EL COVID Y LA MALA GESTIÓN ADMINISTRATIVA (III)

Aún no nos ha llegado el máximo aumento de contagios y esto gracias a que la mayoría de ciudadanos hemos acatado el confinamiento y, mientras tanto, en las medidas para atacar las consecuencias del Covid 19 el Gobierno Nacional continúa profundizando las aplicaciones neoliberales, favoreciendo especialmente el sector financiero.

 

Por / Adriana González Correa

La famosa proclama del presidente del partido liberal César Gaviria, en 1990, de ¡Bienvenidos al futuro!, sumergió a los colombianos en el júbilo de las privatizaciones. La excusa perfecta: el estado funciona mal, es excesivamente grande y corrupto, y constituye monopolios en áreas como la de servicios públicos domiciliarios, salud y pensiones, entre otros.

La consigna de la época era la de reducir el estado a su mínima expresión, entregando a los particulares la prestación de los derechos, que con el cambio de paradigma económico, el concepto se redujo a “servicios”. En medio de la euforia del futuro, los ciudadanos recitaban cual rosario las nuevas fórmulas y aplaudían las apuestas del partido liberal y sus correligionarios.

Con el tiempo, el descontento por el abuso de los privados se sintió en la población y los pobres fueron sumando uno a uno las listas de los más desposeídos.

Pero solo hasta la aparición del Covid 19 los colombianos comprendimos el dantesco panorama que ha dejado el hecho de desmantelar el Estado en el curso de treinta años. Por ejemplo: descubrimos que en Colombia había doscientas mil familias desconectadas por falta de pago del servicio público, o derecho esencial, al agua, esto, sin contar con aquellas que por vivir en la marginalidad absoluta carecen incluso de acueducto y alcantarillado.

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Al mismo tiempo, se descubrió que la informalidad no solo está concentrada en la población dedicada a las ventas ambulantes –como nos lo habían hecho creer las estadísticas del DANE, los conglomerados económicos y los medios de comunicación–.

La informalidad también se asienta en la “supuesta” clase media: la de los pequeños negocios con muy pocos empleados y de contratación informal, en la gran cantidad de profesionales también dedicados al rebusque, en la ingente cantidad de contratistas de prestación de servicio gubernamentales, en las famosas OPS del personal de la salud del sector privado y público, solo por mencionar unos sectores.

Otro elemento evidente de nuestra ficticia estabilidad económica es la inexistencia de la clase media, que carece de capacidad de ahorro, pero posee alta posibilidad de endeudamiento: casa, carro, vacaciones, bienes de consumo y de lujo, por lo que una crisis como esta revienta su burbuja al contacto con el aire.

Pero la tragedia que deja a su paso el neoliberalismo no solo aflora en Colombia y en consecuencias concretas como la flexibilización laboral y el empobrecimiento sistemático de la población, también las cadenas de producción alimenticia son víctimas de este modelo.

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Uno de los artículos más interesantes que he leído por estos días, afirma que toda pandemia tiene su historia y causalidad, y el Covid 19 no es la excepción.

Afirma el articulista que el modelo de explotación ganadera intensiva implementado desde los años 80 ha hecho que se corra la frontera territorial, por tanto el margen de distancia entre animales salvajes y domésticos se ha reducido considerablemente, hasta el punto de generar el paso y la mutación de virus de una especie a otra y de ahí el salto a los humanos es más que factible.

Por otra parte, ese mismo modelo económico neoliberal que además ha puesto la ganancia por encima de los derechos, deja hoy al descubierto la precariedad de los sistemas de salud públicos y privados en el mundo entero.

El sistema público de salud está asfixiado por la descapitalización intencionada por parte de los gobiernos neoliberales, por un lado, y por el otro, los sistemas privados que buscan maximizar la ganancia a costa del deterioro de la prestación del servicio –ambos precarizando al personal de la salud–, han evidenciado que el modelo de gestionar este derecho con una idea meramente economicista es realmente catastrófico para la ciudadanía, pues son incompetentes a la hora de prestar el servicio de salud, tanto en la normalidad como en la crisis.

Visto lo anterior, queda claro que si nuestro sistema de salud público se hubiera fortalecido durante los últimos años, estaríamos mejor preparados para enfrentar una amenaza viral como la que padecemos, posiblemente la población menos empobrecida tendría ahora más insumos para enfrentar un confinamiento de más de un mes sin tener afectaciones económicas tan graves como las existentes.

La economía que indiscutiblemente se afectará en Colombia y en el mundo entero muy posiblemente tendría una recuperación menos lenta a la que predice la propia CEPAL, quien afirma que habrá una contracción en LATAM de -5.3% en 2020, la peor en la región desde 1914. La pobreza extrema se aumentará en 16 millones y la pobreza en 29 millones de personas.

Aún no nos ha llegado el máximo aumento de contagios y esto gracias a que la mayoría de ciudadanos hemos acatado el confinamiento y, mientras tanto, en las medidas para atacar las consecuencias del Covid 19 el gobierno nacional continúa profundizando las aplicaciones neoliberales, favoreciendo especialmente al sector financiero.

Como siempre, ciudadanos del común padecemos las malas decisiones administrativas en un sistema putrefacto que enriquece sin control y obscenamente a unos pocos privilegiados que superviven parasitariamente del esfuerzo de las clases precarizadas y hasta sin derechos.

Espero que la lección de esta tragedia permita generar reflexiones ciudadanas en torno a cambiar los modelos de muerte, exclusión, marginalidad, por economías que fortalezcan lo público, que, como siempre, es lo único que rescata verdaderamente la economía comunitaria.

@adrigonco