La televisión no es un inocente espejo de nuestra realidad, detrás del espejo hay intereses que muestran lo que ellos quieren que las masas vean. Los canales privados están adscritos a gigantescos emporios económicos, políticos y religiosos.

LEANDRO TORO

Por: Leandro Toro 

A  propósito de los 60 años de la televisión en Colombia el Canal Caracol realizó una serie de documentales que hacían un recorrido por la historia de este medio, además de un análisis de su impacto en la sociedad colombiana. Pero ¿realmente ha impactado la televisión a la nuestra sociedad? O, lo que es mejor ¿Es la televisión un espejo inocente de nuestra realidad o un modelador de conductas sociales?

Viendo el último capítulo de esta serie de los 60 años de la televisión, me llamó mucho la atención lo que se aseveraba como tesis central: La televisión es el espejo de nuestra sociedad. Productores, actores y académicos defendían este postulado pero tengo que admitir que me entraron mis dudas.

Si bien la televisión es nuestro espejo y sólo muestra lo que en el terreno encuentra como insumo, no hay que ser tan inocentes y es básico asumir que ésta representa, reafirma y crea costumbres y actitudes en los televidentes. Es necesario reflexionar sobre nuestra realidad, pero no se reflexiona de la nada y sin base alguna.

Este proceso requiere acompañamiento por parte de las clases llamadas a reflexionar nuestra sociedad: filósofos y académicos deben abandonar sus tronos en las universidades y bibliotecas para impactar en la sociedad. La televisión no solo es una herramienta para potenciar dichas reflexiones sino que clama a gritos la intervención de todos en su construcción, y no solo de unos pocos empresarios que crean contenidos bajo sus intereses.Captura de pantalla (78)

La televisión no es un inocente espejo de nuestra realidad, detrás del espejo hay intereses que muestran lo que ellos quieren que las masas vean. Los canales privados están adscritos a gigantescos emporios económicos, políticos y religiosos.

Pero los receptores tampoco son inocentes palomas, tienen la mitad de la responsabilidad sobre lo que la misma televisión edifica, se necesita crear criterio en las masas para asumir con ojos críticos lo que por esa caja de luces se nos envía, en resumidas cuentas es un problema educativo.

La televisión desde sus inicios ha retratado la sociedad. Los contenidos que por ella se plasman no son originales de ésta pues ya han existido. Los noticieros televisivos se heredan de los informativos radiales, las telenovelas vienen de las novelas escritas por literatos o radionovelas, los magazines no son más que adaptaciones de audiovisuales de las revistas, y así sucesivamente.

El ejemplo más claro fue Rosario Tijeras que inició su vida en la pluma de Jorge Franco y tuvo gran aclamación, luego se adaptó en el 2005 en la película y fue un éxito total, pero la serie estrenada en 2010 fue ampliamente criticada por sectores de la sociedad por ser una mala influencia.

Entonces el problema no radica en los contenidos sino  en el formato televisivo y su poder para llegar a gran cantidad de público, cosa que no pasa con los libros ni con el cine de manera tan contundente.

Así pues, felices 60 años de la televisión colombiana, no sin antes recordar que es misión de todos procurar un excelente medio de comunicación que enriquezca a nuestra sociedad y no la degrade o aliene.