Ellas se encargaron de instruir visualmente a una población analfabeta, sobre la importancia del culto religioso al interior de este templo monumental…

 

Por Martín Rodas*

La primera imagen que se me pasó por la mente cuando me di cuenta de que la Catedral de Notre Dame, en París, estaba en llamas, fue el de las gárgolas, esos seres míticos que asoman desde las alturas de esta imponente construcción gótica medieval y que han acompañado nuestra imaginación literaria alentada por un Víctor Hugo que se encargó de convertirlas en personajes fundamentales de la literatura universal.

Quasimodo, el jorobado de Nuestra Señora de París, la novela del gran poeta, fue quien nos introdujo en los misterios de estos seres fundidos entre lo animal-humano-demoníaco, que representaban ese averno que habitaba en las calles del París medieval.

Ellas se encargaron de instruir visualmente a una población analfabeta, sobre la importancia del culto religioso al interior de este templo monumental, a riesgo de que su alma fuera consumida por el fuego infernal. Paradójicamente, la que terminó incendiada fue la bella catedral, y en una época fundamental del catolicismo: la Semana de Pasión.

Soy una persona sumamente respetuosa de las creencias religiosas y también de los lugares sagrados, a los que ingreso frecuentemente para sentir y percibir lo trascendental que estos sitios emanan. En la Catedral de Notre Dame estuve a través de mis lecturas y las imágenes fantásticas de ilustraciones, fotos, grabados y películas desde hace mucho tiempo. Para mí ha tenido gran significado y la considero parte de mi imaginario creativo, pues inspira esas otras gárgolas que han sido parte de mi producción como pintor y escritor.

La Catedral de Manizales siempre la he hermanado con la de Notre Dame, y recuerdo las palabras del maestro Rodrigo Arenas Betancur, cuando beodo y lúcido, inauguró su Bolívar Cóndor de la Plaza de Bolívar con las palabras: «Esta es la gárgola que le faltaba a la Catedral».

Referencia bibliográfica: Vélez Correa, R. (1987). La pasión de las gárgolas. Manizales: Instituto Caldense de Cultura. (Dibujo carátula: Jorge Vélez Correa).

Curiosamente, en el equipo que trabajó con el maestro para la elaboración de esta escultura, estuvo el artista Jorge Vélez Correa, hermano del escritor Roberto Vélez Correa, quien escribió la novela La pasión de las gárgolas, de la cual retomo el título para mi columna y que refleja sutilmente esa relación simbólica entre estos seres bellamente monstruosos y su capacidad para reflejar nuestra sociedad, en metamorfosis permanente entre el bien y el mal.

Tengo entendido que las gárgolas de Notre Dame se salvaron del incendio, afortunadamente, y que ya hay un plan para la reconstrucción, lo cual me alegra, pues ahora más que nunca se constituye en ese referente que nos ha permitido tener obras en el mundo inspiradas en su riqueza cultural, desde novelas como la del importante escritor caldense Roberto Vélez Correa y la escultura del maestro Rodrigo Arenas Betancur al frente de nuestra Catedral.

Como un homenaje a la Catedral de Notre Dame y para que su majestuosidad renazca de las cenizas como el Ave Fénix, recomiendo la lectura del libro del maestro Roberto Vélez Correa, clásico de la literatura caldense.

*  Poeta, anacronista y pintor; editor de «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)». «el maleTíN (microlibrería)»