David Harvey lo dijo: “el modo en que es modelado el espacio puede tener profundos efectos sobre los procesos sociales”; por eso es lícito concluir que los lugares se degradan cuando las relaciones sociales que les dan sentido y orden, por alguna razón, se afectan.

Por Felipe Chica

El barrio San Bernardo quedó aislado  después de que se construyera  la avenida décima, quedó entre la primera, la sexta  y los impactos del cierre definitivo del Hospital San Juan de Dios que generaba toda suerte de empleos en el sector y miles de relaciones vecinales. Hoy es una de las emergencias humanitarias más peliagudas de Bogotá donde reina la anomia que atrajo a miles de habitantes de calle, luego que se interviniera el Bronx. David Harvey lo dijo: “el modo en que es modelado el espacio puede tener profundos efectos sobre los procesos sociales”; por eso es lícito concluir que los lugares se degradan cuando las relaciones sociales que les dan sentido y orden, por alguna razón, se afectan.

Si Enrique Peñalosa aceptara esto como un reto de política urbana se esforzaría en preparar a Bogotá para la implementación de los acuerdos, recomponiendo los tejidos sociales que han destruido 52 años de guerra y que se ve tan claro en esta multitud que se da en la jeta por un puesto en Transmilenio. Una forma de hacerlo es revitalizando los lugares degradados por nuestro urbanismo criollo.

Y el San Bernardo no es el único caso. Como en los medios todo pasa tan rápido que no hay tiempo de entender nada, el  Voto Nacional, donde se construyó la Basílica en honor a la paz después de la guerra de los mil días, terminó siendo el Bronx, luego de que la zona quedara aislada por la avenida Caracas y que el señor Peñalosa destruyera el Santa Inés para crear el parque tercer milenio, bajo el lema de “acupuntura urbana”.

Y acá no me voy a desgastar diciendo si ‘lo del Bronx’ estuvo bien o mal. La otra discusión es la que no aparece en los titulares. La del proyecto ‘Ministerios’, la de los peces gordos que están comprando a dos manos terrenos, la de los viejos grandes propietarios de la zona que estaban esperando este momento, la de los pequeños que tal vez sean expropiados por estar en una zona de interés público y, por supuesto, la del drama humano que hay de fondo en todo este episodio que promete ser un gran  festín inmobiliario, de esos que tanto le gustan a las constructores de este país.

El cuerpo humano y la ciudad se parecen mucho, pero clavar una aguja en el corazón no es garantía de salud. Valdría la pena mirar las orejas. En las periferias, donde viven las mayorías trabajadoras, también reina la inseguridad.

Hubo un tiempo en el que el ‘urbanismo’ se centraba en la “limpieza y el orden” como pilar de la modernización y la recuperación del espacio público para generar mayor  seguridad. Les llegó el turno a las señoras ricas de Bogotá para tomar tinto con sus amigos extranjeros en el centro sin sentir vergüenza.