IAN LOPEZ (NOV 2013)Y uno abría el correo, ansioso por reconciliarse con la vida, y la música inundaba el espacio, y las aves danzaban en mis cabellos, y de pronto el cielo se anaranjaba y la brisa del mar me arropaba, y se acababa la presentación y le decían a uno que tenía que enviarle esa diapositiva a 30 personas más para tener prosperidad económica, recibir una gran noticia en ocho días, o alguna ventaja al momento de pedir ingreso en el cielo.

Por Ian Lopez

Siempre me pregunté quién era el desocupado que se ponía a hacer las frases de las diapositivas estas de prosperidad, supera tus bloqueos, la energía del universo, del perdón, del amor, de las piedras, hasta la del mamoncillo. Porque se pone uno a pensar, ¿será una compañía, será un señor viejo con gafas, será un contrato por obra y labor o será por temporal? Y este año me llegó la revelación, y no vayan a creer que es cualquier cosa: tiene un salario bien remunerado, una oficina con vistas a una hermosa plaza, tiene secretarios y el contrato es de por vida. Para este momento, ya muchos sabrán de quién se trata, quienes no, es el hoy Papa: Jorge Mario Bergoglio.

¿Quién más iba a ser? Gracias a Dios que quedó elegido él y ahora podemos ponerle rostro a ese misterio de la meditación y la espiritualidad. Para quienes aún no están muy convencidos, quiero que imaginen un prado verde con árboles de naranja muy frondosos, una canasta con deliciosas y suculentas frutas, y en el fondo un mantel a cuadros con un trío de gatitos bebés, y en la esquina superior derecha, cerca al sol, aparece el siguiente mensaje: “El primero en pedir disculpas, es el más valiente. El primero en perdonar, es el más fuerte. El primero en olvidar, es el más feliz”. Todo esto acompañado de música celta, de Enya puede ser, y unos efectos de transición entre las diapositivas que varían a cada momento.

No me extraña que Ponti, como le deben decir sus amigos, tenga plena aceptación entre la audiencia mundial, ¡Toda esta generación creció con esas diapositivas! Esas que, en el nombre del correo, decían: “FWD: RE: Esto tienes que verlo”, acompañado de un mensaje: “A mí me ha hecho reflexionar”. Y uno abría el correo, ansioso por reconciliarse con la vida, y la música inundaba el espacio, y las aves danzaban en mis cabellos, y de pronto el cielo se anaranjaba y la brisa del mar me arropaba, y se acababa la presentación y le decían a uno que tenía que enviarle esa diapositiva a 30 personas más para tener prosperidad económica, recibir una gran noticia en ocho días, o alguna ventaja al momento de pedir ingreso en el cielo.

Me imagino que la disminución del flujo de este tipo de diapositivas se debe, en parte, al nuevo empleo de Bergoglio, y dirán: “pero es que él apenas es Papa desde este año”. Bueno, yo diría que igual como cardenal tenía mucho trabajo, y si suponemos que se volvió seguidor de la Generación iPhone, ahí tiene para tener menos tiempo de dedicarse a la reflexión de largo aliento que no sea eucaristía. Pero gracias a la misma tecnología, Bergoglio tiene hoy un medio más sencillo, práctico y efectivo: Twitter.

Con sus múltiples cuentas y sus millones de seguidores, el Papa se ha convertido en un faro de luz, y no solo para la iglesia católica; sus mensajes de reflexión sobre la espiritualidad, el amor, la vida cotidiana, y los distintos problemas que afrontamos como seres humanos, han logrado calar en la mente de muchos, incluso de los más escépticos; quienes encuentran en él una persona que nos comprende en la diferencia y entiende que no es nadie para negarle la entrada al cielo a un apóstata, a un hermano separado, a un homosexual, a una concubina o a una pareja conviviendo en pecado; y que, además, no debe atribuirse dones divinos, pues es tan humano y pecador como nosotros. Ha demostrado tener la entereza suficiente para tratar temas tabúes dentro de la comunidad cristiana y salir invicto.

Estamos viviendo un momento de bastante escepticismo en cuando a las religiones, la espiritualidad y, sobre todo, frente a la iglesia católica, la cual se ve bombardeada por todo tipo de escándalos sexuales (sobre todo de pedofilia); y la aparición de esta cabeza tan bien puesta parece mentira. Si bien Karol Wojtyla, conocido como Juan Pablo II, contaba con excelente acogida entre los fieles, Bergoglio ha logrado transmitir el evangelio, los valores y los consejos, con un lenguaje más moderno y adecuado para la (de)generación digital del Siglo XXI.

Mi propósito con este escrito no es, como quizá crean, tratar de convertirlos a la fe cristiana o hacerlos ir a misa cada ocho días, sino darle una palmadita, virtual también, al Papa, porque se necesitan más que buenos argumentos para hacer reflexionar a un pueblo que está más preocupado por sobrevivir al día a día, que por ahorrar para una supuesta eternidad de gloria.