Bella sugerencia que no es para todos los espíritus, ya que como sabemos hay sendas espirituales y hay grupúsculos religiosos que no entienden la biblia sino a la luz del Antiguo Testamento y preconizan un Dios sinaítico que habla entre rayos y centellas.

 

Por: Diego Firmiano

Estimado Camilo, no voy a minimizar tu opinión (que me parece muy valiosa), diciendo que no has estudiado teología y que, por ende, te es difícil entender los asuntos religiosos. Subrayaré mejor que cuando usas el término “religión” tan a la ligera no haces justicia con tan puntiagudo asunto.  ¿Quién asegura que religión es un sistema de creencias particulares, y no, un sistema epistemológico que no ha sido tratado adecuadamente? Si buscas la etimología del concepto encontrarás alguna luz, pero si te limitas a creer que la religión es el cristianismo, el budismo o el islam, o lo que sea materia cultual, estás diciendo lo que los demás dicen, y eso, no es propio de un pensador. Un craso error occidental, y error intrínseco, es caer en el juego de la fe del carbonero como lo expuso magistralmente Don Miguel de Unamuno.

Por eso no voy a responder con teología, sino con filosofía y política, intentando ser lo más acertado a tu comentario. Aclararé que la base de las religiones no es la intolerancia, sino un deseo utópico de querer ver un mundo mejor, pero lamentablemente, los asuntos de Dios pasan por un filtro humano, demasiado humano. De ahí, que los hombres traten no de imponer una creencia o un sistema de creencias, sino de sugerir, que el hombre en el cosmos no es una isla metafísica, sino un ser, que debe aferrarse a algo para existir. Este fin último se llama el “sentido teleológico” del ser, es decir, qué pienso, qué hago, qué soy, para qué estoy en la tierra.

Bella sugerencia que no es para todos los espíritus, ya que como sabemos hay sendas espirituales y hay grupúsculos religiosos que no entienden la biblia sino a la luz del Antiguo Testamento y preconizan un Dios sinaítico que habla entre rayos y centellas. Contra estos últimos, también tengo mis diatribas, pero creo firmemente, como la palabra “hombre” en griego lo enseña, que somos seres de luz, espirituales, que podemos ser los más grandes virtuosos o los más oscuros cuando se tiene un gramo de poder. Un hombre sin vida espiritual no es un hombre, es un primate y como primate, puede hacer de sus bananas un dios.

En el desarrollo de la historia, la religión es un sistema complejo, no tan distante de su heredero, el Estado, ese Estado que, como dice Max Weber, no puede existir sin la violencia y el terror. Todo está concatenado. Colombia es un país católico y ser ateo en ese patrimonio que nos legaron los conquistadores es una entera revolución, hasta ahí el asunto parece claro. Es más, nadie puede llegar a ser ateo, sino niega un sistema, y he ahí una gran contradicción, saltar al vacío metafísico, y mirar atrás y decir: no hay Dios, no hay puentes.

Dices que “en los asuntos públicos no debería haber ningún matiz religioso” y aduces que esto podría desembocar en discriminación hacia al resto. No comparto ese claro pensamiento y te daré dos razones. Primero, es verdad que somos un país laico, y como dijo Jean Jacques Rousseau, que, si dejáramos de tener cadenas, seguiríamos actuando como si las tuviéramos; en otras palabras, cuando nos hablan de impuestos, de leyes, de imposiciones del Estado hacia el ciudadano, nuestra voz enmudece, nos gusta que nos opriman y hasta decimos en contertulio con los demás, que eso es lo mejor, porque los de “arriba” lo dijeron.

Sin embargo, cuando se habla de algún tipo de fe desde una palestra pública, salta y revuela un público menor que cree que tal fe, de tal o cual mandatario, impide que los derechos civiles o ciudadanos se desarrollen. ¿Quién dijo tal cosa? Acaso proteger la vida, como en el caso del aborto o la eutanasia, o la familia, no es abogar por un bien común, y trata de guiar a la mayoría, que como aseguran los intelectuales, son una masa con fuerza, pero bruta.

Segundo, creo que el Estado es el primer censor y represor de las libertades o derechos ciudadanos. Si usted o alguien se atreve a decir que lo que vivimos en Colombia, o Pereira, es una democracia, no está sino actuando como lo hacen los religiosos, con una fe ciega en un Estado opresor. Opresión que, por supuesto nos encanta, pero asuntos que liberan, nos fastidia. Hablo este tema del Estado como ciudadano no como marxista. La democracia es “el poder del pueblo” y si tenemos dos dedos de inteligencia, sabremos que el poder no lo tiene el pueblo, sino los que mandan, y si se aprueba el matrimonio homosexual (del cual no estoy en contra), la eutanasia o el aborto, es porque al gobierno le interesa la opinión que tengan de él, y qué es el gobierno sino un par de cientos, sino miles de funcionarios en oficinas, con sellos, lápices y ordenadores personales. El Estado es una institución sin alma y lo sabes.

Dices “defender que el Estado tiene que ser laico no es quitarle la fe a nadie”. Camilo, no nos engañemos, todas las personas creen en algo. El Estado es un sistema de creencias, sino ¿cómo llegamos a creer ciegamente en el pago de impuestos o cómo alcanzamos el nivel de obediencia política? Tú crees en la gente, de la cual sustraes bellas crónicas, y eso es una religión. Yo creo que se puede ser un bel sprit sin necesidad de ser decadente.  El ateo cree en su programa de su no-dios y eso es una religión. Y así me iría hasta el infinito exponiéndote el asunto, hasta llegar a la metáfora de los dos peces que se encuentran y uno de ellos dice al otro: buenos días, ¿cómo está el agua? A lo que el otro responde: ¿Qué demonios es el agua?

El símil que usas de la religión igual a la mierda es una observación freudiana, a propósito de los judíos, lo que me parece acertado. A nosotros los occidentales nos gusta guardar nuestros excrementos en casa, por eso tenemos afición por lo blanco y lo resplandeciente, pero lo que brilla más que el polvo del cual estamos hechos, nos fastidia como una luciérnaga ante un bombillo, y creo que ya sabes a que me refiero.

Para terminar, solo aclarar que muchos de los derechos humanos, las libertades de las que gozamos como colombianos, la liberación de la mujer, todo ello, se dio gracias a hombres de fe como don Simón Bolívar que fue masón, o los ilustrados franceses que creían infantilmente en la pureza del hombre, abogaron por leyes más equitativas, frente al despotismo y el absolutismo.

Con esto no digo que aquellos y muchos más fueron hombres católicos, luteranos, o musulmanes, y que por eso somos libres, lo que afirmo es que si tenemos democracia, una mal hecha a propósito, es porque alguien ideó leyes sonsacadas de culturas religiosas antiguas de Babilonia, el código de Hammurabi, la epopeya de Gilgamesh, el canon de leyes judaicas y posteriormente el derecho romano, hasta nuestras constituciones locales.

Yo no veo contradicción alguna en que alguien con un mínimo de poder crea en algo, porque no estamos en la época del oscurantismo, y ahí creo que le falta tino a su argumento. Los tiempos donde Enrique VIII hizo una división política y eclesial para poder contraer segundas nupcias, o la tiranía de Joan Calvino en Suiza, es algo impensable hoy en día. Una teocracia no es solución y si existiera, usted como cronista y yo como pensador, hace rato estuviéramos entre estacas y fuego en el “arroyo de los herejes” creado por Isabel Von Thuringen.

Me despido, no sin antes afirmar mis lazos de amistad, con usted, querido cronista y amigo de letras.