Tienen razón todos aquellos incrédulos cuando dicen que la paz está lejos, que no celebremos, que no cantemos victoria, que no seamos ingenuos. Tienen razón porque la paz no es una imposición. No es que mañana a partir de las 8 am vayamos a vivir en paz.
Por: Diana Carolina Gómez Aguilar
Es claro que el hecho de que en La Habana, en el marco del tratado de paz con las FARC, se haya firmado el cese al fuego bilateral no garantiza la paz. No es que esa firma en sí misma produzca, como en las películas, un cambio de mentalidad en todos los colombianos y de repente ya todos vivamos en paz. ¡Por supuesto que no!
Tienen razón todos aquellos incrédulos cuando dicen que la paz está lejos, que no celebremos, que no cantemos victoria, que no seamos ingenuos. Tienen razón porque la paz no es una imposición. No es que mañana a partir de las 8 am vayamos a vivir en paz. No es que a partir de mañana el presidente Santos será un honorable e intachable señor, además redentor de todos nuestros pecados y todos seremos perdonados para vivir en armonía. No es así la vida, no funciona así el mundo, salgamos de la fábula. No hay buenos y malos, y muchos menos se hacen los tratados de paz con los amigos.
Sin embargo, no podemos negar la alegría incontenible que produce este paso. Es un motivo de celebración, para quienes habitan las zonas rurales, el hecho de saber que probablemente no tendrán que volver a escuchar conciertos de balas. Es una victoria principalmente para quienes han sufrido el conflicto en la piel, en el corazón, en los huesos, en los afectos, en los dolores, en las angustias, en las penas. Esos que probablemente no cuenten con redes sociales para opinar, debatir o para defender el tratado de paz y, tal vez, tampoco les interesaría hacerlo de esa manera.
Porque nunca la paz es discutir a través de iracundas e hirientes explicaciones con el compañero de trabajo que no está de acuerdo con los diálogos en La Habana. No hay razón para terminar cazando peleas y fomentando el odio y la guerra por un acuerdo de paz. ¡Cuánta insensatez! Es un absurdo y no tiene lógica encontrarse con este tipo de conflictos cuando se habla de construir paz.
Es un trabajo arduo la paz, es una construcción propia y colectiva, es un objetivo por el que hay que trabajar. La paz es uno mismo resolviendo sus conflictos internos, esos que no le permiten aceptar la diferencia, respetar la opinión del otro. Hay que aprender de los contrastes, la incompatibilidad de opiniones, enriquecerse de las discrepancias, de los sanos debates.
Porque además no está todo hecho, este es apenas un paso, muy importante y fundamental, pero es un paso. Lo que queda es un camino largo por recorrer, por construir, además de muchos obstáculos por superar. Un camino al cual no debemos tirarle piedras, tampoco quedarnos a un lado mirando cómo todo pasa. Seamos parte de la construcción: ¡cuánta paz hay en las simples cosas! No insultemos al que se equivoca, no minimicemos al que intenta construir algo, no demeritemos los esfuerzos de los demás. Propongamos nuevas formas de vivir la ciudad ya que no nos toca la guerra tan cerquita. Construyamos país con propuestas que aporten al crecimiento de todos y no vayamos por la vida como sujetos insensatos que tiran piedras y destruyen con crueles palabras aquellas iniciativas que ni siquiera conocen a profundidad.


