LUIS CARLOS RAMIREZ LASCARROMachuque verbena, serene matarratón, hierva anamú o suase limonaria o toronjil, sancoche la hiel de  la mojarra con oreja de pescado de Zapatosa.
Por: Luis Carlos Ramírez Lascarro

No queda otra cosa más que el conjuro, el ungüento, el talismán, el bebedizo:

lo mismo en Yotoco que en La Virginia,

en Casabianca o Sutatausa, que en Guamal. De rabo a cabo, ¡hasta la puta mierda!

Busque usted más bien un cartomántico,

un alquimista, un sobandero, un culebrero paisa o un brujo de radio libertá,

pero no busque, ni de vainas, un hospital.

 

Machuque verbena, serene matarratón, hierva anamú o suase limonaria o toronjil, sancoche la hiel de  la mojarra con oreja de pescado de Zapatosa.

Rocíele una pisquita de ñeque y cuento acabao:

Ahí le tengo la contra pal catarro viejo.

Sino le pudo, haga maromas en un solo pie, arrodíllese

frente a un envase de coca – cola y dele cinco vueltas a la plaza en peloto,

pero, ¡ni por el putas! vaya a ir al hospital:

acá también conocemos el todolopuedoso ibuprofeno,

pero pa esa jaqueca preferimos mandarle ron.

Las EPS no saben lo que es un maranguango ni mucho menos una oración.

Apúrele, de todos modos, ¡se nos acaba la promoción!

Si va por esos lados sale pidiendo limosna pa conseguirse las pepitas:

Unas pepitas de mientrastantol.

 

Puede salirle más barato colgar los guayos que pasar por la EPS:

Le facturan hasta el aire y  no le dejan pal arriendo ni la luz.

 

Si se raspa échese saliva de bobo y pa la churria consiga leche de mula negra.

Bamboléese, menéese, tuérzase, recontra tuérzase,

muérdase el codo y cáguese en la puta madre. Lo que sea.

Pero, eso sí, ¡ni puelcarajo! vaya a tener a un hospital.

 

No se vaya a sentar a esperar a que en este país su miseria le importe al Estado.

Duele menos morirse y es más grato.

La muerte no tiene copago ni admite regateo.

 

Siga botando el voto pa que lo sigan güevoniando

mientras va vivando al  partido de la mafia… ¡Viva el libre comercio, carajo!

 

Les presento al brujo Cepeda Samudio, al maestro Jaramillo Escobar,

al vigoroso Escalona, al sabio tartamudo Zuleta,

al doctorísimo Pacheco Anillo, al humanitario Ochoa.

Y a los originales: Leandro Díaz y Pablo Flórez.

Creedles.

¡Lo que ellos no curan no lo cura nadie!

Y no piden más que una visita de cortesía y una copita de inconformismo.

 

Los dueños del comercio quieren matarnos de cualquier forma:

No importa cómo se apelliden ni en que club se burlen de nosotros.

Si las balas no les alcanzan, no se alteran, para eso tienen el diclofenaco.

 

Si cuenta usted con un camellito (que es otra forma de ser esclavo),

cuide bien cada luquita: pueden echarlo, sin previo aviso,

pa no pagarle las prestaciones sociales y seguir siendo grandes señores.

Y antes de esos, no se le olvide, ¡no pase usté por un hospital!

que, si acaso lo atienden,

en vez de sacarle la vesícula terminan sacándole la apéndice.

 

¡Pero deje usté de pagar los aportes!

Todo queda en burocracia, en gastos dudosos, en la untada de la mermelada:

partidas re-partidas que agrian las caras de los disfuncionarios del sistema.

 

¿Va a quejarse con los superiores? Pierda el tiempo, a la larga es suyo.

El ministro ¿De salud? Bogotano, galopando, atrincherado,

en su privadísima oficina de servidor público,

de abullonadas poltronas, finas lámparas y sofisticados esquemas de seguridad,

dedicado a la geometría tramoyista (más efectiva que la cartesiana)

y a la aritmética electoral (esa que mata candidatos y recibe dineros de la mafia)

cuyos axiomas consagrara la suprema componenda del Frente Nacional.

 

Uno, otro de esos tantos que se ferian el país desde hace más de doscientos años.

Uno de esos herederos de su Alteza, que huelen a virrey y ¡nos traen de las pelotas!

Administradores hereditarios de nuestra hambre y desamparo:

Jodedores de la existencia, mañosos, tramposos, ¡embusteros es lo que son!

 

Venga pues donde nosotros que curamos cualquier cosa que tenga cura

y la que no, ¡ahí vamos viendo! Eso sí, tenga por seguro, que no lo vamos a robar.

Venga pues que le damos el secreto pa todos los males en esta retahíla,

que también le repetimos, por si le queda alguna duda:

Ni tres tiras vale este sistemita de salud que nos gastamos, ¡no señor!