El gótico es un lenguaje en muchas direcciones, no solamente en la dimensión física a través de la piedra, sino en la dimensión espiritual y en la dimensión del conocimiento y de suma de saberes, como las enciclopedias que pretenden contener en un solo aspecto la gran diversidad del saber que hasta entonces se conocía.

 

 

Por: Víctor Hugo Mejía Anichárico

“La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados”

Jean Paul.

 

El 15 y 16 de abril del presente año fueron días nefastos para uno de los símbolos más representativos de París. La catedral de Notre Dame fue en parte arrasada por las llamas. La tristeza y el pánico se entrelazaron en un sentimiento que se apoderó de miles de personas al considerar la pérdida de uno de los patrimonios de la humanidad más queridos en todos los tiempos.

Este emblema es la memoria viva de la historia de Francia, de la historia de Europa, de la historia de las catedrales góticas, está hecha de una manera que ni siquiera es concebible en el tiempo de la inmediatez. Fue en el siglo XIII que se empezó a edificar la catedral de Notre Dame, la cual tuvo la idea de ser una memoria, como una especie de enciclopedia arquitectónica, es decir, que contuviera en su interior la memoria del conocimiento y del saber que se tenía en ese momento del Universo.

Por eso tiene los datos de la biblia, los datos de los veintiocho reyes, tiene los doce apóstoles y los cuatro evangelistas, contiene toda la idea conocida hasta ese momento del Cosmos. El gótico era la búsqueda de la luz, hoy por hoy el gótico representa una tendencia de aspectos oscuros; pero no, resulta que el gótico era la búsqueda de la luminosidad proyectada en el Universo, de tal manera que se creara una fusión con Dios desde lo alto de la arquitectura, en un momento en que las catedrales se construían en varias generaciones. Esta gran obra, como la vemos ahora, se culminó en el siglo XIX.

Por eso, este insuceso para nosotros los neófitos en muchos temas de las artes góticas, arte a través del cual podríamos comprender el “pensamiento de nuestros antepasados” como bien lo escribe Fulcanelli en su libro El misterio de las catedrales, se convierte en una catástrofe para el arte, un magnicidio, si se me permite la expresión, de la más fiel y antigua representación de la arquitectura gótica medieval y de una especie de alquimia dorada convertida en templo.

Allí, donde han sucedido tantos hechos representativos de la historia de la humanidad, como coronaciones de personajes, honras fúnebres de otros tantos, así mismo los múltiples intentos de su destrucción en contextos como la Revolución Francesa o la Segunda Guerra Mundial, intentos afortunadamente infructuosos, no se concibe que un simple descuido haya provocado una chispa inicial para derivar en semejante conflagración destructora de algunas sectores y objetos que han sido considerados reliquias de la humanidad.

Así mismo, con las tecnologías actuales de prevención y extinción de incendios tan desarrolladas a través de la automatización de detectores de humo de alta precisión, es inaudito que uno de los recintos más custodiados del mundo moderno haya sucumbido en parte y dejado al descubierto la falta de medidas de prevención del desastre acaecido al gran recinto colmado de recuerdos y de elementos del arte gótico que no se recuperarán. Algo inconcebible en el mundo actual.

En algún tiempo saldrán al aire las posibles causas del desastre, y entonces el señor Macron sacará pecho haciendo frente a la situación, con múltiples palabras que adornarán los motivos superfluos, como aquel que ya fue develado de las colillas de cigarrillos encontradas en los andamios donde algunos obreros se hallaban realizando trabajos de remodelación de la iglesia.

Notre Dame es testimonio vivo del presente y del pasado, es testimonio de todo el tiempo gótico donde se pretendía la inmortalidad con la divinidad, es el centro de todos los caminos de París y de Francia, uno de los símbolos más importantes de Europa como continente y como civilización, es el testimonio sobreviviente más importante que queda de la época gótica, es una memoria que ha trascendido las épocas, las generaciones, las visiones del mundo, el medioevo, la modernidad, el frenético siglo XX, la inmediatez de esta era de redes, todo aquello que vemos como una proyección del pasado y del presente, en un tiempo que no podemos concebir ni la inmortalidad ni la trascendencia, ella es el símbolo de la trascendencia. Ella tiene una lectura invisible de la trascendencia del mundo.

El gótico es un lenguaje en muchas direcciones, no solamente en la dimensión física a través de la piedra, sino en la dimensión espiritual y en la dimensión del conocimiento y de suma de saberes, como las enciclopedias que pretenden contener en un solo aspecto la gran diversidad del saber que hasta entonces se conocía.

Por eso ha sido tan importante, tan dramático y tan sobrecogedor ver a Notre Dame envuelto en llamas.

A estas alturas ya son miles de millones de euros recolectados para la recuperación total de la catedral. Ojalá lo sucedido sirva de experiencia a los ojos de la humanidad, es decir, de los que dirigen los sistemas gubernamentales, para que no se repita la historia como aquel que no la conoce y está condenado a dicho suceso.

Desde estas ventanas contemplando siempre estoy a quienes jamás sabrán mi nombre. Al mirar sus caras, escondido como hoy, siento que yo apenas soy un hombre. Al pasar me dejan sus historias, no oirán jamás de mi memoria. Yo me estoy muriendo por saber lo que es pasar sólo un día en compañía. Ahí fuera, libre bajo el sol. Dame un día ahí fuera para respirar su olor que lleva el aire. Donde viven sin sentir lo que es para mí el vivir un día ahí.

Quasimodo, en la obra Nuestra Señora de París de Víctor Hugo.