Las gambetas de la memoria

A esta altura del camino uno puede optar por lo más obvio y decir que, a fin de cuentas, es cuestión de gustos, como todo en esta vida. Pero hay más: En realidad, el lugar que les asignamos a los seres y las cosas en nuestro particular patrón de valores tiene relación directa con la memoria individual y colectiva.

Por: Gustavo Colorado Grisales
Apelemos al lugar común y digamos que la discusión es tan vieja como la humanidad: Quién fue más valiente: ¿Aquiles, el de los pies ligeros, o Rolando, paladín del Sacro Imperio Romano? Quién buceó más hondo en las profundidades del alma femenina: ¿Stefan Zweig o Sándor Márai? Quién fue más virtuoso con la pelota: ¿Pelé o Maradona?

De entrada, advierto a los puristas que me censurarán haber incluido en la misma bolsa a dos héroes de leyenda, igual número de novelistas de elevados kilates y dos futbolistas: Para mí, lo que hicieron todos pertenece al terreno inefable de la poesía. Eso los iguala.
Para hilvanar la discusión, alguien dirá que Rolando es un personaje inspirado en “hechos” históricos, mientras Aquiles pertenece al puro universo de la imaginación. Aquí tendríamos tres conceptos, vale decir, tres motivos para debatir por los siglos de los siglos: Hechos, imaginación, inspiración ¿Son más reales entonces los desfiladeros de Roncesvalles que las arenosas playas del proceloso mar de Odiseo?


En el caso de los escritores, algunos afirmarán que es solo cuestión de forma: La manera como Zweig desnuda los pliegues del alma humana difiere de los recursos esgrimidos por Márai para arrojar luz sobre las tinieblas del corazón de los mortales.

Llegados al para muchos más prosaico mundo de los futbolistas, el panorama se torna complejo. Aquí ya empiezan a intervenir los nacionalismos, los estereotipos étnicos, los patrones culturales o la simple corrección política: Pelé es mejor ejemplo que Maradona, sentencian. Pero eso sí, no explican cuándo un deportista asumió el compromiso de dar ejemplo y menos a quienes va dirigido el mismo.

A esta altura del camino uno puede optar por lo más obvio y decir que, a fin de cuentas, es cuestión de gustos, como todo en esta vida. Pero hay más: En realidad, el lugar que les asignamos a los seres y las cosas en nuestro particular patrón de valores tiene relación directa con la memoria individual y colectiva. Una manera de ver el mundo puede hacer que le demos más peso a Rolando frente a Aquiles, por ejemplo. Si la valentía y el estoicismo han sido determinantes en nuestro proceso de formación, la balanza se inclinará del lado del pélida amigo de Patroclo. En caso contrario, si la fe y el fervor son nuestro rasero para medir las cosas tomaremos el partido de Rolando. Puede ser incluso algo peor. Si la xenofobia nos domina, ese prejuicio será determinante: Al fin y al cabo, el héroe de Roncesvalles se hizo célebre por impedir que los infieles, es decir, los sarracenos, pusieran pie en el imperio de Carlomagno.


De la misma manera, al llegar con su propio juego de espejos que todo lo deforman, un lector verá en Zweig una actitud comprensiva frente a la fragilidad de las mujeres de su época, mientras encontrará en Márai una despiadada puesta en cuestión de sus veleidades. O viceversa. Todo depende de la manera como se aproxime a esa forma suprema de conocer la realidad que es el lenguaje de la ficción.


Algo parecido pasa con los futbolistas mencionados. Una historia personal que privilegie el respeto a la autoridad interpretará la insolencia de Maradona como un atentado contra sus valores y por lo tanto será un mal ejemplo para la educación de los jóvenes. El momento inolvidable del argentino regateando a media docena de ingleses o belgas y depositando la pelota como una ofrenda en la red es entonces desterrado de la memoria. Siguiendo esa lógica, los goles de Pelé pasan a ser irrelevantes comparados con el mensaje de superación y buenos modales que conviene a los difusores de los discursos edificantes.

Como pueden ver, no es solo cuestión de gustos o de difusión mediática (Ya sabemos: Zweig no gozó de la publicidad de Márai. Pelé no tuvo la ventaja de la televisión. Rolando… bueno, Rolando tuvo a la Iglesia Católica de su parte). En realidad, todo pasa por esa construcción llamada memoria que nos permite pesar y valorar el mundo con códigos propios. A propósito: Quién fue más valiente: ¿Aquiles o Rolando?