El periodismo ha recibido uno de sus más aleves ataques a lo largo de siglos de historia del oficio reporteril. Hoy el mundo es más estrecho y menos mundo. Hoy el periodismo ha sufrido una de las peores afrentas, la que se suma a otras muchas que en años recientes se han acumulado, escalando en gravedad hasta dejar a la humanidad estupefacta.

CaricaturaCharlieHebdo

Hoy no se trata de defender o atacar a una religión, por lo demás tan respetable o cuestionable como cualquiera otra. De lo que se trata hoy es de poner freno a una caída en el abismo de la barbarie, de la cual el ataque contra los colegas de Charlie Hebdo es una etapa más, pero tememos que no la última. Algo separa al hombre bárbaro del ser pensante. Y ese algo se diluye de manera paulatina para mayor pasmo del mundo, pero sin que nadie se atreva a detenerlo.

Esa división tajante entre el Yo y el Otro será la ruina de la causa humana, que no solo del periodismo. El desconocimiento y anulación del Otro es el precio que se paga en el culto furibundo a la individualización o la masificación manipuladora por parte de algunos. Defender a una revista significa, en estos momentos, el sentido de lo humano. ¿Qué será de la humanidad sin su esencia de lo humano?

O están conmigo o están en mi contra. Parece la consigna que persigue al periodismo en todo el mundo. Al diablo las categorías que el ser humano se ha inventado para separar unos países de otros, nada de primer o tercer mundo. El periodismo, y la cada vez más lejana libertad de prensa, son atacados a diestra y siniestra por todos aquellos que defienden ideas con argumentos cada vez más trogloditas.

Siempre estos personajes toman posiciones que se llevan por delante a quienes no estén a su favor y en ese caso los periodistas pasan a ser peones de un ajedrez que se llama ignorancia en todos los idiomas; si el periodista, en todo el sentido de la palabra (reportero, fotógrafo noticioso, presentador, editor, CARICATURISTA, etc.) publica algo a favor del pensamiento de ciertos actores sociales, en ese caso es un gran periodista, habla por aquellos que no tienen voz; pero en el caso contrario, si publica algo que diste de lo que estos fanáticos defienden, pasa a ser el malo de la película y, en muchos casos, será el objetivo militar. No existe libertad de prensa en un mundo que espera que el periodismo sea el defensor de ideas que atenten contra la democracia, y que sea, además, un discípulo defensor de lo que es indefendible.

Rechazamos todo tipo de acción que atente contra la libertad de prensa en cualquier parte del mundo. Nunca, nunca el periodismo bajará la cabeza frente aquellos que piensen que con sangre se silencia la verdad. Llegó la hora, dejando aparte ideologías o creencias, de sentirnos todos como uno, como aliados, pues al fin de cuentas Je Suis Charlie (Yo soy Charlie). En París nos han matado y herido a todos, a todos quienes pensamos todavía en el sentido de lo humano, en la reafirmación de ser diferentes.