MIGUEL ÁNGEL RUBIO (FINAL 2015)¿De dónde viene esta moda afro determinante? ¿Cuál es el objetivo de estas personas para exigir, casi energúmenos, “a mí no me llame negro, a mi dígame afro”? ¿El llamarles afrodescendientes, por el contrario, no es segmentarlos, y segmentarse ellos mismos más…

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Se ha puesto de moda eso de no poder decirle negros a quienes lo son. Su color de piel es ante todo un color de identidad y distinción en el mundo entero. Pero ellos se han dado en llamar Afros o Afrodescendientes, o Afroamericanos;  decirles negros, ni de fundas, eso es ganarse enemigos de gratis.

Sin embargo, desde la tribuna de esta columna, que a veces olvido y a veces retomo, y que me permite decir lo que se me da la gana, pensado o no, apresurado a veces, en tono de burla o a veces seria, decía, quiero hablar de algo que a mi modo de ver hace parte de una tendencia políticamente correcta, y perteneciente a ese currículo de la lástima que tanto le gusta a los colombianos promedio.

¿De dónde viene esta moda afro determinante? ¿Cuál es el objetivo de estas personas para exigir, casi energúmenos, “a mí no me llame negro, a mi dígame afro”? ¿El llamarles afrodescendientes, por el contrario, no es segmentarlos, y segmentarse ellos mismos más, entre una mayoría bastarda racialmente como lo defendería Faciolince en su columna del 13 de marzo del 2011? “Se dice que Obama, hijo de un africano y una wasp, se define a sí mismo como “negro” a pesar de haber crecido entre su madre y sus abuelos blancos. ¿Qué sería Piedad Córdoba, hija de rubia y negro? ¿Blanca para unas cosas y negra para otras? ¿Qué sería yo, al saber que entre mis antepasados hay blancos, indios, árabes, españoles, judíos, negros y vascos? ¿Un bastardo sin identidad alguna? Pues sí, eso es lo que siempre he querido ser racialmente, y lo que defiendo con orgullo: un bastardo, una chanda, un gozque, un criollo sin raza definida, o mejor, de todas las razas, y afrodescendiente como absolutamente todos los seres humanos que hay en el planeta. ¿Habrá alguien dispuesto a darme un Certificado de Bastardía?”

¿Si le digo negro, le niego sus derechos fundamentales, pero si le digo afro, así no se los garantice, sigan siendo marginados, y sigan siendo aislados geográficamente en guetos territoriales (superables) y culturales (los más lamentables), continuo, si los llamamos así, se sentirán menos excluidos de lo que ya son?

Nadie se parece menos a un Negro africano que un negro del Chocó o de la costa atlántica colombiana. Partimos sí, del hecho de su origen geográfico, de allá vienen, de esa majestuosa África, tan diversa como nuestra América. Sin embargo, todos los que habitamos estas tierras somos hijos de antepasados de afuera. La gran mayoría de apellidos colombianos y latinoamericanos, desde México a la Patagonia, son de origen hispano, y ellos en alguna menor mayoría (perdónenme el oxímoron) se emparentaron con apellidos endógenos de nuestras familias indígenas, y los negros, los llegados del África como esclavos, no fueron la excepción de la regla. Es muy común en Colombia, casi que pasa inadvertido, encontrar personas de raza negra con apellidos hispanos: Mosquera, Palacios, Ceballos, Asprilla, etc, sin que esto los ningunee racialmente y los decolore un poquitico, pero sin que signifique tampoco que son extranjeros en una tierra que los acogió como hijos.

En la famosa serie de televisión Raíces, basada en la novela homónima de Alex Haley, transmitida en el año 1977, se realiza un ejercicio de activación de la memoria histórica altamente poderoso; en esta miniserie, el personaje central Kunta Kinte, se niega a ser llamado como su amo lo quiere llamar, Toby, y su rebeldía le lleva a la pérdida de su pie, lo que simbólicamente significa que su único camino de conexión con  África será la memoria. Esta reseña para decir que no estoy en contra de reconocer nuestro pasado ancestral como ese signo que nos cobija, pero pretender resucitarlo en los mismos términos de entonces es una posición ideológica radical y suicida.

Oyéndolos me pongo a pensar. ¿Puedo entonces reclamar mi legítimo derecho de ser llamado anglo descendiente, tan solo por el hecho remotísimo, de que mi tatarabuelo era inglés? Sin embargo, su apellido original no es hoy el mío, y mucho menos es tan siquiera, una arista de mi sangre, mi piel y mis actitudes ante el mundo. O debería hacerme llamar hispano descendiente, ¿por qué esa es mi lengua? Nunca me he puesto a pensar de donde viene el blanco de mi piel, pero tampoco creo que es puro, ni me interesa, en mi familia, como en casi todas las familias mestizas de Colombia, hay de todo como en botica:, hay blancos de ojos claros, o trigueños de ojos negros, o mulatos, o mestizos con rasgos indígenas, incluso negros, una bastardía racial y cultural que antes de empobrecer, enriquece la idea de encontrar en cada persona un mundo y unos mundos particulares.

¿Esa tendencia de decirles afros a los negros no se les parece mucho a la de cierto líder teutón que reivindicando un remoto origen racial legendario justifico la más sangrienta y horrenda de las guerras mundiales? Cómo justificó Hitler el asunto racial, sino detrás de un interés ególatra de poder y venganza política.

¿Cómo se mide en una persona el grado de pureza racial? ¿Qué es la pureza racial? ¿Es lo mismo ser negro que afro? ¿Puedo ser afro y no ser negro? ¿Se vale un negro nazi?…

Sin embargo, el nivel de radicalismo lingüístico-pigmental de quienes se dicen líderes de organizaciones afro en Colombia, llega a niveles estúpidos. En ámbitos académicos, entre los que me muevo últimamente, casi que está prohibido usar frente a ellos la palabra negro. Eso es como mencionar a Donald Trumph en un congreso marxista. Debido a esto, me he visto  obligado a adoptar las siguientes expresiones, que con la ayuda de amigos expertos en el tema gramatical y lingüístico podríamos sugerir a la RAE (que aprueba cuanta pendejada le piden que apruebe) que  lo acoja como una reforma de “avanzada”

Por ejemplo:

  • Ya no diremos humor negro, sino humor afrodescendiente.
  • Ya no veremos cine en blanco y negro, sino cine en ario y afro
  • Ya no me vestiré de negro en mi grado, sino de afro
  • Ya no diremos ante un problema cualquiera, la veo negra, sino que la cambiaremos por la veo afro
  • Ya las casas no se venderán en obra negra, sino en obra afro.

En fin, y otro sinnúmero de cosas que llevan la palabra negro que tendrán que mutar por razones políticamente y lastimeramente correctas, por aquello de la “inclusión”. No sería mejor que aquellas organizaciones captadoras de recursos públicos y de cooperación internacional, educaran mejor a sus líderes negros, para que administraran mejor sus zonas geográficas, para que se destacaran mejor en el quehacer político, para que dejen de ser mirados tan solo como futbolistas o deportistas, para que reivindiquen el grito de independencia de alguien como Benkos Biojó, líder que parecen olvidar a conveniencia de sus pequeños intereses.

El racismo lo justifica todo para ellos, incluso las condiciones políticas en las que viven en el Chocó, no solo el departamento más pobre de Colombia, sino el más corrupto, y eso que sus líderes son afros. Y no les digo negros pa’ que no se sientan mal.