Por esto es posible hablar de un Estado liberal en el siglo XIX, un Estado Social de Derecho en el siglo XX y un Estado regulador o neoliberal en el siglo XXI. En cada una de estas etapas el Estado es concebido como responsable de deberes distintos y con igualmente distintos mecanismos para cumplirlos.

 

Por: Camilo Andrés Delgado Gómez

Desde hace algunas décadas se ha esparcido y ha ganado reconocimiento la idea de que los Estados que no cumplen con los atributos que en teoría debería tener son “Estados fallidos”. Sin embargo, este término, que ha sido usado tradicionalmente por políticos y periodistas, e incluso algunos académicos, sufre de un reduccionismo y una imprecisión propia de las malas teorías.

Para comprender porque esto es así, debemos entender qué configura un Estado, o sea, en términos de San Agustín, debemos entender cuál es la diferencia entre un Estado y una banda de ladrones, o, dicho de otro modo, cuál es la razón para que un Estado no sea solo una banda de ladrones.

Los debates sobre esto son extensos; sin embargo, se puede considerar como cierto que el Estado debe tener tres características: un territorio delimitado, una población con algún grado de identidad común y un control sobre estos dos elementos. Pero aún no se diferencia de una banda de ladrones. La distinción la configura el hecho de que su autoridad y control es en alguna medida aceptada sin grandes resistencias, o sea, que se considera legítima.

Por otro lado, el Estado moderno debe tener unos monopolios: el de la coerción tanto física (por la fuerza) como simbólica (por el derecho), el de la producción de normas jurídicas, el de la emisión (impresión de moneda) y la política fiscal (recaudación de impuestos y el gasto público). En teoría, estos son los monopolios que hacen del Estado lo que es, y que si no se tienen configuran un “Estado Fallido”.

Sin embargo, estos monopolios, tal como lo decía el mismo teórico que los definió, Max Weber, son sólo una pretensión, no son reales. Luego, no se puede considerar fallido un Estado que no tiene lo que no debe tener. Además, es evidente que, en la actualidad, incluso los Estados más fuertes, han privatizado varios de estos monopolios; un ejemplo de esto es el mercenarismo y otro es la construcción de normas jurídicas por entes supranacionales como la ONU.

Pero, además, siguiendo la conceptualización del Estado, aunque éste mantiene las anteriores características y atributos, se va transformando con el paso del tiempo. Por esto es posible hablar de un Estado liberal en el siglo XIX, un Estado Social de Derecho en el siglo XX y un Estado regulador o neoliberal en el siglo XXI. En cada una de estas etapas el Estado es concebido como responsable de deberes distintos y con igualmente distintos mecanismos para cumplirlos.

Entonces, el Estado tiene unas características inmanentes, unas características propias de su configuración en un momento histórico determinado y, siguiendo a lo anterior, un proceso de construcción histórica. Por esto, además de errado, el concepto de “Estado fallido” está mal formulado, pues desconoce que el proceso de construcción del Estado es precisamente eso, un proceso histórico que no acaba, y que permanentemente debe estar reproduciéndose.

Así, la pregunta que surge es ¿qué es el Estado?, ¿es un conjunto de instituciones, es un aparato, es una herramienta? Los liberales (clásicos) reconocen al Estado simplemente como un conjunto de instituciones; por su parte, la teoría marxista piensa que es un instrumento y que, como un arma, es burguesa o proletaria según quien lo controle.

Pero más recientemente ha ganado terreno la idea de que el Estado es una relación social, que es determinado por las correlaciones de fuerza y que se sesga según estas correlaciones. Entender el Estado así deja en evidencia que el Estado colombiano, como todos los Estados del mundo, está en disputa y en una constante construcción. En todo caso, en el momento en que se acaban las relaciones sociales, desaparece el Estado.

A la luz de lo anterior, se puede concluir que el colombiano no es un “Estado fallido”, simplemente es un Estado en construcción que en las últimas décadas ha dado pasos gigantes en esta dirección. El expresidente Uribe intensificó la construcción del Estado al retomar y controlar gran parte del territorio; el expresidente Santos tuvo la oportunidad de continuar este proceso y de consolidar un Estado fuerte y presente en todo el territorio gracias al acuerdo de paz, no lo hizo.

Pero el presidente Duque, echando para atrás los avances que en la materia se tenían, nos pone de nuevo al borde de posponer por décadas la construcción del Estado colombiano, permitiendo que otra vez las bandas de ladrones, creyéndose Estado, controlen el territorio.