IAN LOPEZ (NOV 2013)Fuera del trabajo, esa persona con la que usted se ríe, y con la cual se ha sentado por los últimos dos o diez años a almorzar, puede ser una puta, una narcotraficante, una drogadicta, una ninfómana o una adicta al porno. Y no sugiero con esto que se riguricen los controles para los empleados nuevos, sino que quienes manejan la compañía, entiendan que más allá de la oficina, el laboratorio o el quirófano, todos tenemos una vida; que uno sí deja de ser abogado, médico, stripper o payaso en algún momento del día.

 

Por: Ian Lopez*

Cuando uno va a hacerse un chequeo a la E.P.S, donde el médico de familia, esa señora de pasados 50 que se conserva bien y se viste con elegancia, uno no se imagina a esa doctora, con ese apellido hacendoso, sentada con sus dos mejores amigas, un viernes en la noche, fumando marihuana antes de ir al teatro, al cine o a una exposición de arte.

Estuve en un centro de rehabilitación por estos días, y con lo más particular que me encontré es que di con un par de jóvenes rebeldes, después de haber encontrado cincuenta profesionales en distintas áreas: derecho, artes, administración, medicina, economía, etc. Los centros de rehabilitación han dejado de ser una reunión de niñatos inmaduros, para ser una reunión de profesionales y colegas, todos ellos adictos a la marihuana, la heroína, la coca o al éxtasis. Me puse a reflexionar sobre ello, y me doy cuenta que estamos rodeados, todos, de personas que cuando salen de su trabajo son seres totalmente diferentes.

Uno solo los conoce en el ámbito laboral o por su posición en la escala social; pero rara vez sabemos qué hace de sábado a lunes, si es festivo, o de 06:01 pm a 07:59 am, si suponemos que trabaja en horario de oficina. Puede que a las 08:00 pm ese cirujano que le extirpó dos hijos (sí, por cesárea) esté llamando a su proveedor personal para que le traiga algo de droga, o mucha droga; o llama a pedir una acompañante para toda la noche, o un acompañante, o ambas.

Socialmente se tienen unas concepciones de quién es el que fuma el porro y mete la droga: “Un doctor es muy serio, un abogado es un serio, un ingeniero es muy serio” ¿Cuánta gente con la que uno trata en el día a día, por la noche utiliza vibradores, le gusta el bondage, le gusta que le sometan o se pone la ropa de su esposa? Las profesiones son solo títulos otorgados después de los veintitantos; pero lo que uno vivió antes no deja de contar, no deja de ser parte de su personalidad.

El papel de los medios de comunicación ha sido fundamental para ambos procesos, tanto para la concepción del estereotipo del drogadicto, como la asociación con una nueva generación de personas que son cosas que no parecen ser, por las múltiples razones que he expuesto. El cine de los últimos años, mayormente, también ha tratado de mostrar esa realidad humana a la que nos vemos atados, haciéndonos pensar en muestro papel social y en nuestra responsabilidad para con esa imagen que puede servirle de ejemplo a muchos más.

Y al final me duele la cabeza de imaginarme mis compañeros de trabajo, mis ex jefes, mis amigos de la vida, mis vecinos o mis padres; y así, y así, una y otra vez, en espiral, hasta ponerle un bareto incluso a los dibujos animados. Y después de todo, usted, tras pensar en lo que los demás no son con usted, aún seguirá escondiéndonos algo a todos.

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