En marcha la locomotora ciudadana pro referendo derogatorio

Es en las calles, con la movilización pacífica, donde se podrá hundir, y no exclusivamente con los trinos de respetables generadores de opinión ni mucho menos en los laberintos institucionales, donde el gobierno y sus aliados se mueven como pez en el agua.

Por: Carlos Victoria

 
Desde el mismo momento que se impuso la autodenominada Unidad Nacional, con Santos a la cabeza y Uribe empujando, dije públicamente en el 2010 que había triunfado la corrupción y que, por tanto, poco o nada podíamos esperar de un gobierno comprometido con una clase política especialmente degradada que no legisla en favor de los intereses públicos y de la Nación, sino en su propio favor y, además, en correspondencia con los grupos hegemónicos de poder, incluyendo por supuesto a las mafias de diversa estirpe.
 
La reforma a la justicia no es más que la comprobación de esta afirmación. Ahora que Santos sale a lavarse las manos  pretendiendo esterilizar este golpe mortal a la Constitución, resulta aún más indignante. Le habla a los 9 millones que votaron por él y su fórmula vicepresidencial, hoy en estado de coma, como en realidad está el país: moribundo. Ya lo había hecho con la ley de vivienda, como mecanismo para institucionalizar, de una vez por todas, la corrupción política a través de la compra de votos. En el mandato anterior la estrategia corrió por cuenta de los falsos positivos. Con miles de víctimas a sus hombros le hicieron creer a los colombianos que la seguridad democrática era la panacea.

 
Solo una sociedad corrompida admite y tolera que  sus representantes hagan y deshagan con la cosa pública. Los sectores progresistas de la sociedad, aquellos que aún no han claudicado ética y moralmente, apoyan la idea de un referendo derogatorio que tumbe una reforma constitucional hecha a la medida de favorecer privilegios y evitar, a la postre, que los congresistas vayan a la cárcel por sus delitos. Estoy de acuerdo con la iniciativa, teniendo en cuenta una realidad: en las regiones  los mismos que votaron la reforma controlan el voto corruptor. El que sostiene unas instituciones cada vez más putrefactas y sanguinarias. Sin embargo, desde el punto de vista político, se abrió un espacio ciudadano insospechado, poniendo en aprietos al gobierno y su coalición.
 
Las reformas de esta naturaleza no se tumban en las redes sociales. La furia twittera de estos días es un buen combustible para encender la indignación de cientos de miles de colombianos, pero ojo: los estudiantes universitarios doblegaron a Santos y a la Ministra de Educación, pero en las calles. Allí derrotaron un proyecto de Ley con el cual se pretendía legitimizar la privatización de la educación. ¿Sucederá lo mismo con esta reforma? Es en las calles, con la movilización pacífica, donde se podrá hundir, y no exclusivamente con los trinos de respetables generadores de opinión ni mucho menos en los laberintos institucionales, donde el gobierno y sus aliados se mueven como pez en el agua.
 
Las últimas movilizaciones populares y ciudadanas en pos de la justicia y la reparación, contra los estragos de la minería y la privatización de la educación, la ley 100, y en demanda de derechos, son un síntoma inequívoco de una sociedad civil más madura. Esto sucede con sectores comprometidos con la justicia social. Sin embargo las mayorías, las del voto útil, están aupadas a redes que  toleran y aprueban las fechorías de sus patrones. En las últimas elecciones presidenciales cientos de líderes fueron cooptados con la promesa de un contrato o cualquier dádiva. Son estos los que sostienen el contrato social de la corrupción. Y es a este escenario que también se enfrenta la iniciativa pro derogatoria.
 
Mañana, muy temprano Eduardo Aldana, Alejandra Barrios y otros ilustres académicos, exmagistrados y líderes sociales inscriben oficialmente el Comité Pro referendo derogatorio de la reforma a la justicia, dando inicio a un proceso que dará apertura a nuevo episodio de la historia política de la nación. A impulsar la locomotora derogatoria están invitados los ciudadanos y ciudadanas que aún creemos en un mejor país para nuestros hijos, dejando a un lado el miedo y transformando la indignación silenciosa en un despertar democrático, sembrando de esperanza el horizonte de una Colombia saqueada y humillada por la violencia y la corrupción. A empujar se dijo. Necesitamos un Congreso y unas reformas a la medida de los intereses públicos.