Estos niños son educados por esa caja mágica llamada televisión, que sin ninguna guía puede resultar perjudicial o mortal, como en los casos de niños que se arrojan de las ventanas al creer que tienen los poderes de Superman, o desarrollan conductas violentas como respuesta a los ejemplos observados…

 

MARCO ANTONIO SUAREZPor: Marco Antonio Suárez Sánchez

Los programas para público infantiles o más bien las caricaturas, son uno de los síntomas de cómo se perciben a estos en los diferentes periodos de la humanidad, desde invención de la imprenta hasta nuestros tiempos. Cabe aclarar que estos han tenido una influencia, y la seguirán teniendo, porque de una u otra forma cambian la percepción del mundo no solo para su público objetivo, si no más aun para sus adultos responsables, que son los que finalmente evalúan y permiten que estos los observen.

Existen casos de un cierto abandono de los niños, debido a que sus padres, por la situación económica actual, deben ausentarse de casa y terminan supliendo la parte afectiva con lo material. Estos niños son educados por esa caja mágica llamada televisión, que sin ninguna guía puede resultar perjudicial o mortal, como en los casos de niños que se arrojan de las ventanas al creer que tienen los poderes de Superman, o desarrollan conductas violentas como respuesta a los ejemplos observados; ahora bien, los shows actuales comprendieron el poder que poseen y la responsabilidad que esto les genera, tratando asuntos más aptos y apropiados para sus espectadores.

Se trabajan de una manera tan excelsa y pulcra los contenidos desarrollados en las series actuales que se podría llegar a afirmar que son para todo público, no solo para el niño que se entretiene con las imágenes vistosas, diseño en sí de los personajes, chistes tontos, o el sin sentido de muchas aventuras que no tienen un razón de ser más allá de la espontaneidad o la imaginación sin segundas intenciones, también tiene la facultad de atrapar a espectadores más experimentados, con argumentos sólidos y entretenidos que permiten generar análisis y preguntas sobre cuál es el mensaje de cada episodio.

La gran mayoría de los niños son anarquistas a cierta edad, pero eso no es nada nuevo, y no se debe a las caricaturas “de hoy en día”. Es un proceso de aprendizaje de los modelos del ciudadano que vivimos todos en nuestra infancia, enfrentarse a las reglas y ser doblegados por ellas, para un buen vivir. La ciudadanía es un ejercicio arbitrario, que se debe aprender, no se da de manera natural, lo natural es hacer lo que nos viene en gana; por otra parte, la “polis”, la participación en una comunidad y después en una sociedad, enseñan valores fundamentales para la convivencia y eso recae mayoritariamente sobre la institución de la familia, y en segunda instancia en la educación que debe tomar a un niño con unos rudimentos de valores y ética instaurados en su hogar y enseñarle como tomar las decisiones en sus dilemas morales.

Estos permiten de manera práctica trabajar muchos de los posibles casos que pueda vivir un hijo, vecino, alumno, etc. Y así entender un poco cómo es la dimensión del niño y su pensamiento libre, en desarrollo y en constante exploración del mundo.

Creo que la responsabilidad de la formación ciudadana, recae sobre el adulto responsable, quien debe poder explicar, de la forma más sencilla, cuáles son los pormenores de ciertas conductas y sus eventuales consecuencias. Comprender que los medios siempre pueden ser una ventaja, es fundamental para desmitificar y desfetichizar los objetos y los dispositivos. Una tableta digital, por mencionar un ejemplo, no hace irresponsable a un niño; ver televisión tampoco, son los lamentables usos que algunos les dan lo que hace peligroso a un medio u objeto; se deben considerar estos cambios inapelables en los modelos educativos e incluirlos. Enseñar a hacer buen uso de la tecnología, los medios y, particularmente, educar televidentes y lectores críticos se presenta como una necesidad imperante.