Jhonattan ArredondoGLlegó el mes con todas sus lucecitas. Lucecitas de todos los colores: azules, amarillas, blancas, verdes, rojas. Luces por doquier. Luces en el arbolito gringo, en el pesebre de las lamentaciones, en las casas, edificios, en los postes, apartamentos, en las calles, en los parques, en las fincas, en los colegios, en las escuelitas y hasta en el monte.

 

Por: Jhonattan Arredondo Grisales

Llegó el mes del Niño Dios, de las colonias de hormigas que, hambrientas, transitan desesperadas por las ciudades. Llegó el mes de los “gota a gota”, de los créditos en el banco y en los almacenes. Llegó el mes de las marranadas, de las preocupaciones, del arroz con pollo que no ha de faltar.

 Sí, llegó el mes que los pobres quieren saltar, borrar, escapar. Llegó el mes con todas sus lucecitas. Lucecitas de todos los colores: azules, amarillas, blancas, verdes, rojas. Luces por doquier. Luces en el arbolito gringo, en el pesebre de las lamentaciones, en las casas, edificios, en los postes, apartamentos, en las calles, en los parques, en las fincas, en los colegios, en las escuelitas y hasta en el monte.

Llegó diciembre con toda su tradición, con todas sus costumbres perdidas. Llegó con su natilla y sus buñuelos. Sí señoras y señores, llegó diciembre con sus promociones, con sus ciudades fenicias; esos gangazos que creemos son un regalo. Llegó la ropita, el estrén de la USA, del Ecuador, de la China; de todas partes llegan las vestiduras para ocultar este mestizaje.

-¿Cómo? ¿Qué allá está más barato? ¡Vamos! No desperdiciemos el sueldo, la prima, el préstamo, la platica del gota a gota. Vamos allá donde nos venden a buen precio.

Llegó el mes donde la ciudad se vende, se prostituye, se convierte en un revoltijo, en una bestia hambrienta, insaciable. Y, para colmo de males, llegó el mes de los graduados, es decir, el mes de los nuevos desempleados. Graduados y más graduados por todo el país. Graduados que, aunque felices, tendrán que empezar el año con un destino incierto.

Llegó el mes de los aguinaldos, de los mariachis, de las parrandas vallenatas…Y demás bandas musicales que se dan el gusto extraviado durante el año. Música repetida, infaltable, nostálgica: “Faltan cinco para las doce y el año va a terminar…” Ay, llegó el mes de las lucecitas que con sus parpadeos, parecen traer de vuelta a los recuerdos. Recuerdos de todos los años, de todas las edades, de todos los muertos que reposan en los cementerios. Recuerdos de otros tiempos, de los tiempos de antaño; esa época donde el compartir era un elogio a la vida, al buen vivir, al compartir entre hermanos, amigos, familiares y desconocidos. Todos hacían parte de la misma fiesta, de la misma “celebración”. Ahora es otra cosa, una cosa rara, extraña, mediática. Tiempos manejados, manipulados por la masa del despilfarro. Tiempos para ellos y no para los otros.

Llegó el mes de las novenas, del gordito blanco, de las tiras y bolitas brillantes. Llegó diciembre con sus exageradas decoraciones. Llegó el fin de año con toda su seudocultura, con todo su bullicio y su sentido del humor repitiéndose por las emisoras.

Llegó el mes con sus abrazos, con sus besos, con sus detalles. Llegó con todos los pretextos que nos recuerdan el saber de sentirnos seres humanos.