En Brasil tenían que frenar las nacionalizaciones, impulsar la venta de las empresas del Estado a los Bancos y empresas extranjeras, y arrodillar el país ante el FMI.
Por: Libardo García Gallego*
En Africa y Oriente Medio hemos visto cómo Estados Unidos, con el respaldo de otras potencias imperialistas, han ejecutado varios golpes militares: en Irak y Libia asesinaron a sus presidentes; en otros, los destituyeron, y en Siria patrocinan las fuerzas terroristas enemigas del gobierno, esperanzados en que lo derroquen pronto. Han justificado los golpes con montajes, como el 11S, la supuesta posesión de bombas atómicas y otras armas destructivas con las que atacarían a USA esos “gobiernos terroristas”.
En América están probando la metodología que algunos denominan blanda, es decir, sin ruido de sables, aprovechando los traidores ambiciosos, la sumisión de la población desinformada más la apelación a leguleyadas y arbitrariedades constitucionales y legales. Empiezan con el desprestigio a los gobernantes, inventan graves delitos, los difunden profusamente hasta convertirlos en “verdades”, convencen a los ignorantes y terminan asestando los golpes electorales o parlamentarios en favor de las oligarquías locales, de las grandes empresas y de las multinacionales con intereses en esos países. Así sucedió con Zelaya en Honduras; con Lugo, en Paraguay; con Kirchner en Argentina; con Dilma, en Brasil. Y ya vienen por Venezuela, Ecuador y Bolivia.
De dientes para afuera los invasores declaran ser defensores de los Derechos Humanos y de la soberanía de los Estados. Pero cuando estos toman medidas en favor de los sectores populares y disminuyen las ganancias de los ricos o cuando nacionalizan algunas empresas en vez de vendérselas, se les acusa de antidemocráticos, corruptos, enemigos del nuevo orden mundial y de las metrópolis, y optan por tumbarlos.
En Paraguay, los terratenientes y los grandes empresarios agrícolas y ganaderos encabezaron el golpe contra Lugo. En Argentina, se ofendió el Imperio porque el gobierno resolvió no pagar los capitales buitre y los industriales y financieros no estaban satisfechos con sus ingresos. En los primeros meses, el gobierno fasci plutócrata de Macri ha despedido y seguirá despidiendo miles de trabajadores, justificando con que ocupaban cargos inútiles, innecesarios. En Brasil tenían que frenar las nacionalizaciones, impulsar la venta de las empresas del Estado a los Bancos y empresas extranjeras, y arrodillar el país ante el FMI. Las burguesías de todos estos países apoyan al unísono las órdenes de Washington.
En Venezuela, montaron la guerra económica mediante el acaparamiento y consecuente escasez de alimentos y artículos de primera necesidad, acusando al gobierno del hambre y las necesidades básicas insatisfechas. Así la ultraderecha de los ricos privilegiados logró ser mayoría en las elecciones para Cámara de Diputados. A fin de frenar las nuevas leyes, contrarias al pueblo, el Gobierno, respaldado por el poder judicial, ha recurrido a malabares de todo tipo tratando de defender la revolución bolivariana, iniciada por Chávez. Todo apunta hacia el triunfo del afán imperialista por recuperar las riquezas mineras de Venezuela, en especial del petróleo, mediante una invasión militar o la manipulación del bullicio traidor antipatriota. Ojalá salga airoso el Movimiento Bolivariano.
Los grandes damnificados con todos estos golpes son los sectores de la base de la pirámide social. Los golpistas, inspirados en el neoliberalismo, no están de acuerdo con pagar salarios dignos, ni con crear empleo para los desocupados, ni con otorgar pensiones a la adultez mayor, ni con los subsidios por motivos varios, ni con extender a toda la población los servicios de educación y salud, ni con nacionalizar empresas. Estas medidas riñen con su visión de la economía que no es otra que enriquecer más a los ricos y empobrecer más a los pobres y feriar cada país entre las multinacionales.
Resumiendo: estos golpistas de nuevo cuño piensan y actúan del mismo modo que la ultraderecha colombiana, dirigida por Uribe: Ley 50, Ley 1OO; venta de Bancafé, Telecom, Ecogas, Granahorrar, electrificadoras de Cundinamarca y Santanderes, entre otras barbaridades. Lo peor es que cuenta con el respaldo de muchos ignorantes.


