Jhonattan ArredondoGCada una de las cosas que en esta tarde la lluvia se quiere llevar, borrar y despojar de mi cuerpo; esas pequeñas cosas que con el paso azaroso del tiempo se convierten en cosas grandes, gigantescas; difíciles de olvidar, de clausurarlas del todo.

 

Por: Jhonattan Arredondo Grisales

Camino rápidamente. La lluvia amenaza con dejar empapados hasta mis recuerdos. No detallo el golpeteo de las goticas de agua sobre el suelo; esa música que embarga de nostalgia a toda la ciudad. Parece como si la lluvia quisiera despertar a sus muertos, bañarlos en ilusiones; despertar a la memoria y a los espectros que transitan en ella. Paso por calles y calles cubiertas de agua, agua que no es agua sino lagrimitas que caen del cielo, de un cielo color cenizo, oscuro. El cielo azul, azulito; ese cielo se ha ido. ¿Volverá? No lo sé, pero que venga pronto, tan rápido como estos pasos que se niegan a olvidar. ¿Olvidar qué? La montaña, el monte, los frutales, el verde, la pureza, la armonía, el trinar de los gorriones, el taconeo de las brujas en el techo, el mito y la leyenda… ¡Olvidarlo todo! Cada una de las cosas que en esta tarde la lluvia se quiere llevar, borrar y despojar de mi cuerpo; esas pequeñas cosas que con el paso azaroso del tiempo se convierten en cosas grandes, gigantescas; difíciles de olvidar, de clausurarlas del todo. Camino por cuadras y cuadras confundiendo a los grandes edificios con los cañones de mi tierrita; allá, donde canta el pájaro cenizo: el pájaro del misterio. Confundo todo mientras camino entre la niebla, los callejones y los samanes abatidos, deshojados. ¿Y la lluvia? Sigue, sigue, no quiere parar; se presenta inclemente, tormentosa. Ella, la lluvia, no sabe de sentimentalismos, no es piadosa con esas debilidades. Sigue y no quiere parar, punto. Eso es todo. ¿Todo? No, todo no, de allá arriba hay mucho que decir; muchas cosas por contar, pero en esta tierra es mejor guardar silencio; callar; ser un desterrado. No me queda más que caminar; deambular entre las calles jugando a ser Don Quijote: caballero andante que confundió a los molinos de viento con los gigantes. Caminar entre las calles evitando olvidar. Caminar bajo una lluvia que quiere llevarse hasta mi alma. Caminar bajo el cielo que es tan estruendoso como la tierra misma. Ser un caminante que comprendió que la soledad no está tan sola como parece; pues en ella habitan miles de recuerdos.