En la actualidad, las acciones y expresiones de la subjetividad política se han visto reducidas al ejercicio ciudadano del voto, de tal manera que las interacciones sociopolíticas no presentan una lectura más allá de uno los tantos mecanismos de este tipo de participación. Con todo, es importante reconocer un potencial de acción política en la opinión como género periodístico. Vale la pena aclarar que la arista de la opinión pública que se presenta acá corresponde a la del escenario simbólico que permite la visibilización de los discursos que emergen en el género de la opinión.

 

Por: Jefferson Martínez Santa[1]

La vida política de los sujetos o de una comunidad en particular se ve mediada por el acceso a la información que nos permite acercarnos al sinnúmero de realidades en las que estamos inmersos de manera simultánea. A diario nos enfrentamos a una gran diversidad de discursos que buscan mediar las interpretaciones que se tengan sobre un hecho específico y es en esa interacción entre el discurso y los sujetos en la que hallamos, en la opinión como género periodístico, una posibilidad de actuación política.

El plebiscito de refrendación de los acuerdos de paz demostró el más alto porcentaje de abstencionismo electoral en los últimos 22 años en Colombia, superando la cifra de colombianos que no ejercieron su derecho al voto en las elecciones presidenciales del 2014. De los colombianos habilitados para votar, un 62,59 % no se presentaron en las urnas para el caso del plebiscito del 2016, mientras que para el 2014 el abstencionismo electoral representó un 50,93 %.

Las anteriores estadísticas muestran un panorama desolador de la participación política en Colombia; no obstante, la cifra no puede significar que la vida política se reduzca a la formalidad institucional del voto. Es posible considerar que a pesar de la represión a la que se enfrenta la opinión pública en Colombia, se encuentra en ella una gran variedad de expresiones políticas enmarcadas en diferentes formas de ‘pensar’, por no aludir a la carga semántica que suscita el hablar de ideologías.

A pesar de que el plebiscito del 2016 es un tema de poca actualidad por la rapidez con la que nos movemos en el ámbito político, evocar ese suceso nos permite reflexionar sobre un aspecto puntual de la participación política. Incluso, este constituye un punto de partida para pensar el accionar político en una era en la que abundan los reduccionismos a todo nivel.

Esto quiere decir, entonces, que la vida política va más allá del voto. Sin embargo, es de vital relevancia reconocer que la opinión ‘pública’, a pesar de denominarse así, no es tan pública en cuanto responde a los intereses de las hegemonías políticas. Por lo cual, es un escenario de lucha por la libre democratización de las ideas y los discursos en los que se halla el pensamiento político de los opinadores públicos que se enfrentan a la mezquindad de un periodismo polarizado.

En la opinión se ve una posibilidad de acción política, si consideramos que el discurso trasciende sus propias dimensiones lingüísticas y semióticas, bien sea para forjar formas de actuar o pensar. John Langshaw Austin, quien inauguró la teoría de los actos de habla con su libro ‘How to do things with words’, plantea en la palabra un devenir de acción. En ese sentido, el opinar como un acto de habla evoca tres aspectos fundamentales que le dan vida al discurso. El primero consiste en apalabrar o proferir el enunciado (acto locutivo), el segundo se propone darle una intención a lo que se dice (acto ilocutivo o fuerza ilocutiva) y el último busca un efecto/reacción en el interlocutor (acto perlocutivo o efecto perlocutivo).

Por lo tanto, la opinión no queda limitada a lo que el texto construye de por sí en abstracto, sino que se busca, desde la abstracción y el código lingüístico, provocar un efecto en el interlocutor. La opinión en su ideal comunicativo es una provocación a la acción que transforme las realidades que denuncian, en su mayoría, los opinadores públicos.

Para concluir, el considerar la opinión pública como un escenario de defensa por lo público, nos conduce también a considerar que en esta era mediática el opinar es algo que no puede limitarse a su rentabilidad. La opinión es un impulso movido por el interés social; es por eso, que no cualquiera puede ser un ‘opinador público’, pero también es una garantía del ejercicio a la ciudadanía, como lo enunció Jaime Pardo Leal en su denuncia:

Lo que denunciamos es que sean utilizadas desde fuera y desde dentro, las fuerzas armadas, para cumplir una función desestabilizadora, antidemocrática y de iniciación, contra el derecho político que tenemos todos los colombianos de expresar nuestra opinión.

[1] Estudiante de la licenciatura en bilingüismo con énfasis en inglés de la Universidad Tecnológica de Pereira