Para mí, la desaparición de La Tarde obedece a la calidad de gobierno de socios y gerentes que es más costosa, menos eficiente y, sobre todo, menos comprometida que la gerencia de los dueños, de los dolientes.

 

alvaro ramirezPor: Álvaro Ramírez González 

Bajo la gerencia de Juan Guillermo Ángel Mejía se acordó la venta y cierre definitivo del Periódico La Tarde de Pereira, después de 41 años de existencia. Hoy el Presidente Santos acude a la celebración de los 95 años del Periódico la Patria de Manizales, al tiempo que Pereira despide también hoy al periódico La Tarde, que deja de existir.

Lamentable sin duda el cierre de una empresa y mucho más si es un medio de comunicación que enriquece y amplía la libre expresión de una comunidad. Pero la realidad es que para poder que llegue cada día un periódico a cada suscriptor, tiene que haber detrás una empresa que soporte, financie, venda y administre ese producto.

Y ese fue el talón de Aquiles en La Tarde. Alejandro Galvis Ramírez, socio mayoritario, es un hombre de medios, un aguerrido empresario exitoso y ganador, pero ha estado muy distante y los socios locales no fueron capaces de evitar el cierre. También es evidente la diferencia entre el gobierno de los socios y gerentes y el de los dueños; decía yo que los últimos no tienen horario, y cuidan cada centavo.

Con los gerentes y socios muchas veces no ocurre lo mismo. Fui gerente del periódico La Tarde a mediados de los 80, llamado por Galvis y César Gaviria a conjurar una crisis económica, por mi experiencia en ese tema. Después de una fuerte cirugía financiera y un trabajo duro en Mercadeo y organización, me retiré del periódico, dejándolo en magnífica condición y salud económica. Recuerdo también como gerente exitoso a mi amigo, el también exalcalde y desaparecido Roberto Arenas Mejía. Somos colegas de Eafit, una muy prestigiosa fábrica de gerentes.

En lo político, debo decir que por estas épocas ni La Tarde era ya tan liberal ni El Diario del Otún, tan conservador. Esos tiempos quedaron atrás. Fui columnista del primero algunos años y escribo mi columna en El Diario del Otún hace ya más de 25 años; jamás ha sido censurada mi opinión.

Es tiempo de recordar a Don Gonzalo Vallejo Restrepo, ilustre fundador de La Tarde. No solo estuvo sentado en su escritorio hasta que la salud se lo permitió, escribiendo sus editoriales sino siempre acudió a firmar en los bancos cada que era necesario.

Las empresas alojan en su existencia gerentes buenos pero también, gerentes regulares y malos. Es muy discutible la afirmación de que en Risaralda no caben hoy dos periódicos. Coexistieron en épocas pasadas cuando la actividad económica era precaria, cómo no coexistir en estos tiempos de mucho más vigor económico.

Para mí, la desaparición de La Tarde obedece a la calidad de gobierno de socios y gerentes que es más costosa, menos eficiente y, sobre todo, menos comprometida que la gerencia de los dueños, de los dolientes. No de otra manera un periódico más pequeño como El Diario del Otún, compra y absorbe a uno más grande como La Tarde. Es economía, es calidad de gobierno.