electorado. Hay que tener en cuenta que aun cuando el Centro Democrático es el partido de Gobierno, los guarismos no le dan para poner Alcalde en Pereira, pues la votación del actual alcalde Juan Pablo Gallo es la más alta de la historia electoral de la ciudad y fue obtenida por acuerdos y pactos políticos con diversidad de partidos, con poder en la ciudad y representatividad política.

La frase de campaña de Carlos Alfredo Crosthwaite, de lejos el mejor prospecto para gobernar la ciudad y a quien deseamos que pueda aumentar sus posibilidades de ser Alcalde de Pereira, es un buen eslogan, “Carlos Alfredo Crosthwaite alcalde de todos los pereiranos”, lo pone en la condición de un ciudadano de a pie, que desde una propuesta alternativa y con una historia política que demuestra su coherencia, responde a lo que defiende. Sin embargo, la tiene difícil. Al carecer de maquinaria política y estar en un espectro que genera muchas resistencias en la ciudadanía.

De la campaña del muchacho de los verdes, el candidato Alejandro García Ríos, no conozco aún un eslogan o valla que perfile su talante. Tendrá que buscarse uno, muy bueno, que lo haga romper su embrión con Luis Enrique Arango, le sugiero algo así como “Joven sí, hijo de papi no” o algo más directo, que diga: “Una cosa es Luis Enrique y otra cosa soy yo”, pues en ese vínculo radica su debilidad y muy probable derrota.

Quizá el mejor eslogan,  de todos los que a diario invaden la ciudad, es el del dos veces gobernador Carlos Alberto Botero, “Otro Gallo cantará”, es el eslogan con que se ha lanzado a disputar la alcaldía, avalado por firmas y Cambio Radical, partido del que fuera Gerente de la campaña presidencial de Germán Vargas Lleras, y que puede dar una sorpresa, si sabe conjugar su amplia experiencia política, su capital económico y si sabe sacarle provecho a su eslogan, que de entrada lo pone en confrontación con los dos primeros más opcionados y lo diferencia de todos los demás.

Del candidato Jesús María Hernández, a quien desde ya me atrevo a vaticinarle que no será alcalde, debo decir que su eslogan más parece de iglesia evangélica que de campaña política, es más, ¿alguien sabe quién es, de qué sector político es originario? Un total desconocido, que se hará contar y al que su eslogan basado en su propio nombre no le ayuda mucho “Con Jesús, Pereira se transforma”, no ha podido la virgen de la pobreza con su marco enchapado en plata, dudo que este Jesús mundano lo logre con este mantra.

La generalidad supone más maquinaria que propuesta, mucho menos contenido, pocas ideas y liderazgos endosados; no es un asunto de dinero en algunas, y sí  es la ausencia de marketing en otras, pues un candidato, como un carro, un servicio, o una buena comida, se vende por cómo se presenta; inolvidables son las campañas de  Luis Carlos Galán  o Mockus, en las cuales  el despliegue creativo y la asertividad de sus eslóganes, casi le ganan a la clase política y que permanecen en la memoria electoral del país.

@rubio_miguel