LEO TOROHoy tenemos la concepción de que una feliz navidad es una navidad donde la casa está más adornada, donde se dan regalos por doquier y de los más finos y donde solo importa tu poder adquisitivo para medir esa ternura y amor que sientes por los tuyos.

Por: Leandro Toro Valencia

En épocas decembrinas un espíritu algo contagioso invade nuestras mentes, nuestras casas y nuestros barrios. Es inevitable darse cuenta de que la navidad ha llegado y con ella el festejo y la alegría de compartir con familia, amigos y conocidos. Es indiscutible que es una época de gozo y felicidad, hasta que dejas la botella a un lado y le echas cabeza fría al asunto. La pólvora, el comercio feroz, las riñas callejeras, la desunión familiar. El panorama de las actuales navidades suele convertirse en desolador, aunque no lo parezca.

Puede sonar muy costumbrista y anticuado, pero hay que admitir que las raíces de la celebración de navidad colombiana se han perdido inmensamente. Atravesamos por un proceso de desarraigo muy evidente tanto en las celebraciones como en los pensamientos de estas épocas festivas.

Atrás quedaron muchas cosas, por ejemplo el arbusto de café adornado con papel aluminio y algodón que decoraba las casas y era tradicional de la cultura colombiana. Atrás va quedando el pesebre que se va viendo relegado por un pino de tierras frías y que se roba ese significado de lo que es la navidad, y ni decir de la comida, ahora tenemos que buscar opciones más americanas como jamón o pavo, y olvidarnos de la fritanga y el todas las partes del cerdo. No es que pretenda desestimar estas nuevas manifestaciones, son muy válidas, pero hay que admitir que estamos olvidando partes importantes de nosotros.

Hoy tenemos la concepción de que una feliz navidad es una navidad donde la casa está más adornada, donde se dan regalos por doquier y de los más finos y donde solo importa tu poder adquisitivo para medir esa ternura y amor que sientes por los tuyos. Olvidamos que navidad es época de reencontrarse, de celebrar en familia, con los amigos y conocidos, de dedicar tiempo de celebración a esos que se lo merecen, sin importar si hay o no para el pavo, si la casa está lo suficientemente decorada y alumbrando o si hay o no dinero para comprar ropa de marca.

Navidad no es lo mismo, hay que aceptar que esta es otra navidad y que es nuestra misión retomar algunas costumbres más colombianas, más nuestras. Reconocer esas raíces y lo que somos, y no lo que el comercio y la publicidad pretenden hacer de nosotros, es la clave para tener una identidad que parte del reconocimiento de mí mismo y de mis costumbres, sin demeritar algunas otras costumbres, pero siempre teniendo el rumbo de eso que es nuestro.