Ivan Rodrigo GarcíaPor supuesto, en las tomas de imágenes del cerebro, cuando hace una u otras lecturas, se activarán áreas y circuitos correspondientes pero, quizás, diferentes.

Por: Iván Rodrigo García

Veo en la publicación del artículo de Olga Rodríguez Sierra en Tras la cola de la rata, el entusiasmo con esos asuntos de la lectura y la escritura y que también me entusiasmó muy gratamente, pues no es muy común leer en cualquier medio sobre la lectura y la escritura lo que y como lo escribió ella. Por eso y para manifestar mi interés y de ninguna manera para discutir o controvertir, hago algunos comentarios, más con el fin de mostrar mi acuerdo y para provocar que también le demos otras miradas desde nuestros puntos de vista.

En la evolución y selección natural la lectura alfabética es previa, no necesaria pero sí correspondiente a la escritura alfabética (por eso pienso que entrenar a los niños en ambas al mismo tiempo es un contrasentido). Tanto la lectura como la escritura se corresponden con la evolución, selección y desarrollo de áreas cerebrales y circuitos neuronales específicos a partir de utilidades y necesidades específicas.

Un analfabeto es eso, alguien que no sabe leer con los signos del alfabeto, pero no porque no sea lector, es que su cerebro posee y ha desarrollado otros métodos de lectura, por ejemplo, la lectura o las lecturas que se hace de los objetos del lugar donde se está, lectura que a diferencia de la lectura alfabética incorpora todos los sentidos corporales a la atribución de sentidos y significados. Ese tipo de lectura es previo y necesario para el desarrollo de la lectura alfabética.

Por supuesto, en las tomas de imágenes del cerebro, cuando hace una u otras lecturas, se activarán áreas y circuitos correspondientes pero, quizás, diferentes.

Una lectura integral, con todos los sentidos corporales, es la que debiera desarrollarse y enseñarse. Siempre he pensado que aquel que se convierte en lector lo hace porque antes ha sentido el placer y las agonías de todos los sentidos de su cuerpo con aquello que siente y le significa lo que lee. Otros se emocionan y se especializan con otros estímulos, eso que llaman dones o vocaciones.

¿Podrá ser posible lo mismo para la escritura? ¿No podría ser otra forma de escritura no alfabética el cambiar y combinar los objetos del espacio en el que se está, cambiar el paisaje y, como en la escritura alfabética, para dar un nuevo sentido y significado? Es cuestión de métodos y de sistemas articulados.

Si se define la lectura como la construcción de sentidos a partir de los significados que se dan a la integración de elementos varios codificados en algún sistema articulado de letras, números, imágenes, etc., se puede pensar que, en el orden cronológico, la aparición de los códigos escritos o gráficos es muy posterior, sin embargo, la evolución, la selección y el desarrollo cerebral debió ser consecuente. Y, por su parte, la escritura es algo así como el desarrollo de ese mismo proceso pero con el sentido inverso, es decir, escribir desde lo que se siente en la lectura, lo que se siente, imagina y piensa al leer al mundo, a los otros y a sí mismo, para expresar, compartir, comunicar, conservar el recuerdo de lo que es útil y placentero. O como lo dice Baruch Spinoza:

Así pues, queda claro, en virtud de todo esto, que nosotros no intentamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque lo juzguemos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque lo intentamos, queremos, apetecemos y deseamos (Ética demostrada según el orden geométrico, III).

Partiendo del hecho de que una cosa es saber leer y escribir y otra la lectura y la escritura, habría que verificar cuáles son los procesos cerebrales al escribir y al leer, al igual que para la lectura y la escritura, para así mostrar si son diferentes o similares.

El asunto de las multitareas es un asunto que viene incorporado con la evolución del cerebro desde el del más simple gusano hasta el más complejo de los Homo-Humanos. El cerebro es un órgano que realiza infinidad de tareas simultáneas y ordenadas (la homeostasis), la inmensa mayoría ajenas a la conciencia, lo que no se sabe es ¿cuántas puede manejar la mente o la conciencia?; lo que quiera que mente y conciencia sean. Lo cierto es que, a nivel consciente, el cerebro maneja simultáneamente tareas sensoriales, instintivas, apetitos, deseos, emociones, sentimientos, imaginación, pensamiento y quién sabe cuántas acciones físicas, motoras, imaginarias, intelectuales, etc.

Por lo menos, un cerebro puede sentir simultáneamente, tener conciencia de que el cuerpo percibe estímulos con cada uno de los sentidos y luego los procesa acorde con mecanismos establecidos o desarrollados, por ejemplo, procesar emociones o formar recuerdos de lo que se siente en la piel o los colores, la calidez, el peso, los sonidos, sabores, olores, formas, movimientos, en fin, igual que todo lo que se siente y se procesa en tiempo real. Lo asombroso es el recuerdo de todo ello cuando los estímulos ya no afectan. ¿Se podría hablar de lecturas y escrituras?

En todo eso es que la lectura y la escritura -con signos alfabéticos o no- cumple la función de trasformar el cerebro, o como en el título del artículo: cambiar nuestra forma de pensar y yo diría que cambiar muchas otras cosas mayores y mejores. En fin, el punto es saber cómo hacerlo, desarrollarlo, manejarlo y aprovecharlo.

Son sólo algunos rasgos y rasguños para llamar la atención y el entusiasmo, es mucho más lo que se queda pendiente, pues el artículo de Olga Rodríguez Sierra es altamente estimulante.