Las universidades están, poco a poco, perdiendo su objetivo de entes del conocimiento y la razón. Hay una diferencia enorme entre la pluralidad y la concepción ridícula de que todo lo que se dice se debe tener en cuenta, o peor aún, enseñar.
Por: Antonio Fuentes Soto
Las universidades, posiblemente, han vuelto a formar parte de su historia inicial: cuando eran manejadas por el clero y se buscaba la implementación de las enseñanzas cristianas en el quehacer, digámoslo así, académico. 1 Aunque ahora las universidades han permitido el brote ostentoso y ridículo de charlatanes en sus claustros y campus universitarios bajo diferentes ramas (religiones disfrazadas de ciencia) que, a pesar de no ser fundamentalmente católicas, se sustentan en otros mitos de igual envergadura y carencia de validez.
Al parecer algunas ideas resultan altamente dañinas para potenciar los bajones en la historia académica de un país. Vemos como el posmodernismo ha violado las puertas de las universidades para corromperlas con su clave mágica de que todo tiene la misma validez (pereza mental, nada más) y haciendo un uso descarado de la libertad de enseñanza, ha barrido con todos los esquemas mínimos del saber científico y de conocimiento general.
La universidad de Caldas lleva promocionando dentro de sus instalaciones un festival de ecoagricultura que promueve el charlatanismo y la pseudociencia de un puñado de personas que, me atrevería a decir, tienen buenas intenciones pero no están solucionando nada.
Su ataque se basa principalmente a los cultivos transgénicos (enmascarados, más bien, en el odio que le tienen a multinacionales como Monsalto)2. Atacar algo que llevamos haciendo hace más de diez mil años es una insensatez sin límite ni contornos. Pensaríamos que los que promueven este festival no tienen mascotas y desean que todos los perros mueran ya que no fueron seres naturales creados por Alá o Buda, sino por el hombre en un proceso llamado selección artificial. Lo mismo sucede con la agricultura: seleccionar lo bueno, cruzar lo que permita mejores rendimientos, resistencias, etcétera. Llevamos miles de años haciéndolo, pero la palabra transgénico suena catastrófica.
Las universidades están, poco a poco, perdiendo su objetivo de entes del conocimiento y la razón. Hay una diferencia enorme entre la pluralidad y la concepción ridícula de que todo lo que se dice se debe tener en cuenta, o peor aún, enseñar. Nadie en su sano juicio permitiría que un profesional que sólo estudió la literatura enseñe en una universidad procesos de formación de rocas, cálculo diferencial o historiografía. Pero suena lindo que charlatanes dibujados de científicos vengan a la universidad a impartir conferencias porque llevan en su alma el secreto de la espiritualidad. El invitado principal del festival fue Srila Gurudeva Maharaj, un gurú alemán que sostiene las tesis teológicas del hinduismo, o más comúnmente, de las enseñanzas del dios azul Khrisna. ¿Tiene sustento que el invitado para un ciclo de conferencias sobre transgénicos sea un monje que profesa las grandilocuentes ideas de una naturaleza rousseana de armonía de la naturaleza y no-violencia (por cierto, inexistente)? Eso es tan absurdo como invitar a William Ospina a hablar de astrofísica.
Además no puede se le puede creer a un hombre que en una conferencia en la ciudad de Pereira dijo, oh sano razonamiento, oh lógica, que “los ateos no son ateos porque si les preguntas si creen en su madre dirán que sí, si les preguntas que creen en su padre, dirán que sí. Entonces no eres ateo” O sea, tan poco es ducho en filología.
Para el ciclo de conferencias se invitó a un grupo de personas del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (ETC), cuya representante fue Silvia Ribeiro que según la misma página de la ETC, es periodista y divulgadora ambiental3, o sea, tampoco tiene formación científica en este campo.
La propia página de la universidad (sin vergüenza, al parecer) publicó que los invitados eran “ecologistas holísticos”4. Una corriente mezclada de hipismo, chamanismo y religión.
La religión ha corrompido tanto nuestra cultura que nos cuesta muchísimo hacer la analogía entre duendismo y cristianismo o brahmanismo. Si miramos bien, nos damos cuenta que ambas posturas son idénticas: principios místicos (el engaño del duende, el castigo de dios) y deidades supremas (el duende, dios) que juntos crean el principio de la fe o la irracionalidad: creer porque sí, porque alguien lo dijo. ¿Por qué somos más propensos a sostenernos bajo el manto de dios y no del duende si ambas creencias son igual de irracionales e ilógicas?
Volviendo al tema, ¿se invitaron biólogos, ecólogos, bioquímicos? ¿No era, pues, un espacio para el debate? ¿Se puede hacer un debate cuando todos los invitados son de la misma camada? La universidad debe volver a su florecimiento, cuando se producía conocimiento real, sustentado en pruebas, alejado de la magia y el posmodernismo rampante del todo vale.
1. Johnson, P. (2000). The Renaissance : a short history. Modern Library chronicles (Modern Library ed.). New York: Modern Library, p. 9.
2 http://lacienciaesbella.blogspot.com/2013/10/ecologismo-y-transgenicos-una-propuesta.html
3 http://www.etcgroup.org/es/users/silvia-ribeiro



