La novela de La Tarde

Este es el espacio de los Comités Cívicos contra la corrupción en Risaralda y la Red nacional de Veedurías de Colombia.

William Restrepo

Por William Restrepo

El periódico La Tarde debería haber desaparecido desde el 15 de febrero, pero sigue publicándose. Diferencias políticas originaron la puesta a la venta del diario local. Y una mentira de $6 mil millones de pesos alimentó una fogata que por poco acaba con La Tarde. Esta novela comenzó cuando Horacio Serpa le pide autorización a César Gaviria para respaldar a la gobernación de Santander a Didier Tavera, sospechoso de haber tenido lazos muy fuertes con grupos paramilitares. El expresidente Gaviria, socio de La Tarde, autorizó el respaldo, siempre y cuando no lo hubieran condenado por ningún delito. Serpa, entonces buscó a los principales generadores de opinión por décadas en Santander: la familia Galviz, socios mayoritarios de La Tarde de Pereira, dueños de Vanguadia y otros diarios del país, quienes rechazaron de plano esa candidatura, y comenzaron una campaña contra Tavera en Santander, denunciándolo una y otra vez por supuestos nexos con el paramilitarismo. Y el pleito quedó expuesto. El triunfo de Tavera en las elecciones encendió la fogata.

Los Galviz pensaron entonces que un desquite con el expresidente Gaviria sería tocarlo en el diario de su tierra natal, de la que es también socio. Y así fue. Le anunciaron a Gaviria que el diario estaba a la venta y que un cliente, llamado Luis Carlos Ramírez, dueño del diario del Otún, había firmado una compra venta por $11.000 millones de pesos. Gaviria se asombró y de inmediato consultó con la Superintendencia de Industria y Comercio la que ordenó una investigación.

Delegados de la Superintendecia estuvieron en Pereira y encontraron el documento de compra venta original de esta transacción, y aquí está la mentira: la supuesta venta de La Tarde se había hecho por $5.000 millones de pesos, no por $11.000 millones, como le habían hecho creer al expresidente Gaviria, y entonces se declaró la guerra.

Hubo amenazas de investigaciones de la Dian a Galviz y Ramírez, y entonces llegó el pánico. La venta por 11 mil millones se cayó. Y la Superintendencia de Industria y Comercio les dio 90 días para resolver la situación, pero si hay venta será por $5 mil millones que es valor real del periódico y Gaviria tiene la primera opción. No se han cumplido los 90 días, mientras tanto todo ha quedado congelado, por eso La Tarde se sigue publicando, y se siguen haciendo convenios de publicidad a futuro.

Habrá investigaciones por el intento de elevar a una cifra ficticia el precio de un contrato a uno de los socios. La Dian seguramente quiere saber si en las demás actividades de Galviz y Ramírez, hay “mentiras” como esta que merezcan una investigación.

Del emporio editorial de la familia Galviz en Santander solo podría decir que son dueños de Vanguardia, un periódico tradicional de Bucaramanga y de otros diarios del país. Y que tienen mucha influencia política, social y económica en Santander.

Y del dueño del Diario del Otún, lo dijimos desde un principio, ¿de dónde iban a sacar 11 mil millones de pesos para comprar otro periódico y cerrarlo? Me pareció siempre, sin conocer las razones, como el más estúpido de los negocios. Siempre pensé que algo había oscuro y falso detrás de esta transacción. Y es que cuando un comerciante, como Luis Carlos Ramírez, se apodera de emisoras comunitarias en Risaralda para su beneficio personal, y le cobre a la comunidad por utilizar sus micrófonos, uno tiene que pensar que sus actuaciones son turbias y equivocadas. Pues ahora, tiene las consecuencias. No me imagino cómo podrá salirse de esta colada a la que su ambición y codicia lo llevaron. ¿Y qué explicaciones podrá tener de haber aceptado “mentir” para quedarse con un periódico que, sin saber qué hacer con él, planeaba cerrarlo, o esta sería otra mentira?

Esta novela me la contó así uno de sus protagonistas, una fuente de “alta fidelidad”, como decía el maestro Abella. Y tiene mucho sentido. Tal vez en este país no lo sea, pero de donde yo vengo, una mentira de esta magnitud es castigada ejemplarmente. Por una mentira cayó Al Capone. Por una mentira cayó Richard Nixon, y los que dijeron la verdad, aunque igual de culpables, sufrieron menos. Esta es mi opinión, cuál es la suya? Yo soy William Restrepo. Buenos días y muchas gracias.