Peñalosa: más negocios, menos educación

Peñalosa le hace un daño irreparable a la ciudad: condenar la educación pública, y así el futuro de miles de jóvenes capitalinos, por privilegiar el apetito negociante de unos pocos.

 

Por: Miguel Ángel Muñoz Benavides*

La conclusión a la que se llega estudiando el Plan Educativo de Peñalosa y su balance de gestión, es que la prioridad es favorecer los negocios y no la educación. Se está condenando a Bogotá a seguir la vía de una Colombia subdesarrollada, en la que la educación ocupa un puesto de cenicienta. Si Peñalosa quisiera favorecer el progreso de Bogotá invertiría en una educación de altísima calidad, universal, con condiciones dignas de bienestar y no andaría, por ejemplo, aumentando la tarifa del Transmilenio para asegurarles exorbitantes ganancias a unos pocos por un servicio de pésima calidad.

La propuesta educativa de Peñalosa para los niños de 0 a 5 años es una “Ruta Integral de Primera Infancia” que, de entrada y como está planeada, deja por fuera a 490.378 niños, es decir, 7 de cada 10 de estos menores; dejando en la olla el mandato constitucional de garantizar el “desarrollo armónico e integral” de TODOS los niños. Habría que preguntarle a Peñalosa si dejaría a sus propios hijos sin este ciclo educativo de primerísima importancia.

Desde el siglo pasado se eliminó de los colegios públicos la jornada única, donde a los estudiantes se les ofrecía una formación académica, deportiva y artística durante todo el día. Esto permitía no sólo una formación integral y profunda de los alumnos, si no que facilitaba que los padres pudiesen trabajar tranquilos todo el día. Peñalosa adoptó la política de meternos a los bogotanos gato por liebre. Para evitar implementar una verdadera jornada única está aplicando la “Jornada Extendida” que es extender la jornada un poco más, sin que haga parte del currículo académico, sino siendo  simplemente “uso del tiempo libre” en los colegios. Por otro lado, está forzando a  algunos colegios para implementar a las patadas una supuesta “Jornada Única”: empeorando el hacinamiento, con desmejoría de la situación laboral de los profesores aumentándoles las horas sin una contrapartida salarial e ignorando la alimentación sana de los estudiantes (solo 17 colegios ofrecen comida caliente y, peor aún, se ha disminuido un 3,5% la proporción de estos beneficios).

Peñalosa mantiene la política de privatizar colegios. Primero, aprobó vigencias futuras para mantener por 10 años más los actuales 22 colegios en concesión. Segundo, concesionará 15 más de los nuevos que se construyan. Buscando así reducir el gasto en educación a costa de los maestros, quienes bajo esta fórmula ya no son cobijados por las normas de los estatutos magisteriales que garantizan un poco más sus derechos.

Si hasta ahí llueve, en educación superior no escampa. En Bogotá hay más de 1’300.000 jóvenes sin posibilidades de acceso a la educación superior, apenas 1 de cada 3 están matriculados en alguna institución y la genial propuesta del Alcalde son 10 líneas de endeudamiento para 12.000 personas. La misma política de Santos que sujeta el derecho a la educación a que se adquiera un préstamo y que luego, muy posiblemente, se convierta en una pesadilla impagable.

Se podría pensar que no hay dinero de dónde agarrar, pero lo cierto es que en su Plan Distrital de Desarrollo privilegió a la Movilidad con el 48,58% del total del presupuesto, rubro que en su mayoría se destinará a agigantar el negocio de Transmilenio. El cual se suma a los negocios en la Van der Hammen,  la venta de la ETB, las Alianzas Público Privadas en salud, etc.

Nada menos se podía esperar de un alcalde que miente sobre sus títulos académicos. En vez de hacer el buen negocio para Bogotá que es financiar una educación de calidad para miles de jóvenes, prefiere asegurarle el negocio a una minoría, a costa del sufrimiento de la mayoría. Con justa razón miles de ciudadanos hemos firmado su Revocatoria. Sólo resta que nos organicemos y movilicemos para hacer respetar la Revocatoria y evitar un daño irreparable para Bogotá: condenar la educación pública, y así el futuro de miles de jóvenes capitalinos, por privilegiar el apetito negociante de unos pocos.

* Estudiante de Derecho – Universidad Nacional de Colombia.

@ilmiguelangel