¿Qué lugar ocupa la poesía en el mundo? María Zambrano, filósofa española, sabe que la poesía se halla en los hombres y mujeres concretos, desde los arrabales, y con la indiscreción que dice lo inusual e incómodo de la vida.

 

Por: Christian Camilo Galeano Benjumea

Tengo en mi teclado un arma.

Pero, si tus ojos o tus oídos no aprietan el gatillo, nunca

será disparada.

Nach.

La adolescencia está marcada por desencuentros, dudas y una rebeldía frente a todo lo impuesto. Mi adolescencia, al igual que la de muchos, giró en torno a un desencanto ante la sociedad, las relaciones con los demás eran un misterio y la vida un gran interrogante.

Los libros, con el tiempo, ampliarían mi visión de la vida y me darían las herramientas para comprender el mundo. Sin embargo, la música fue el primer fuego que avivó mi curiosidad; como la humanidad, pasé primero por la oralidad y luego por la escritura.

En la antigua Grecia los aedos eran hombres que vagaban por las polis recitando poemas de su autoría y acompañados por algún instrumento musical. Podría pensarse que la mayoría de culturas tienen a estos sujetos encargados de contar lo que una cultura es y podría ser. Se hace evidente la aparición de rapsodas, juglares, cantores…personas que hicieron del recitar (cantar) su forma de vida.

En medio de las búsquedas que no parecían tener fin, llegó a mis oídos la música del rapero español Nach, un aedo urbano. El rap, en su momento, fue una respuesta a la rebeldía y una forma de entender la vida. Al dedicarme a escuchar varias canciones, repetirlas una y otra vez con mi pequeño grupo de amigos, cantarlas, hacerlas himnos, ingresamos en esa tradición milenaria que tiene la humanidad de avivar fracasos y esperanzas a través de la música.

Poesía difusa fue el álbum donde comprendí que las historias se narran de una manera particular y la poesía encuentra cabida en un chico problemático o en un cuentacuentos. En medio de la llegada de otros géneros musicales y el desconocimiento de otros artistas, el rap de Nach fue un huracán que destruía para crear.

¿Qué lugar ocupa la poesía en el mundo? María Zambrano, filósofa española, sabe que la poesía se halla en los hombres y mujeres concretos, desde los arrabales, y con la indiscreción que dice lo inusual e incómodo de la vida. La poesía hace evidente las contradicciones, afirma lo que ciertas filosofías y muchas religiones desean borrar, a saber, el caos del ser humano. Al escuchar a este rapero español nos vemos obligados a mirar de frente esta vorágine que llamamos vida.

Es curioso, buscamos encontrar muchas veces consuelo en la música, cuando en realidad lo que nos atrae de una canción es que nos recuerda la fatalidad. Así sucede al escuchar Amor libre, nos damos cuenta de que solemos apostar todas nuestras cartas a un amor que está destinado a no ser. Sin embargo, al escuchar esta canción una y otra vez, no nos arrepentimos, por el contrario, la rapeamos con mayor fuerza.

Nach tiene una gran producción musical, muchos álbumes siguieron a Poesía difusa, de igual o superior calidad, cada quien juzgará. Sin embargo, hablo de las canciones que llegaron en un momento de mi vida y marcaron un horizonte de rebeldía y letras. Estos raps son la oportunidad de zarpar en un barco hacia mares agrestes y difíciles de navegar, pero necesarios si queremos conocer las penurias del ser humano.

De ahí mi sorpresa cuando encontré un libro de poemas de Nach llamado Hambriento. Y caí en la tentación de volver sobre mi pasado juvenil y recordar todas las canciones que cantaba a diario o que intentaba compartir con mis compañeros de grupo que, en su mayoría, no les interesaba conocer algo diferente.

Al abrir el libro en casa y leer los poemas, me doy cuenta que persiste en sus textos aquella rebeldía de siempre, aquel malestar y, al mismo tiempo, esa extraña afirmación de la vida. “Me arde la vida en los nombres que aún no he pronunciado, en aquellas calles que nunca sintieron esta pisada fugaz”. Una vida que se define en muchas ocasiones en lo que no somos y en lugares donde no estamos.

Así, al escuchar las canciones o leer los poemas de Nach se confirma que en realidad no somos nada. “Siempre he sido adúltero de todo, estoy comprometido con la imprudencia. La maldición de amar tanto la vida, la resignación de no poseer nada, ni siquiera a uno mismo”. En realidad, esa parece ser la función del arte, mantenernos en un laberinto sin salida, en una perpetua búsqueda de lo que no se es, para poder ser.

Y al releer los poemas del libro Hambriento, me doy cuenta de que no se pueden ni leer ni recitar, estos textos son para ser rapeados en silencio y soledad.

ccgaleano@utp.edu.co