KEVIN MARÍNPuntualmente, quiero hablar de algo que me resulta entretenido y hasta irónico: la verdad de la literatura. En este momento ya se puede apreciar que consideramos la literatura como todo lo que sale de la cabeza de un escritor y pertenece, por tanto, al plano de la imaginación.

Por: Kevin Marín

Siempre se ha dicho que en literatura todo se debe apreciar como lo que verdaderamente es: literatura. Hay quienes afirman que todo lo que en ella se dice se debe tomar como verdadero y llevarlo a la vida práctica, hay quienes dicen lo contrario porque está basado en historias meramente ficticias, cuyo rasgo esencial no es otro que el de entretener, dependiendo, claro está, de la referencia pública a la que está dirigida la obra.

Yo no sé a quién creerle, pero sé que me da agriera tomar la literatura o los libros como fuentes de enseñanzas místicas o de superación personal. Los libros enseñan, para algunos está claro, y cada uno saca sus propias conclusiones de ellos, o bien, no saca nada porque no enseñan. Y no creo que la literatura sólo deba ser una herramienta pedagógica, sino también una fuente de diversión. También me veo con el derecho de no querer aprender nada de lo que dicen los libros… y así sucesivamente.

Puntualmente, quiero hablar de algo que me resulta entretenido y hasta irónico: la verdad de la literatura. En este momento ya se puede apreciar que consideramos la literatura como todo lo que sale de la cabeza de un escritor y pertenece, por tanto, al plano de la imaginación. Pero, ¿hasta qué punto esa literatura ha podido convertirse en algo real, sentido o palpable?

Dos libros de ciencia ficción que me gustan mucho (creo que los únicos que he leído de ciencia ficción), son Alrededor de la luna, de Julio Verne, y El hombre invisible, de H.G Wells. Para poder llegar al punto que quiero, es necesario escribir un pequeño resumen sobre el primer libro: se llega a organizar todos los preparativos para el nuevo acontecimiento que estará en boga de toda la humanidad; el hombre dominará el Universo, saldrá del planeta Tierra gracias a la noble valentía de varios hombres, entre ellos dos eminentes científicos y un hombre común que sufrirán diversas aventuras.

Hasta este momento estamos hablando de literatura, pero cien años después el hombre verdaderamente llega a la Luna y Verne queda estimado como el Gran Profeta del progreso. Incluso, más que el hecho de llegar a la Luna, Verne logró describir un conjunto de características que tiempo después también quedarían comprobadas: la falta de gravedad, que un objeto lanzado al espacio tiende a seguir sin desviación alguna la nave en la cual están viajando, que una disminución de oxígeno produce hipoxia hipobárica y cause una risible euforia que los deja a todos trambulecos.

Vemos entonces que por medio de las letras inocentes de la diversión y el ocio se pudo llegar a corroborar lo que alguna vez se pensó y de alguna forma sirvió de base para las mentes más visionarias del mundo entero.

Hay quienes dicen que Verne fue brujo (Estados Unidos conquistó el Espacio y dos de los personajes principales del libro son norteamericanos), y hay quienes toman esas curiosidades como casualidades. Yo prefiero esta última; no puedo afirmar que Julio Verne escribiera ese libro sin ánimo alguno por los acontecimientos futuros, pues podemos prever que sentía indiferencia y tan sólo tomaba su libro por lo que era: ficción, y también podemos decir que sabía que tales hechos serían noticia en la posterioridad ya que para la época los conocimientos científicos ya alcanzaban un buen desarrollo. De cualquier modo, esas dos hipótesis son más creíbles y no esconden nada virulento como decir que en realidad era un brujo.

A Wells le pasó todo igual: escribió The War of the air,  donde hablaba de una guerra descomunal entre objetos voladores, nada más y nada menos que aviones, muchísimos años antes de su invención. Sin embargo, otros libros suyos no son hoy una realidad: The War of the Worlds; a menos de que usted crea en la abducción por extraterrestres (aunque eso no lo acredita como servidor de la verdad), y El Hombre invisible, pues aún no hemos llegado a convertir la refracción de una persona en la misma que constituye el aire…

Ni Verne ni Wells recurrieron a falsas promesas del futuro y, al contrario de varios libros que andan por ahí proclamando la moral y las buenas costumbres, no estuvieron anclados a la verdad absoluta que lucha con otra verdad absoluta y se matan y se queman y se golpean, sino que supieron esperar (o por lo menos no quisieron esperar nada) que su sencillez y su literatura fueran una verdad sin pretensiones.

Conclusión 1: la verdad infundada es, al parecer, un atributo de la mera vanidad.

Conclusión 2: cuando me refiero a las cosas que Verne describió y luego serían  comprobadas no digo que en su tiempo tales cosas no fueran ya una verdad o por lo menos una sospecha: Newton vivió muchísimos años antes que Verne. Lo que quiero decir es que él describió con precisión de detalles de los viajes espaciales que tiempo después darían fe de tales características.

Conclusión 3: ¿Cómo te quedó el ojo Nostradamus?