Inquisition now

Advierto que estas declaraciones quizá puedan parecer polémicas, dichas para mojar prensa o generar escándalo, al fin y al cabo eso vende y hasta seguramente Ordóñez se divertirá diciendo esto buscando generar urticaria en la opinión.

 

 Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Parecería  un aparente plagio  de la película de Coppola, para dar nombre a esta columna de opinión. Aunque la cinta del director norteamericano está llena de una violencia del paisaje, de la atmósfera, de las historias del río…  Apocalipsis Now será la ruta que tomaré con un pequeño cambio de nombre para dar curso a mi disertación. Sin embargo, la realidad colombiana sobrepasa con creces, la visión apocalíptica de esta producción.

Ahora bien, ¿por qué tomar solo una parte del nombre de este film para titular este texto? Porque quizá los colombianos vamos navegando en un río tan caudaloso, profundo y violento como el del Congo y no sabemos qué tipo de Kurtz vamos a hallar al final del viaje. Ese río, por supuesto, es de otras aguas, de otros deltas, tiene orillas disímiles y peligrosas, puentes rotos y personajes siniestros que lo circundan esperando hundirnos.

Y es que habría que considerar lo que viene sucediendo en los últimos meses en Colombia como un río siniestro. En él navegan, putrefactos,  los actuales  partidos políticos, fragmentados en su unidad, que ya no hacen política (bueno creo que nunca la han hecho) y se dedicaron a la transferencia descarada, frentera e inescrupulosa del clientelismo, los peculados, la compra de sentencias, un supermercado de jurisprudencias que se vende al que más ponga plata en la bolsa de los fallos judiciales; unos “togados” intocables, que trastruecan el orden constitucional como a bien se les antoja y lo peor de todo: una fuerza pública aliada con bandidos que asesinan al campesinado en nuestros pueblos y veredas tan solo por quedarse con el negocio de la coca.

En este río violento y revuelto todos pescan; y no es de gratis, que aparezcan en la palestra política casi 20 aspiraciones presidenciales, todas por firmas, que no quieren compromiso político con ninguno de los partidos hegemónicos de la actualidad. Esto quiere decir que se hacen al borde del río, pero solo meten la mano para comprobar que tan turbia está el agua, sin comprometerse del todo a atravesarlo.

En este grupo de precandidatos en el tintero, o por llamarlos de algún modo más exacto de pescadores en río revuelto esperando el momento de lanzarse a las profundidades de ese río, hay uno en especial, siniestro, vehemente y que produce escalofríos, me refiero al ex procurador general de la nación, el señor Alejandro Ordóñez Maldonado, quien desde un moralismo enceguecido, un odio a la diferencia de pensamiento, una visión meramente religiosa y sectaria de la política, ha dado unas declaraciones en radio, reseñadas a su vez  por  la revista Semana, que deben ponernos a pensar a todos los colombianos y por supuesto, a quienes ejercemos el siempre utópico ejercicio de la enseñanza de la lengua y la literatura en las aulas del país.

Alejandro Ordóñez, personaje al cual hay que poner atención y sospecha ante todo lo que diga, en recientes declaraciones a RCN Radio afirmó que volvería a quemar libros, del mismo modo que lo hizo hace 39 años atrás, siendo concejal de Bucaramanga, ya que considera que quemar libros es un “acto pedagógico”

Después del estupor y las náuseas que dan leer este tipo de cosas de alguien que aspira a manejar este país, y  tratando de verle el lado amable a las declaraciones,  se me ocurren dos consideraciones frente a este “Acto pedagógico”  de Ordóñez

  1. Me parece muy bien que queme libros. Le sugeriría a este señor que alimente la pira con los libros de Álvaro Uribe, Ingrid Betancur, Ernesto Samper, Rodrigo Rivera, José Galat, Andrés Pastrana, Álvaro Gómez Hurtado, la poesía de Roy Barreras, etc… Podría añadir a esa pira los libros sobre Bergoglio y Ratzinger, Paulo Coelho, Walter Riso, Deepak Chopra, la Biblia, etc., y eso sin incluir algunos libracos de ciertos poetastros de este terruño. Nos haría un favor inmenso.
  2. En un país donde no se lee, ¿qué debería importar que este anciano queme libros?… Un país en el cual el Estado no subsidia el acceso al libro, no dota bibliotecas, no capacita personal técnico en las bibliotecas públicas municipales y otro sinfín de problemas sobre el tema de la lectura en Colombia que en aras a la brevedad me abstendré de contarles.

Advierto que estas declaraciones quizá puedan parecer polémicas, dichas para mojar prensa o generar escándalo, al fin y al cabo eso vende y hasta seguramente Ordóñez se divertirá diciendo esto buscando generar urticaria en la opinión.

No está de más recordar que en días pasados fue el ex procurador, en compañía del expresidente Uribe y otros sectores radicales de la ultraderecha, quienes echaron a la fogata de la censura y el odio la refrendación de los acuerdos de paz, haciendo una campaña desleal por el NO. Y lo grave en el fondo no es eso, lo más peliagudo del asunto son los miles de seguidores que tienen estos personajes, que enceguecidos por su ignorancia y su poca lectura votaron NO en el plebiscito, a los cuales  de seguro no les importará que este señor, si llegase a ser Presidente de la República, siga no solo quemando libros, sino echando a la hoguera todo el Estado social de derecho logrado en  la Constitución del 91.

Bienvenidos a INQUISITION  NOW, próximamente… ojalá y no…

@rubio_miguel