Humor del malo

Los seres humanos no somos estúpidos pero sí fácilmente “estupidizables”, no de otro modo aguantaríamos y celebraríamos a tanto payaso pavoneando su falta de inteligencia e imaginación.

 

Gloria Por Gloria Inés Escobar Toro

Que lo estúpido esté de moda no es algo nuevo ni propio de este momento histórico, la sandez siempre ha sido aplaudida y entronizada en la mayoría de las culturas por la simple razón de su baja o nula exigencia de esfuerzo. La fruición que produce la imbecilidad y la ramplonería es realmente pronta y fácil, no requiere ningún esfuerzo intelectual, al contrario, lo descarta.

Y es que ante la rudeza y el desgaste del diario vivir la tentación de evadir cualquier otro esfuerzo es bastante entendible; además como todos sabemos, una sonora carcajada resulta siempre una buena medicina para la angustia y el aburrimiento. Sin embargo, es posible conseguir el efecto relajante de la risa con inteligencia y elegancia y no con la chabacanería y ordinariez que caracterizan a tanto humorista como por ejemplo a El Águila Descalza y a The Suso’s Show, por mencionar dos de los espectáculos más taquilleros en nuestra región.

Ambos representantes del “humor paisa” son realmente monumentos andantes de la estupidez humana y tal honor se lo han ganado gracias a su humor aguado, reciclado, fácil.

El Águila Descalza está repleto de fórmulas gastadas como el hijueputazo limpio y profuso junto a otras palabras de la misma índole que arrancan de modo garantizado carcajadas inexplicables; sus actuaciones son carentes del chispazo y la creatividad propios de la inteligencia aguda de los verdaderos humoristas; además se caracterizan por una muy pobre puesta en escena y una ausencia absoluta de recursos actorales, carencias que son reemplazados por movimientos y muecas en un intento fallido de subsanar la falta de talento y trabajo de búsqueda.

De Suso, el paspi, prácticamente se podría decir lo mismo, lo diferencia su “arrebato de creatividad” el cual consiste en hablar y vestirse de manera ridícula, lo cual parece resultar irresistible pues su sola presencia ya gana entusiasmo.

Finalmente, ambas propuestas humorísticas coinciden además en apelar a la burla degradante y al uso de los estereotipos sexistas más burdos lo cual es otra evidencia más de la ausencia de imaginación y la completa falta de búsqueda artística.

Pese a todo ello, lo más detestable de espectáculos y “artistas” de esta clase es el efecto que generan y la función que cumplen.

El efecto fuera de poner a todos sus seguidores a imitarlos, es decir, a actuar y hablar ridículamente y a banalizarlo todo, no es otro que el adormecimiento, la aceptación y reproducción de una cantidad de ideas basura que la sociedad ha puesto a circular para que todo siga por el camino ya trazado, para que nada cambie, para que el mundo siga como va.

La función no es otra que contribuir al bloqueo de cualquier intento de actitud crítica, de acción social cuestionadora del orden; mantener adormecida e idiotizada a la gente, evitar que piense sobre la realidad en la que vive, castrarla mentalmente con la excusa de que no todo puede ser serio y trascendente.

Los seres humanos no somos estúpidos pero sí fácilmente “estupidizables”, no de otro modo aguantaríamos y celebraríamos a tanto payaso pavoneando su falta de inteligencia e imaginación.

 

Agosto 18 de 2014