De la ética a la frenética necesidad de publicar

 “Verificar una información antes de hacerla pública es lo que diferencia al periodismo del entretenimiento, la propaganda, la ficción o el arte”: Núria Almiron

 

 MARITZA PALMAPor Maritza Palma Lozano 

La convergencia digital fue al periodismo como la lavadora a la ama de casa en tiempos en que esta solo lavaba a mano. Ni ha mejorado ni ha empeorado el oficio, y aunque sí lo optimiza en últimas solo es una herramienta.

En medio de épocas de industrialización avanzada y capitalismo feroz las nuevas tecnologías y el amplio acceso a la información son solo eso: nuevas tecnologías y amplio acceso a la información. Esto no hace ni más ni menos al periodismo, ni mejor o peor a los periodistas, y mucho menos pone en jaque a la profesión y al medio.

Así como una sentencia colombiana dice que la “ignorancia de la ley no sirve de excusa”, en el periodismo la existencia de unas nuevas dinámicas para acceder a la información tampoco sirven de pretexto para hablar de producción de contenidos irresponsables. El afán no justifica los medios. Y ahí sí qué vergüenza con aquellos que por no perder su trabajo publican la primera noticia que se atraviesa en el buscador de google; como fue el caso de Agencia Andina de Noticias, un portal  peruano que reprodujo material del sitio web satírico Actualidad Panamericana en febrero del 2014, llegando al punto de copiar las citas literalmente, y sin la más pequeña molestia de eliminar la falsa noticia que aún se puede encontrar en la página (ver).

Y situaciones como esta, que además replican sin reparo algunas emisoras nacionales como La Mega -de por sí una vergüenza para la comunicación- se hubieran podido dar independiente a la existencia de la convergencia digital ¿o acaso se puede pensar que la inmediatez y la accesibilidad son las culpables?, no, las cosas están sobre la mesa, o en este caso sobre la pantalla, y quien las usa es quien responde. El que es chismoso es chismoso, y el que es incompetente es incompetente; y hasta yo he dañado varias prendas de ropa por meterlas a la lavadora mezclando aquellas que destiñen con las blancas.

Hecho último que me hace pensar también si acaso me metí en lo que no me correspondía. De cualquier forma, ama de casa no soy ni seré pero nada pierdo con aprender a usar apropiadamente la lavadora. Lo mismo que pasa con el ciudadano común que en algún momento cumple una función fotoperiodistica cuando sube fotos en instagram con el hashtag  #incendiobogota, como lo hizo un ingeniero mecánico de la Universidad de los Andes, simultáneamente a la publicación de Agencia EFE América, cuando se presentó el incendio forestal en los cerros orientales de Bogotá durante el 01 de febrero.

Daño alguno no hizo el ingeniero con la publicación, ni yo con el deseo de aprender cosas de hogar. Lo cual a él no lo hace periodista ni a mí ama de casa. Está bueno mantener el margen con lo que no somos por más de que hagamos cosas que le correspondan al oficio, ya que no todo el que usa un medio es periodista –es más ni el cartón de graduados como periodistas implica que lo seamos– como no todo el que canta es artista ni todo el que escribe es escritor; eso es solo una ilusión de la democratización de la información.

El oficio es más que el medio y las herramientas para ejercerlo, hay un quehacer y unos objetivos sociales que no se improvisan; porque en definitiva mirar la receta de un postre para replicarla en casa no nos hará pasteleros, así como donar a la teletón no nos ha convertido ni nos convertirá en la nueva Madre Teresa de Calcuta, y ni siquiera en buenos ciudadanos.