¿Humor?

No sé si la señora Azcárate es consciente de que con su humor no está ayudando a oxigenar la misoginia que nos ahoga y nos agrede de manera brutal sino que por el contrario está ayudando a acrecentarla aún más.

Por: Gloria Inés Escobar

Escribir no es un asunto fácil, requiere cuidado, dedicación, entrenamiento, paciencia… pero sobre todo, reflexión. No se escribe a la loca o bajo un estado de gracia o iluminación. Se escribe pensando cada palabra, al menos la mayoría de ellas, al menos las más importantes, al menos las más gruesas, al menos las más explosivas. Y es que las palabras tienen existencia por eso tienen peso, fuerza, por eso matan. Y matan tanto figurada como literalmente. Y si esta afirmación parece exagerada pensemos en lo que significa un adiós para un enamorado empedernido o los riesgos reales que implica en nuestro país, por ejemplo, el declararse subversivo.

Esto es así porque las palabras no son meros sonidos huecos que simplemente suenan bien o mal, bellos o feos, sonantes a altisonantes, no, las palabras son la envoltura del pensamiento, la manifestación de nuestras ideas, son las que permiten encubrir o descubrir lo que pasa por nuestra cabeza. Así que las palabras tienen consecuencias, generan sueños o provocan cataclismos, construyen o destruyen. Por eso no se puede ir por ahí impunemente usándolas, lanzándolas de manera irresponsable o ingenua, publicándolas sin ningún miramiento.

Claro que hay libertad de expresión y las personas pueden en un país democrático como el nuestro, decir y escribir lo que quieran sobre todo cuando no se hace ninguna afirmación particular que involucre a personas concretas, cuando simplemente se opina sobre hechos o fenómenos generales que no tienen un rostro particular que las encarne. No es lo mismo decir que tal persona es corrupta que decir que la política es corrupta. Lo primero puede desencadenar un proceso judicial, lo segundo puede quedarse en simple especulación en el mejor de los casos, o en una real temeridad en el peor de ellos, si es que no se esgrimen pruebas contundentes.

Es así que una columna de opinión puede contener cualquier cantidad de afirmaciones generales, abstractas y ello no acarrear ninguna posibilidad de sanción jurídica, ello no contrariar ningún principio legal. Sí, una columna de opinión de este talante es perfectamente posible y usual pero también es cierto que una persona seria y con un mínimo de responsabilidad y conciencia social, se cuida de lo que expresa y publica para no lesionar y discriminar a las demás personas que hacen parte de la comunidad de seres humanos a la que todos pertenecemos aunque a algunos no les guste sentirse parte de ella.

Ninguna persona que lastime a otro(s) ser(es) humano(s) puede escudarse en una supuesta intención hilarante para justificar sus expresiones. Es cierto que muchas veces el humor y la risa nos ayudan a distensionarnos, a quitarle un poco de trascendencia y gravedad a los duros avatares de la vida, pero esa liviandad, esa descarga, esa catarsis resulta sana y hasta deseable sólo cuando involucra al individuo mismo que utiliza tales recursos o cuando efectivamente, ese humor expresado por segundas y terceras personas, cumple esa función.

De otro lado, lo que se dice y por supuesto, lo que se escribe, no es algo írrito, al contrario, como ya se dijo, es una forma de evidenciar los pensamientos con los que asumimos la vida. No se puede simplemente pensar algo y actuar de manera contraria a ello. No, las personas sensatas, coherentes y estructuradas piensan y actúan en consecuencia. Así que lo que cualquier persona diga es una muy buena pista para imaginar cómo actúa. Por eso es tan importante pensar lento antes de hablar con ligereza, por eso hay que reflexionar a conciencia antes de escribir precipitadamente, aunque sea en los terrenos aparentemente inocuos del humor.

El humor de la señora Alejandra Azcárate no me sedujo la primera vez que la escuché ni mucho menos ahora que la leí. El humor no es tarea fácil pues requiere de bastante inteligencia y no poca agudeza, cualidades que infortunadamente no abundan, así que difícilmente me acerco a la lectura de este género. Escuché a la susodicha humorista por insistencia de personas –lamentablemente mujeres- que me aseguraban que era fenomenal. La leí porque su reciente columna, Las 7  ventajas de la gordura, en una revista provocó tremenda reacción. En ambos casos quedé con la misma convicción, su humor es chabacano, burdo y deslucido. Para mí lo oído y lo leído de esta humorista fue suficiente ilustración.

Pero no se trata solo de gustos. El humor del Águila descalza no es de mis afectos por estereotipado, por poco elaborado, por fácil, pero no me parece agresivo ni discriminatorio, no al menos en la medida que sí me lo parece el de Azcárate. Ella, en el mejor de los casos, no hace más que repetir lugares comunes, fórmulas gastadas, chistes flojos que no hacen más que validar y perpetuar unas ideas retrógradas, acomodadas y finalmente funcionales dentro de un sistema que se alimenta de todas las divisiones de los seres humanos: hombres y mujeres, poseedores y desposeídos, feas y bonitas, blancos y negros, desarrollados y subdesarrollados, jóvenes y viejos, gordas y delgadas…

Estereotipos que nos limitan, nos cuadriculan, nos castran. Los seres humanos diversos entre sí sin excepción alguna, como cada uno de los seres que puebla este universo, hemos sido forzados a vivir en condiciones de desigualdad y segregación. Las mujeres especialmente sabemos de ello. Por eso irrita, por eso duele, por eso entristece que sea una mujer quien reproduzca y de este modo afiance, toda una ideología que ha hecho mucho daño directo a más de la mitad de seres humanos del planeta, e indirecto, a toda la humanidad. Muy distinta fuera nuestra historia si los seres humanos sin distinción alguna, hubiésemos trabajado en la construcción del mundo. Porque estoy convencida de ello considero que clamar y luchar por una vida libre de discriminación de cualquier tipo es un sueño irrenunciable, y contrario a lo que muchas personas creen, ello no significa tratar de abolir lo que no es posible, la diversidad. Las diferencias entre los seres humanos son reales, existen pero no implican en sí mismas desigualdad, injusticia, discriminación.

Finalmente no sé si la señora Azcárate es consciente de que con su humor no está ayudando a oxigenar la misoginia que nos ahoga y nos agrede de manera brutal sino que por el contrario está ayudando a acrecentarla aún más. No sé si es tal vez una mujer privilegiada a la que el sexismo de la sociedad no la intimida y no la daña. No sé si se ha creído el cuento repetido hasta el cansancio por las revistas, las canciones, el cine, etc., de que las mujeres valen solo por su apariencia y por su forma. No sé en fin si pretendía que las mujeres atropelladas, agredidas y denigradas por ella en su columna de marras se desternillaran de la risa ante su particular sentido del humor pero sí sé con toda seguridad que discursos como el suyo aparentemente insulsos, livianos y graciosos, contribuyen a enquistar un estatus quo que impide cualquier progreso para las mujeres y por ende, para la sociedad.