El cuento es que soy proclive a la lectura de periódicos viejos: el  paso del tiempo tiene la particularidad de revestirlos de un interés distinto al del mero consumo de información. Así que en  la edición de abril de 2017 de la separata Agronegocios, publicada en el diario económico La República, encontré una pregunta: “¿Cuánto cuesta mantener a su mascota cada mes?”.

 

Por: Gustavo Colorado Grisales

Entre los campesinos todavía es corriente el uso de  la palabra bestia para referirse a los animales en general y a los caballares en particular, como una manera de trazar fronteras naturales: los humanos aquí, las bestias allá y todos tan contentos.

Así que no se asusten por el título. Sobre todo el cada vez más numeroso grupo de personas que consideran despectiva  la palabra mascota y por eso utilizan  la expresión “Animales de compañía”.

Créanme: me suena tan artificiosa, tan demagógica esta última frase que cuando la escuché por primera vez en boca de una mujer creí que se refería a sus amantes de ocasión.

Pero ya tendremos tiempo para hablar de eso. El cuento es que soy proclive a la lectura de periódicos viejos: el  paso del tiempo tiene la particularidad de revestirlos de un interés distinto al del mero consumo de información. Así que en  la edición de abril de 2017 de la separata Agronegocios, publicada en el diario económico La República, encontré una pregunta: “¿Cuánto cuesta mantener a su mascota cada mes?”.

Inquieto como vivo por las variadas manifestaciones de la locura humana -empezando por la mía- me hundí en la lectura  y volví a la superficie quince minutos más tarde, con estar perlas:

Certificado de vacunación para el ingreso al colegio: Valoración veterinaria, entre $80.000 (U$ 30) y $150.000 ((U$45) por consulta.

Plan completo de alimentación: Desde $120.000 (U$ 38) dependiendo del tipo de concentrado.

Deportes caninos: Desde $600.000 (U$180) (agility, obediencia competitiva o flyball).

Colegio semanal con ruta diaria: de $450.000 (U$ 45) a  $650.000 (U$190)

 ¡Ah carajo, me equivoqué de página!  Exclamé, pensando que hablaban de algún ambicioso programa enfocado a la buena educación de los niños. Eso, a pesar de las palabras veterinario y canino: el candor siempre le juega a uno malas pasadas.

Así que continué:

Hotel cinco estrellas,  guardería, colegio, internado…

¡Y pensar que habitamos un planeta donde la comida se pudre en un hemisferio y la gente se muere de hambre en el otro! Le espeté al cartel de Jim Morrison colgado frente a mi silla de lectura.

El mutismo del cantante me obligó a interrumpir la sesión televisiva de las tres damas con las que comparto mi vida: mi mujer, mi hija y mi gata. La mirada de estupor de esta última me indicó que era inútil buscar comprensión. ¿Y por qué a mí me das comida barata y nunca  me llevas al spa? Reclamaban sus ojos azules.

 Llegados a este punto hice lo que siempre hago cuando no hay remedio: enciendo el computador y me siento a conversar con ustedes.

Parafraseando a Alfonsina Storni, es mi manera de no morir.

Recordé que una pariente lejana tiene un perro adicto a las pastillas. Se las suministra cada día para conjurar las ansiedades que ella misma le contagió.

Creo que por ahí va el asunto: cada vez más alienados de nuestra condición  humana por un modelo de sociedad donde el consumo, el derroche y la competencia feroz son el único asidero, invadimos  el reino animal -el de las bestias- sin darnos cuenta y por eso mismo sin respeto alguno por su condición. Muchos de esos que los quieren tanto no solo los obligan a llevar vestidos  y arandelas, sino que,  dependiendo de la raza, les cortan las orejas y la cola, “para que se vean más lindos”, según le escuché decir a una chica de lo más cool.

Esa forma de comportamiento quizá sea otro síntoma de nuestro desamparo, al lado de la proliferación de sectas y santones, de la indiferencia por lo público y del autismo cada vez más notorio del homo digital.

Pero esto no es una acusación. Todo lo contrario. Es un reconocimiento al tesón de la criatura humana. Milenio tras milenio ha hecho todo lo posible para mejorar las cosas. Los avances  de la ciencia y la tecnología dan fe de ello.

Es más, antes de que el último hombre se extinga en el polvo infinito, podemos dejar  a modo de epitafio colectivo un aviso tallado en alguna montaña rocosa: Hicimos lo que pudimos.

Solo  que los problemas empiezan cuerpo adentro. Allí donde dicen que alienta el alma. Es entonces cuando descubrimos que habitamos en lo oscuro y salimos a pedir ayuda: fracasados en nuestro intento de humanizarnos, optamos por humanizar a las bestias, a ver si  la cosa sale mejor.

Ignoro lo que piensen los animales sobre todo esto. Trato de preguntárselo a mi gata, pero ustedes ya conocen el insondable mutismo y la indiferencia de estos animales ante los asuntos humanos.

Qué le hacemos, si somos apenas sus alimentadores y entretenedores.

PDT: Les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada