Varias toneladas de pasado nos conmueven
menos que un gramo de futuro.
—Rafael Argullol
Los tiempos son difíciles, pero modernos.
—Proverbio italiano
Yo vengo de una raza que tiene
Una historia pa’ contá
Que rompiendo sus cadenas
Alcanzó la liberta.
—Mary Grueso R.

Por: Gustavo Adolfo Osorio López
La historia, miles de años me son ajenos, y cómo no serlos si están lejos, en el pasado. Recordar las clases de historia es un poco triste, los libros nos resumen siglos en tan pocas páginas, se mutilan tantas vidas ¡Olvido! anestesia de las almas. Dormidos, es un sueño despertar ante la realidad de Colombia, se juega a escondite con los hechos, nunca se encuentran, ¡perdemos! Racismo, masacres, desplazados, guerra, narcotráfico; a todo nos hemos acostumbrado ¡desgracia! Azar quizá, llamar a la puerta del olvido y encontrar una respuesta, aunque no muy concreta. ¡Azar! Así se siente el pasado cuando es leído, se puede preguntar uno tantas cosas, imaginarse tantas otras, pero ¿Qué sería de nosotros si no existiera ese pasado? ¿Cuántas horas de violencia y amor fueron necesarias para que el río fuera alimentándose de millones de afluentes hasta trasladarnos aquí a usted y a mí?[1]¿Violencia? VIOLENCIA, Violencia. Qué importa cómo se escriba, ¡Violencia! De eso parece estar hecho el pasado, no es así, al menos eso espero.
Los vestigios todavía se sienten, raíces que buscan nacer contra la corriente, o la corriente misma es la que las trae, quienes no se dejan llevar se encargan de sacarlas. Discurso y racismo en Colombia. Cinco siglos de invisibilidad y exclusión (Sandra Soler Castillo y Neyla Pardo Abril, Gedisa Editorial, 2007) es un texto que hurga la tierra por raíces, mirada a una problemática que nos acompaña desde hace tanto. Excluidos por el tiempo, a la fuerza los hicieron extranjeros: unos por viajes de muerte ¡solo el agua sabe cuántos lamentos dejaron en el camino, cuántos cuerpos! Los otros por mantenerse firmes en su cultura, por resistirse; los dos viajaron afuera, fuera de su cuerpo, el alma no puede contener tanto dolor, hubiera sido necesario dejarla a un lado, no lo hicieron. Negros[2] e indígenas fueron sometidos por los que todavía hoy celebran la Santa Inquisición, ¿Cuánto sufrimiento es necesario para que se lloren los cuerpos, se recuerden los lamentos? Después de 500 años la situación no es la misma, pero persisten los problemas.
En menos de veinte años los países latinoamericanos pasaron de reivindicar una única lengua, religión y raza como sustento de sus identidades nacionales a reconocer su propia diversidad étnica cultural. Sin embargo, hay una enorme brecha entre el papel y la realidad, pues en Colombia los indígenas y los afrocolombianos constituyen las poblaciones más pobres del país y presentan serios problemas de salud, educación y marginación, y son las principales víctimas de la violencia, producto del enfrentamiento de las diversas fuerzas armadas que actúan en Colombia…[3]
Fue nostálgico leer el texto de Soler y Pardo, aún más, y aquí es donde quiero hacer énfasis, cuando no solo se vive la exclusión en la entrega de elementos básicos para una vida digna, también son excluidos en la forma en que se cuenta su historia, en el discurso de políticos y otros tantos personajes. Aun así, mi enfoque es otro, no tener conciencia histórica es también solo enfocarse en una parte de los hechos. Si realmente queremos aprender de nuestra historia, deberíamos aprender de la cultura y no de la violencia. Con esto no quiero decir que aprender sobre la violencia se deba dejar a un lado, pero he llegado a preguntarme: ¿Cuánto sé de los indígenas y los negros? Se siente un vacío enorme, ¿cuánto sé de mi cultura? Y me he llenado la boca declarando muertes que me duelen en la distancia, debería doler más no saber quiénes somos, con quién nos acompañamos, y hacia dónde nos hemos dirigido. En discurso y racismo en Colombia… las autoras dan una vista a los textos escolares sobre la conquista española, y explican cómo estos han fomentado el racismo y la invisibilidad,gran aporte al entendimiento de nuestra cultura, aunque hay que seguir trabajando.

A veces es necesario salir, mirar cómo los otros luchan con sus problemas; de esa forma también podemos aprender a luchar con los nuestros. Japón por ejemplo, me comentaba un amigo, creo museos sobre la guerra donde se muestra parte de su cultura, las masacres que cometieron y a las que ellos fueron sometidos; una forma de entender que en una guerra no hay un bando bueno. Juan Rulfo comentaba en una entrevista que ya no importaba tanto quien había hecho esto o lo otro si se pretendía buscar a un malo y juzgarlo, importaba el hecho de saber que algo había pasado y no se debía repetir. Hace poco la ganadora del Premio Cervantes Elena Poniatowska habló sobre su vida y como uno de los hechos más importantes dela misma fue aprender sobre tradición mexicana; no de la lengua impuesta, sino de la lengua ancestral, de la que nació en esa tierra. De eso se trata mirar, ver con los ojos del cuerpo sin olvidar los del alma. Colombia se ha visto sumida en una globalización que la ha distanciado de sí misma. Es inconcebible que no se enseñe una lengua tradicional indígena, que se dé más importancia a una lengua extranjera, que a la propia.
La iniciativa al cambio no recae solo en los hombros del gobierno como siempre se piensa, la iniciativa recae también en los hombros del pueblo, quien quiere conocer su pasado no necesita que otro lo traiga, el mismo lo busca; en ese camino encontrara a otros que padecen la misma búsqueda, en ese camino influenciara y será influenciado por la cultura, entonces el pueblo tendera al cambio, sin esperar que otro lo haga por ellos. Cuando el pueblo cambie, su gobierno también será cambiado. La violencia no será entonces el foco de la historia, serán los logros los que se tomen páginas enteras; la esperanza y la fe que tanto se nos ha dicho que dejemos a un lado, harán posible todo esto. Los resentimientos que nos gobiernan también se harán a un lado.La única forma de esperar un mejor futuro es actuando de acuerdo a lo que queremos. El perdón no será algo inalcanzable, será el pan que alimentara el alma, el recuerdo será la bebida que endulzara el cuerpo, y el olvido solo será necesario para alivianar la mente, para dejar el dolor a un lado. La paz, entenderemos entonces, siendo el único derecho y deber digno, ya no será necesario buscarla porque estará en nosotros, como el recuerdo de lo que una vez fuimos y ahora somos.
[1] Visión desde el fondo del mar. Argullol, Rafael. Acantilado, Barcelona, 2010.
[2]Para entender un poco más la utilización de este término mirar Negra oy de Mary Grueso R. http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/antropologia/memoria/memo10h.htm
[3]Tomado del texto mencionado.
Bibliografía
Entrevista a Juan Rulfo:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/a-fondo/juan-rulfo-fondo-1977/980963/
Discurso de Elena Poniatowska:
Crítica de la razón cínica. Sloterdijk, Peter. Ediciones Siruela


